Anónimos

24 Noviembre, 2011
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Escrutinio No. 79

*Roberto Israel Rodríguez Soriano

Comienzo con la siguiente cita: “… no permitimos que los muertos se levanten contra nosotros. Por tanto, debes perder toda esperanza de que la posteridad te reivindique, Winston. La posteridad no sabrá nada de ti. Desaparecerás por completo de la corriente histórica. Te disolveremos en la esfera, por decirlo así. De ti no quedará nada: ni tu nombre en un papel, ni tu recuerdo en un ser vivo. Quedarás aniquilado tanto en el pretérito como en el futuro. No habrás existido”.

La cita pertenece a la ¿novela futurista? 1984 de George Orwell. El Estado totalitario, auspiciado por un ideal igualmente totalitario, con su infinito número apéndices controla todo; controla la vida, la muerte y la historia. Una entidad deshumanizada que se erige sobre su propio pasado, su propio presente y sobre su propio futuro. Controlar la historia no es sólo controlar el pasado, sino que es también controlar el presente y el futuro. La historia, construida desde la artificialidad que implica por sí misma la construcción motivada por intereses particulares. La construcción y la reconstrucción históricas son producto de las relaciones de poder inherentes a las relaciones humanas. Es decir, en este sentido la forma en que la historia se concibe depende de la forma en que cierto grupo humano se concibe a sí mismo, y a los demás grupos humanos. Es decir, en su relación de dominio con los demás humanos.

La forma en que las sociedades modernas, occidentales, concebimos la historia es lineal. Una línea que se prolonga hacia adelante con la pretensión de alcanzar el progreso; con la idea evolutiva del mejoramiento y de la perfección.

 

Fue el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel uno de los máximos representantes de la concepción de la historia progresiva dialéctica. Una concepción de la historia que quiere encumbrar a la razón humana a través de un desarrollo dialéctico en el dominio del tiempo y de la existencia. Una concepción temporal-histórica en la que el presente es originado por la superación del pasado a través de una negación dialéctica con la pretensión de alcanzar el futuro.

En la concepción hegeliana de la historia, ésta se rige por el automovimiento del concepto, en el que los humanos son manipulados por el mismo concepto, y que se vale de ellos para conseguir sus fines. Y ellos, que están inmersos en el proceso “no tienen la menor conciencia de cuáles son las fuerzas realmente actuantes”. En este sentido, la acción de los humanos carece de conciencia. Ellos hacen la historia, pero no saben la historia que hacen.[1] Es decir de acuerdo con esta idea de la historia, los humanos están en la historia pero no saben de qué manera participan de ella.

¿Qué implicaciones tiene esto? Esta concepción de la historia supone que la humanidad se mueve con dirección al progreso, al “saber absoluto”, un fin que se yergue sobre los humanos. Los humanos, su individualidad, se pierden en la historia, en la finalidad que implica el progreso.

La historia, la vida humana en la historia, es regida por las ideas, por los conceptos que constituyen en un mundo ideal que es y que debe ser. Un mundo ideal que se instituye a partir de un ideal cultural, un ideal político, un ideal religioso, un ideal jurídico, un ideal económico, un ideal tecnológico e en un ideal biológico. Y que además es, en su cualidad ideal, universal y totalizador. Una idea de progreso que se construye con base en la interpretación de la base material del modelo económico capitalista. Los humanos son dispensables y sólo constituyen medios en la teleología de la historia.

 

La idea del progreso se convierte en un dogma de manera que se coloca como objetivo de la humanidad. Uno de los objetivos del progreso es la dominación de la naturaleza y en esta pretensión el humano imita a la naturaleza.[2] Lo que hace que el humano sea tratado como naturaleza en una estrategia darwiniana. Se confunde el progreso con los avances tecnológico y científico de manera que éstos desplazan a la humanidad.

