Ciencia sin alegría

18 Junio, 2009
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Erick Steve Vilchis

Cuando se es niño, el juego es uno de los pasatiempos favoritos: se corre sin pausas; se brinca sin miedo a romperse un hueso o rasparse la piel; se vive y se ríe hasta el cansancio intangible.

Lo único que logra detener a un infante, es no tener respuestas a sus preguntas: ¿cómo se creó el universo?, ¿los animales piensan?, ¿por qué no puedo volar? Éstas son tan sólo unas de las tantas cuestiones que se tienen durante el crecimiento humano.

En la mayoría de los casos toda resolución se cierra en una respuesta dogmática: Yo no sé, todo es obra de Dios, hijito.

En un debate entorno a las ciencias de la salud, Juan Ramón de la Fuente, (ex rector de la UNAM); Francisco Bolívar Zapata, (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica); Luis Herrera Estrella, (el inventor de las plantas transgénicas); Carlos Beyer, (Premio Nacional de Ciencias y Artes) y Juan Pedro Laclette (Presidente de la Academia Mexicana de Ciencias AMC), como moderador, descifran sobre cómo hacer ciencia es jugar con el tiempo, aventarte al vacío e intentar salir vivo de la cápsula de oxígeno.

Todos los investigadores reconocidos mundialmente, personas comprometidas con su trabajo, con las ciencias. Sin embargo estos mismos científicos, no son capaces de verse a los ojos en la mesa central que anida el Polyforum Cultural Siqueiros.

Analizan, rememoran y resaltan con sutileza su labor científica; mientras son medidos a cuerda ajustada del cuello por el velador del insomnio, quien en su papel burócrata se asume neutral, silencioso y cuantificador.

La comunidad científica que asiste al evento es de cuello apretado y mira al ajeno que usa mezclilla, como un ser incompetente para la comprensión del por qué y el cómo de la vida.

Todo cuestionamiento es transmitido por medio de papel, jamás reciclado y llevado en manos de prototipos de mujeres estéticamente ardientes: falda ajustada, estatura de más de 1. 70 cm, y caras amigables, siempre sonrientes ante la indiferencia con que los presentes anuncian la llegada de un nuevo quisquilleo mental, del gamborimbo atorado en sus glúteos, de la lucidez con que demuestran su carente humildad.

Bocadillos transportados en charolas parangón de plata, adornan la ciencia en México. Vino tinto y blanco extrañan el verde patriótico de la nación. Murales de Siqueiros son admirados por muchos y cuestionados por pocos. Así al igual que en las artes, la ciencia se muestra hoy, desnuda, carente de sentido del humor.

Comienza a nutrirse la nación de envidias científicas y falta de colaboración, de búsquedas por espacios políticos y asientos de buen confort. Juan Ramón siempre sonriente, se acerca con los universitarios para destacar su gracia, sabiendo pocos a ciencia cierta que su intención o de menos de algunos dirigentes políticos amarillos por epidemia de poder, es postularlo para la siguiente elección.

Por esto y muchas cosas más, es que admiro día con día la creación didáctica con la que te puedes divertir de pequeño, jugando al gran investigador. Sonriendo e imaginando que puedes crear tu propio mundo, que te puedes reinventar a pesar de que el tiempo se te viene encima, de que no conoces las guerras, ni mucho menos el odio y el amor.

Que no se juega con ambiciones, ni a merced de una empresa o sector gubernamental. La imposibilidad del hombre para explicar su existencia en el universo va más allá de toda especulación sobre los objetos con los que se rodea.

En realidad el ser humano durante toda su vida se preguntará el por qué y todas las posibles derivaciones interrogantes sobre él y sobre la naturaleza de las cosas.

El génesis, hablando meramente de cuestiones científicas, no tiene una verdadera teoría que la respalde, la ciencia es un libro que se reescribe día con día. Durante la niñez se tiene en algunos hogares, la posibilidad de jugar al científico: tomas la probeta, le echas polvos mágicos y ¡paf!, te llenas de alegría.

Ángel Algara de Azcue, en el año de 1937 funda "los juguetes mi alegría". Jerónimo Rangel, Miembro del Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno de la UNAM, un biólogo del Programa de Genética Molecular de Plásmidos Bacterianos, es ahora gerente de mercadotecnia de dicha empresa juguetera, sin embargo, para él la ciencia no fue selectiva: "Todos mis amigos de la Facultad tuvieron por lo menos un juego de química o un microscopio”, menciona el ahora doctor.

Lo importante de una niñez, es que aprendes jugando; la belleza de la juventud, es llorar por la madurez y la incredulidad de la vejez, es confiarse los secretos a unos pocos, hacia sí mismo también.

La ciencia en México ya no es un secreto, ni un rumor de boca en boca, se ha convertido en un espejo en el que se mira la ciencia misma, sin empatía, ni alegría.

Su majestad… El chisme

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