Esclerosis sistemicá

De acuerdo con Boehringer Click, la esclerodermia, también conocida como esclerosis sistémica, es una enfermedad autoinmune crónica en la que el colágeno está alterado. Esto hace que la piel sé esclera, o se endurezca, así como los posibles órganos dañados.

Sintomas

La piel es el tejido más comúnmente dañado y, dependiendo de la gravedad, se clasifica como esclerosis sistémica difusa o limitada. También pueden producirse daños en otros órganos como el corazón, los riñones, los pulmones y el sistema digestivo.

Evolución

Dependiendo del nivel de afectación, la progresión de la enfermedad puede ser más o menos rápida. Hay ciertos pacientes cuyos problemas pueden ser graves y comunes, y hay otros cuya progresión es mucho más benigna. Los efectos secundarios más frecuentes suelen estar relacionados con la piel, como el cambio de color de las manos (dedos blancos como la cera, morados o rojizos), que suele producirse por la exposición al frío, o la aparición de incómodas úlceras en las yemas de los dedos. Otros síntomas comunes, como la dificultad para tragar, el reflujo después de las comidas y la dificultad para respirar con un esfuerzo moderado, indican una posible enfermedad de otros órganos.

Prevalencia

Una de cada 50.000 personas se ve afectada por esta enfermedad poco común, cuya causa es desconocida. Puede manifestarse a cualquier edad, aunque las mujeres de mediana edad son más propensas a padecerla. Se sabe que su prevalencia aumenta en poblaciones expuestas a determinadas sustancias nocivas (como el tabaco), y que elementos como el estrés extremo, la exposición al frío y algunos medicamentos pueden contribuir a agravar los síntomas.

Diagnóstico

El reumatólogo realizará un examen físico completo, que incluye un informe de los síntomas, una exploración de la piel y un examen general. Siempre se realizan procedimientos complementarios como una analítica y una radiografía de tórax, así como otras pruebas digestivas o cardiorrespiratorias. Estas pruebas sirven para clasificar con mayor precisión la enfermedad y determinar su gravedad y alcance en órganos concretos, aunque no son estrictamente necesarias para realizar el diagnóstico de esclerosis sistémica.

Una vez completados estos estudios, la esclerodermia puede dividirse en varios subtipos, y el reumatólogo puede prever la evolución de la enfermedad y las complicaciones más probables. En consecuencia, el paciente debe someterse a controles periódicos para detectar y tratar las complicaciones de forma precoz.

Tratamiento 

El pronóstico y la gravedad de la esclerodermia pueden variar mucho según recibas o no el tratamiento adecuado. Por el momento, no existen medicamentos ni otros tipos de tratamiento que puedan tratar eficazmente la enfermedad, pero sí muchos de sus síntomas y complicaciones. El reumatólogo evaluará y prescribirá cada caso en particular.



Conmoción Cerebral

Un tipo específico de lesión cerebral es la conmoción cerebral. Supone una pérdida momentánea de la actividad cerebral regular. Ocurre cuando la cabeza se mueve erráticamente de un lado a otro tras recibir un golpe en la cabeza o el cuerpo. El cerebro puede chocar contra el cráneo como resultado de este rápido movimiento. En algunos casos, también puede dañar el tejido cerebral.

Las conmociones cerebrales se denominan ocasionalmente lesiones cerebrales "menores". Es crucial darte cuenta de que las conmociones cerebrales pueden ser importantes, aunque no pongan en peligro tu vida.

Un tipo común de una lesión deportiva son las conmociones cerebrales. Otras causas son los traumatismos cerebrales provocados por golpes, caídas y golpes en la cabeza contra el suelo, sacudidas fuertes o accidentes de tráfico. A veces los síntomas no aparecen de inmediato. El dolor de cuello o de cabeza son ejemplos de síntomas. Además, puedes tener fatiga, pitidos en los oídos, náuseas o mareos. Después de la lesión, es posible que te sientas mareado o indispuesto durante unos días o semanas. Consulta a un profesional médico si alguno de tus síntomas empeora o se agrava, por ejemplo:

  • Convulsiones.
  • Vómitos o náuseas frecuentes.
  • Confusión.
  • Dificultad para hablar.
  • Pérdida del conocimiento.
  • Somnolencia, dificultad para dormir o moverte.
  • Dolor de cabeza no se calma y empieza a empeorar.
  • Inestabilidad, entumecimiento o pérdida de coordinación.

Tu médico te examinará e indagará sobre tu lesión para determinar si has sufrido una conmoción cerebral. Probablemente, se te realizará un examen neurológico para evaluar tus reflejos, tu equilibrio, tu visión y tu equilibrio. En algunas circunstancias, es posible que se te realice un escáner cerebral, como un TAC o una resonancia magnética. Este examen puede comprobar si hay síntomas de hemorragia o edema cerebral, así como fracturas de cráneo (fisura craneal).