Otra de las consecuencias que trae consigo la idea del progreso tiene que ver con el sometimiento del humano a la producción. El progreso se asume como abundancia productiva y abundancia de capital. Se asume como la dominación de la naturaleza; como la eliminación de todo tipo de carencias; como el bienestar pleno de la especie humana.

Pero el progreso tiene sus víctimas. Debe haber quienes soporten sobre sí el “avance”, la tecnología, la bonanza, pero sólo para unos cuantos.

Decían KarlMarx y Friedrich Engels en La ideología alemanasobre la historia humana:  

 

La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente la existencia de individuos vivientes. El primer estadode hecho comparable es, por tanto, la organización corpórea de estos individuos y, como consecuencia de ello, sus comportamientos hacia el resto de la naturaleza. (…) Toda historiografía tiene necesariamente que partir de estosfundamentos naturales y de la modificación que experimentan  en  el curso  de  la historia por acción de los hombres.

Podemos distinguir al hombre de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el hombre mismo se diferencia de lo animales a partir del momento en que comienzaa producir sus medios de vida, paso que se halla condicionado por su organización corpórea. Al producir sus medos de  vida, el hombre produce indirectamentesu propia vida material.

El modo como los hombres producen sus medios de vida dependen, ante todo, de la naturaleza misma de los medios de vida con que se encuentran y que se trata de reproducir. Este modo de producción no debe considerarse solamente en cuanto es la reproducción de laexistencia física de los individuos. (…) Lo que los individuos son depende, por tanto de las condiciones materiales de su producción.

Esta producción solo aparece al multiplicarse la población. Y presupone, a su vez, un intercambio ente los individuos. La forma de este intercambio se halla condicionada a su vez, porla producción.[3]

 

De acuerdo con esto, el meollo de la historia humana tiene que ver directamente con la producción, la forma en que se organiza socialmente la producción, la cual genera antagonismos entre grupos. De manera que la historia no se produce a través de ideas o de conceptos, sino de una base material primaria. La forma en que se organiza socialmente la producción constituye el “modo de producción”, mismo en el que entran en juego grupos sociales antagónicos determinados por su posición con respecto al proceso productivo. La constante en todos los modos de producción que han correspondido al desarrollo histórico humano es la explotación del trabajo. En otras palabras, la explotación humana. La explotación se reviste de concepciones ideológicas encaminadas a perpetuar las mimas formas de explotación. Esta concepción de la historia parte del humano concreto. Este punto de partida posibilita construir la historia desde una perspectiva ética y con la posibilidad de conseguir justicia humana.

 

El capitalismo, el modo de producción vigente, se basa en la propiedad privada individual de los medios de producción, posibilitada por el mismo desarrollo histórico, y en la explotación de la fuerza del trabajo a través de la apropiación de la porción de ésta no remunerada que constituye la plusvalía y que permite la generación de capital. Comienza una brutal lucha social donde no hay tregua. El proceso productivo capitalista, aunado al desarrollo tecnológico, posibilita el avituallamiento de grandes cantidades de capital. En la lucha por la generación de capital no hay tregua. El capitalista se enfrenta al proletario. El proletario se enfrenta al proletario. El capitalista se enfrenta al capitalista:

 

una vez que los trabajadores se convierten en proletarios y sus condiciones de trabajo en capital; una vez que el régimen capitalista de producción se mueve ya por sus propios medios, el rumbo ulterior de la socialización del trabajo y de la transformación de la tierra y demás medios de producción en medios de producción explotados socialmente, es decir, colectivos, y, por tanto, la marcha ulterior de la expropiación de los propietarios privados, cobra una nueva forma. Ahora, ya no se trata de expropiar al trabajador independiente, sino de expropiar al capitalista explotador de numerosos trabajadores. [4]

 

El régimen de producción capitalista ha socializado la producción y ha insertado a todos los países en un mercado común:

 

Esta expropiación [de los propios capitalistas]la lleva a cabo el juego de las leyes inmanente de la propia producción capitalista, la centralización de los capitales. Cada capitalista desplaza a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos poco, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de producción al ser empleados como medios de producción en un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista.[5]

 

La consecuencia inminente de la dinámica capitalista: “Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan este proceso de transformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, el esclavizamiento, de la degeneración, de la explotación”.[6]

La economía global está configurada por los grandes capitales, pertenecientes a un muy reducido grupo sociales, que se desterritorializan y olvidan lealtades nacionales. Los Estados nacionales se supeditan a esos capitales globales a través de los organismos internacionales que los administran.

