La regulación de la muerte

08 Noviembre, 2011
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Escrutinio No. 78

Hector Rojo Ocampo                                                                                                                      

 

“Los cisnes, cuando presienten que van a morir, cantan aquél día aún mejor que lo han hecho nunca, a causa de la alegría que tienen al ir a unirse con el dios a que ellos sirven. Pero el temor que los hombres tienen a la muerte, hace que calumnien a los cisnes, diciendo que lloran su muerte y que cantan de tristeza. No reflexionan que no hay pájaro que cante cuando tiene hambre o frio o cuando sufre de otra manera…Pero estos pájaros no cantan de manera alguna de tristeza, y menos los cisnes, a mi juicio; porque perteneciendo a Apolo, son divinos, y como prevén los bienes de que se goza en la otra vida, cantan y se regocijan en aquél día más que lo han hecho nunca.” Platón, “Fedón o del Alma”.

 

Impredecible, universal e intransferible, la muerte ha sido la eterna compañera del hombre. Esa es nuestra única certeza, perpetua y cotidiana. El arribo de la modernidad nos ha hecho verla simplemente como la llegada a un límite, como el cese de la vida. Poco a poco se ha ido perdiendo el esplendor que gira en torno a ella, al grado de verla como algo anómalo o antinatural. El simple hecho de pensar en ella provoca terror, se le da una connotación negativa y se prefiere ignorarla como si eso fuese a postergar la presencia terrenal.

Para Octavio paz, “la muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En casi todos los casos es, simplemente, el fin inevitable de un proceso natural. En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más.”[1]

Sin embargo, esto no siempre ha sido así; en cada sistema cultural, la muerte y su relación con la misma es concebida de distintas formas. En las culturas arcaicas se tenía una relación casi personal con ella. Esta convivencia hacia que la vida (y la muerte) fuerte fuera más llevadera. Por ello se le festejaba, se le hacían sacrificios y ofrendas, e inclusive se le deseaba. Esto bajo la creencia –aún hoy imperante- de la vida después de la muerte. No obstante, en la actualidad, la muerte se encuentra en decadencia. Alrededor de ella gira un gran poder que ha sido descubierto por pocos y su manipulación ha  tenido la función de control y de dominación.

La creencia en la vida después de la muerte, ha tenido varias acepciones, según los valores o creencias de cada sociedad. En la cultura helénica, la muerte era más llevadera si se mantenía en la incertidumbre. Claro ejemplo de ello lo muestra Homero en su Odisea. Los griegos creían que los muertos tomaban formas de espíritus y que el inframundo se encontraba en algún lugar de la tierra.

Cuando Odiseo regresa victorioso de la batalla de Troya, ansía conocer la recompensa que tendría al morir estando en la gloria. Al descender al hades se encuentra con Agamenón y Aquiles en la decrepitud y sin fama. Por ello, se desvanece su creencia de gobernar y obtener la inmortalidad en el inframundo. Pero al naufragar en la isla que habita Calipso, élla se enamora de él  y le ofrece la inmortalidad. Después de vivir siete años con élla, le invade la soledad y el anhelo de su vida mortal. Lo que trata de expresar Homero es el ver a la muerte como una incertidumbre, ya que sin ella no habría héroes.[2]

Para Platón y algunos de sus contemporáneos, prevalecía la idea de que en la otra vida gozarían de muchos bienes (espirituales), entre ellos el de la sabiduría. Es por ello, que en el Fedón muestra como algo deseable la (muerte) separación del alma del cuerpo para encontrar la verdad. “De suerte que este viaje (habla Sócrates de su próxima muerte,) que se me ha impuesto, me llena de una dulce esperanza, y hará el mismo efecto sobre todo hombre que se persuada de que su alma está preparada, es decir, purificada para conocer la verdad.”[3]

El apogeo del cristianismo, cambió la percepción sobre la muerte. En la Divina Comedia[4], Dante evidencia esa influencia. Se busca sentido a las almas después de la muerte. Es así que el hombre se ve sometido ante la justicia divina, ya sea con el premio del goce de la prolongación de su vida en el paraíso, o con el castigo de los tormentos que le esperan en el infierno, según sus méritos o deméritos del libre albedrío.

Con el cristianismo la muerte comienza a perder su esplendor e inicia una etapa de decadencia. Con los Gobiernos absolutistas, revestidos con la ley divina, la muerte jugó un papel preponderante y comienza y comienza a ser utilizada como una estrategia de control y dominación social.

