La espera en el pasillo

02 Julio, 2009
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Betsy Castellanos
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Escrutinio No. 28

[center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/uczlfjs.jpg[/img][/center] [center][i]Pasillo[/i] de Filosofía [/center] Un mes ha transcurrido desde el asesinato del presunto narcomenudista Ricardo Eduardo Valderrama de la Rosa en las inmediaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (FFL) y la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Luego de este acontecimiento, integrantes de la Unión de Libreros y Artesanos (ULIBARTE) fueron desalojados de ese espacio que, desde hace 20 años, es su lugar de trabajo. En entrevista con [i]Escrutinio[/i], cuatro miembros de ULIBARTE describen la forma en la que durante ese tiempo han “tocado puertas” y la situación por la que están atravesando. ULIBARTE se conformó como grupo hace quince años, cuando sus integrantes pasaban por una situación similar, sin embargo, algunos de sus miembros llevan más de 20 años vendiendo artículos como libros, música, películas, software, alimentos y artesanías en lo que se conoce como el [i]pasillo[/i] de Filosofía. Desde 1994, año en que intentaron ser desalojados, esta organización inició una serie de trámites ante distintas instancias de la UNAM para regular su actividad comercial dentro de esta institución. Todos los requisitos que solicitó la entidad encargada de la regulación, la Dirección General de Patrimonio Universitario (DGPU), tales como un padrón, el giro comercial y el espacio físico en el que se trabajaría, fueron presentados, como narra Adán Dante Mendoza, integrante de ULIBARTE. Sin embargo, no hubo respuesta alguna. Luego de un primer intento de entrar en la normatividad de la Universidad, la organización ha entregado año con año la documentación, tanto a la DGPU, como a la FFL, la Biblioteca Central, la Dirección General de Protección a la Comunidad (ahora Dirección General de Servicios Generales) y a los distintos rectores que han estado a cargo de la Máxima Casa de Estudios, entre ellos José Sarukhan, Francisco Barnés, Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles. Luego de una serie de entrevistas con el ex director de la DGPU, Antonio Martínez, se estableció que en el próximo proceso de regularización quedarían integrados los miembros de la ULIBARTE, pero eso no sucedió. “Llegamos y nos cerraron la puerta, y nunca más se vuelve a abrir”, asegura Dante Mendoza. “Le enviamos una carta a la actual directora, Ascensión Morales, donde le decimos que aquí estamos, damos nuestros antecedentes y nuestro problema, y queremos regularizarnos, pero la puerta siguió cerrada”, continúa. En los [i]Lineamientos Generales para evitar el comercio dentro de la UNAM[/i] ([i]Gaceta[/i], 8 de diciembre de 2008), según Dante Mendoza, “se marcan ya unas pautas para regular el comercio, pero habla de comerciantes que están llegando o que pretenden llegar a la Universidad, nunca se habla de los que ya están”. A raíz del desalojo, según Dante Mendoza, las autoridades manifestaron un desconocimiento de la organización del comercio informal en esa zona, pues no diferenciaban entre la ULIBARTE, que delimita su área de trabajo hasta la entrada a la FFL, y el resto de los comerciantes que ocupan el [i]pasillo[/i] hasta el Auditorio Justo Sierra, mejor conocido como Che Guevara. Aunque el homicidio de Valderrama de la Rosa ya fue aclarado y, tanto la FFL, la UNAM y la ULIBARTE se han deslindado del acontecimiento, aún no se les ha permitido a los vendedores volver a su área de trabajo. Jorge Díaz, integrante de la ULIBARTE, considera que las medidas a las que están siendo sujetos son arbitrarias, “sentimos que es injusto”, dice, “aquí hay mucha gente que trabaja, que tiene más de 20 años haciéndolo y que su único [i]modus vivendi[/i] es éste. Si de pronto se les cierra la puerta, ¿a esa gente a dónde la mandas?”