 

Ahora bien, vuelvo a la representación de la temporalidad histórica. La filosofía de la historia de Marx, en contraposición de la Hegeliana, se propuso eliminar todas las explicaciones trascendentales de la misma. La historia la hacen las personas concretas, reales, ubicadas en una situación histórica determinada.[7]

El punto es que, la historia, al estar hecha por seres humanos reales, no puede sustraerse de las relaciones sociales reales. Las situaciones reales son la explotación, el sometimiento, la dominación, la esclavización, pauperización y denigración, entre otras. El diagnóstico certero permite planear soluciones emancipadoras.

La marcha triunfal de la historia, el progreso, la grandeza humana, su cultura y la bonanza económica tiene sus víctimas. Los millones de seres humanos sobre los que se levanta la grandeza humana. Las millones de personas que pasan anónimas por la historia. En palabras del escritor polaco Tadeusz Borowski:

 

Los objetos sensibles no son el reflejo de ninguna idea, sino el resultado del sudor y la sangre de los hombres. Fuimos nosotros los que construimos las pirámides, los que arrancamos el mármol y las pierdas de las calzadas imperiales, fuimos nosotros los que remábamos en las galeras y arrastrábamos arados, mientras ellos escribían diálogos y dramas, justificaban sus intrigas con el poder, luchaban por las fronteras y la democracias.[8]

 

Ideas como las de libertad, igualdad, democracia y justicia disfrazan, justifica y legitiman la miseria humana. Los apologetas del capitalismo y del liberalismo anuncian el fin de la historia y la apertura de un futuro eterno y paradisiaco.

Contra esa visión. Cada vez más la mentira es insostenible. La crisis generada al interior del mismo capitalismo ensancha la grieta clasista hasta un grado insoportable; una grieta ya de por sí indignante. Millones y millones de personas más caen en la pobreza. Los Estados, portavoces de los grandes capitales, reprimen y tratan de mantener por la fuerza la mentira. Como parte de la estrategia generan una historia de olvido. Un historia en la que no tienen lugar los caídos, los vencidos, los anónimos de la historia.

Ahora, la crisis capitalista global agrupa colectivos bajo la misma demanda. Los anónimos de la historia adquieren más fuerza. La voz milenaria que grita por los caídos y por el derecho a tener un presente y un futuro se fortalece y se hace más firme y fuerte rompiendo las fronteras nacionales. Con éste, reclamamos nuestro lugar en la historia. Como anónimos tal vez, pero con la posibilidad de un presente digno (que implica también un pasado redimido por el cumplimento de la justicia de los anónimos de la historia).

 



[1]
[1] Eduardo Vasquez: “La filosofía postidealista (materialista) de la historia”, en: Filosofía de la historia, Reyes Mate (ed.), Madrid, Trotta, 2005, p. 121

[2] Cfr. Manuel Reyes Mate: Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de la hsitoria, Madrid, Trotta, 2009, p. 215

[3] Marx, Karl y Friedrich Engels:La ideología Alemana. Feuerbach. Contraposición entre la concepción materialista y la idealista, Valencia, Universidad de Valencia, Puebl, 1994, p.35

[4] Carlos Marx: El capital, tomo 1, México, FCE, 1987, p. 648

[5] Id.

[6] Id.

[7] Eduardo Vasquez: “La filosofía postidealista….”, Op. cit., p. 121

[8]Burowsky,Tadeusz: Nuestro hogar es Auschwitz, Barcelona, Alba Editorial, 2004, p. 49

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