México, un país que discrimina.

21 Febrero, 2012
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Perla Sánchez Domínguez
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Escrutinio No. 83

La discriminación se puede definir como toda distinción, sin causa racionalmente justificable, que causa un daño y perjuicio a una persona en la esfera de su dignidad.[1]Tal situación,niega el ejercicio igualitario de libertades, derechos y oportunidades a cualquier persona; la excluye y la pone en desventaja para desarrollar de forma plena su vida; la coloca, además, en una situación de alta vulnerabilidad. Esa desventaja sistemática, injusta e inmerecida, provoca que quienes la padecen sean cada vez más susceptibles a ver violados sus derechos en el futuro.[2]

En nuestro país se tiene la idea generalizada de que la discriminación es de baja intensidad, sin embargo los resultados que la Encuesta Nacional sobre discriminación en México 2010, realizada en conjunto por el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir y erradicar la Discriminación), y el IIJ (Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM), dan muestra de lo contrario y reflejan el comportamiento de los mexicanos hacia las minorías de la sociedad vulnerable.

Por ejemplo, la encuesta revela que seis de cada diez personas consideran que el factor que más divide a la sociedad es la riqueza, así, el 20 por ciento de la población encuestada[3] señala que ha sido discriminada mayoritariamente por no tener dinero, 20.2 por ciento por su apariencia física y el 19.8 por ciento por su edad.

Sin embargo, estas no son las únicas razones por las cuales se discrimina, el género, la edad, la discapacidad, la migración, la nacionalidad, preferencias sexuales, la religión, son factores que agravan el problema de la desigualdad y la discriminación.

La discriminación se basa en la manifestación de juicios de valor que tienden a descalificar todo aquello que desde el punto de vista de los estereotipos es “diferente”.

Así, por ejemplo la discriminación en virtud del color de la piel, es un tema que afecta a muchas naciones del planeta y México no es la excepción, ya que el tono de piel oscuro o bronce suele relacionarse a la pobreza, marginación y fealdad. Sin embargo, resulta irónico, ya que el color de piel bronceada es predominante en la mayoría de los mexicanos.

La discriminación resulta ser el reflejo de la diversidad de condiciones de vida de los mexicanos; producto de la inequidad de la riqueza, la desigualdad de oportunidades, el subdesarrollo y el machismo, elementos que han gestado prácticas discriminatorias de fuerte arraigo en nuestra sociedad, específicamente hacia los grupos más vulnerables como lo son, los indígenas, las mujeres, personas con orientación sexual distinta a la heterosexual, niños, portadores de VIH, adultos, mayores, personas con discapacidad, minorías religiosas, entre otros.

El lenguaje que utilizamos suele estar plagado de términos que discriminan: “Indio”, “naco”, “vieja”, “escuincle”, “invalido”, “pordiosero”, “ruco”, “puto”, “maricón”, “jodido”, “delincuente”, son términos que se utilizan constantemente para insultar, sobajar, y atentar contra la dignidad de las personas, en perjuicio del ejercicio de sus derechos fundamentales.

En el tema de la homosexualidad, no hay mucho que comprobar, ya que la sociedad mexicana ha sido educada con base en principios y moral católica que condenan severamente los actos homosexuales en los humanos, marginando por años a quienes tienen preferencias por personas de su mismo sexo.

Sin embargo, en una sociedad democrática basada en la dignidad, pero también en la libertad, se han de erradicar las expresiones del lenguaje del odio en todas sus variante, toda vez que la discriminación y la intolerancia suelen constituir la base de otras violaciones de derechos humanos e incluso derivar en situaciones de violencia contra los grupos de personas que hemos mencionado como tradicionalmente vulnerables. Por ejemplo, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará“,) reconoce expresamente la estrecha relación entre la violencia de género y la discriminación, ya que éste tipo de violencia es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre los hombres y las mujeres.[4]

El desarrollo democrático y el fomento del Estado de Derecho constituyen premisas fundamentales para erradicar todo tipo de discriminación y la exclusión. La única herramienta efectiva para combatir la discriminación, la encontraremos en la educación con perspectiva de derechos humanos. El fomento por el respeto de éstos, ayudará a visibilizar el problema de la discriminación, que se da en dos niveles, entre el ciudadano y el Estado; el cuál sea más fácil de identificar y sancionar, pero sobre todo se da entre personas, entre los ciudadanos, en virtud de la cultura que nos envuelve y que está marcada por una fuerte tendencia hacia la discriminación.

De ahí la importancia de desde la educación en todos los ámbitos, se promueva el respeto y tolerancia por la diversidad, y con ello garantizar el pleno ejercicio de nuestros derechos humanos, en el marco de una vida democrática.

Es cierto que el Estado Mexicano ha avanzado en sus compromisos internacionales y en la incorporación de estándares internacionales para garantizar la igualdad;  sin embargo, el avance es a pasos lentos para que México sea un país que no discrimina y tolerante a las diferencias. Asumamos el compromiso como nuestro, empieza por no discriminar tú, pues seguramente alguna vez has sido víctima de éste problema, nadie se escapa. No seamos más un país que discrimina.

 

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[1]
Véase Rodriguez Zepeda, Jesús, El concepto de discriminación, Concejo Nacional para prevenir la discriminación, 2005.

[2] Consejo Nacional para prevenir y eliminar la discriminación. Encuesta Nacional sobre discriminación en México, 2010.

[3] Las entrevistas fueron hechas, del 14 de octubre al 23 de noviembre de 2010, en 13 mil 751 hogares y revelan las percepciones de 52 mil 95 personas.

 

[4] Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. Preámbulo

 

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