. Para Héctor Hernández Macías, artesano desde hace 30 años, su actividad es “una forma de vida, una opción ante la falta de empleo, por eso, sí nos afecta mucho esta situación, porque aquí se aprecia este tipo de trabajo”. Por su parte, Alfredo Guzmán, también artesano, considera: “nuestra economía no es ajena a los salarios que ganamos”. “Poseemos las pruebas de que hemos tenido la voluntad de querer integrarnos a un proceso regularizador”, asegura Díaz, mientras señala la serie de documentos entre los cuales se encuentra el padrón y las múltiples cartas dirigidas a diversas instancias y funcionarios. Repite lo que dijo en una reciente reunión con las autoridades: “esto no existiría si no hubiera un mercado, una demanda”. “Nos estamos yendo por la vía legal, como lo hemos hecho todos estos años”, continúa Díaz, y asegura: “esto apuesta quizás a un desgaste. Venimos de la recesión, de la influenza, la caída del comercio a nivel general. Esta situación se está prolongando y a muchos de nosotros, que no tenemos otra forma de obtener recursos, nos está afectando”. La ULIBARTE ha tratado de mantener un control, en la medida de lo posible, de su área de trabajo, como asegura Dante Mendoza, pues luego de la huelga de 1999, y con la posterior toma del auditorio Justo Sierra, el comercio aumentó. La organización establece una clara diferenciación del resto de los comerciantes mediante el control de su padrón, mismo que consta de 30 personas y 5 espacios para invitados que suelen ser ocupados por comunidades indígenas, estudiantes o de manera individual por artesanos. Ahora los miembros de la organización le apuestan a mantener informada a la comunidad universitaria y se encuentran a expensas de los pasos que dicte la DGPU, luego de que al día posterior del crimen, 3 de junio, se les prohibiera llevar a cabo sus actividades, “no se nos explica realmente cuál es el motivo, únicamente pegan una hoja donde dice que está prohibido vender porque no se cumple con el reglamento”, afirma Dante Mendoza. La FFL, según Díaz, planeaba llevar a cabo una consulta entre su comunidad para saber cuáles de los productos que se venden en su [i]pasillo[/i] son importantes, como punto de referencia para la regularización. Ante ello, la ULIBARTE manifestó, mediante un documento, su intención de participar en la consulta, pero la respuesta no llegó. La ULIBARTE sigue a la espera, luego de una confusión que surgió a partir de una nota publicada en [i]La Jornada[/i] el 28 de junio, en la que se aseguraba que las autoridades de la UNAM reubicarían a los comerciantes del [i]pasillo[/i] de la FFL y que se construirían espacios para ello. También se aseguraba que la DGPU ampliaría los giros, y además de alimentos y papelería, se incluirían artesanías, libros y ropa, mismos que formarían parte de la regularización. Cuando los miembros de la ULIBARTE acudieron a la DGPU para corroborar la información, la instancia negó las declaraciones. Luego de los acontecimientos, la evaluación que los integrantes de la ULIBARTE hicieron, en voz de Dante Mendoza, es que lo ocurrido el 2 de junio “es una cuestión de inseguridad dentro de la Universidad que no tiene nada que ver con nosotros, porque si tuviera algo que ver sería absurdo que diéramos año tras año un padrón”. “Tuvimos la mala suerte de que fue aquí, pero eso no justifica el que nos dejen sin trabajar”, afirma el miembro de la ULIBARTE. La organización comercial entregó a rectoría un comunicado en el que aclara el contenido de la nota publicada en [i]La Jornada[/i], donde también piden al rector, José Narro, la reanudación de sus actividades y la regulación de éstas. Respecto a las expectativas, Dante Mendoza asegura: “con el trato que nos ha dado en todos estos años, no podríamos esperar nada de buena fe de los funcionarios, sin embargo, estamos otorgando un voto de confianza”. Por su lado, Díaz asegura: “estamos actuando de buena fe y somos optimistas. La estamos pasando difícil, ya es un mes, más todo lo atrasado. Pero de nuestra parte hay voluntad”. Para mantener informada a la comunidad universitaria, ULIBARTE pone a su disposición su blog: http://ulibarte.blogia.com/

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