“La institución de la muerte, como la de la supervivencia y la inmortalidad, es una conquista tardía del racionalismo político de las castas de sacerdotes y de las iglesias: ellas basan su poder en el manejo de esa esfera imaginaria de la muerte”[5]

La existencia del alma había sido admitida y esa idea se generalizó. Pero surgió una perplejidad respecto a que se debía hacer con ella después de morir el cuerpo, esto condujo a la fábula de la inmortalidad del hombre. A la par, se comenzó a dar una personificación de los poderes naturales que fueron tomando cada vez un aspecto más ultramundano. Es así, que la muerte de Cristo no es más que una masiva manipulación. Su muerte, que fue producida por la misma iglesia, fue necesaria para lograr ese control en masa.

“Enfermos y decrépitos fueron los que menospreciaron el cuerpo y la tierra, los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentora: ¡aún esos dulces y lúgubres venenos los extrajeron del cuerpo y de la tierra!

Querían huir de la miseria y las estrellas estaban muy lejos. Entonces suspiraron: “¡ay! ¡Que existan caminos celestes para alcanzar otra vida y otra felicidad!” E inventaron sus artificios y sus bebiditas sangrientas.”[6]

Posteriormente, surgen otros ámbitos que reflejan la regulación de la muerte. Uno de ellos es el de la Economía Política, el cual basa su poder en la administración de la vida y de la muerte, aspectos a los que se les busca un plusvalor. “La ética de la acumulación y de la producción material, la santificación mediante la inversión, el trabajo y la ganancia que comúnmente se denomina <> (Max Weber: La ética protestante); esa máquina de salvación de la cual ascesis intramundana se ha ido retirando en provecho de la acumulación mundana y productiva, sin cambiar de finalidad: la protección contra la muerte.”[7] Para Baudrillard, ese plusvalor esta dado por la acumulación de “tiempo”, como una prorroga ante la muerte, puesto que “la acumulación del tiempo impone la idea de progreso.”[8]

El proceso de acumulación de la vida (y tiempo) como valor, está íntimamente ligado a otro ámbito: el de las Ciencias, principalmente la medicina. Actualmente, la muerte es considerada una anomalía que se busca combatir, de la que se quiere sobrevivir. Y es la medicina la que se encarga de regular esto, lo cual se evidencia en los intentos por acrecentar la longevidad. Hoy día, no es normal que la gente muera. Para Octavio Paz, la muerte se encuentra totalmente suprimida, causa de ello se debe, entre otras cosas, a la moral pública, la salud al alcance de todos que es ofrecida por las farmacias y hospitales y campos deportivos.[9]

Iván Illich decía que “así como el consumo obligatorio de educación llegó a utilizarse como medio para discriminar en el trabajo, así el consumo medico ha llegado a ser un recurso para aliviar el trabajo malsano, las ciudades sucias y el transporte que destroza los nervios. ¡Qué necesidad hay de preocuparse por un ambiente menos asesino cuando los médicos están equipados industrialmente para actuar como salvavidas!”[10]

Por otro lado, tenemos el ámbito exclusivamente político en el que la producción y regulación de la muerte se ha instrumentalizado como una forma de dominación política. Para el investigador camerunés Achille Mbembe, esta regulación que funciona como un dispositivo para el ordenamiento histórico, se denomina “Necropolítica” o “Necropoder”. Para él, repensar el concepto de “soberanía” es algo crucial y debe verse no sólo como una lucha por la autonomía, sino como “la instrumentalización generalizada de la existencia humana y la destrucción material de cuerpos y poblaciones humanas”[11].

Esta postura refleja un acercamiento entre el concepto de “biopoder” yde “soberanía” y de sus relaciones con la guerra, planteados por Michel Foucault. “La expresión última de la soberanía reside ampliamente en el poder y la capacidad de decidir quien puede morir y quien debe morir… La soberanía consiste en ejercer un control sobre la mortalidad y definir la vida como el despliegue y la manifestación del poder… La guerra también es un medio de establecer la soberanía,  tanto como ejercer el derecho a dar muerte.”[12]

Se torna relevante considerar las actitudes que se toman ante la muerte y su relación con la sociedad. Las posturas antes mencionadas, reflejan como su papel se ha ido modificando. Del esplendor se pasó a la decadencia, de lo natural a lo antinatural. De un mero acto ceremonial, ritual y deseable, ha mutado a un instrumento de control que genera terror. Estos son algunos presupuestos que no deben ser ignorados.

“Una civilización que niega la muerte, acaba por negar la vida... Y así, es inútil excluir a la muerte de nuestras representaciones, de nuestras palabras, de nuestras ideas, porque ella acabará por suprimirnos a todos y en primer termino a los que viven ignorándola o fingiendo que la ignoran.”[13]

 

 



[1]
  Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, México, 1999, pág. 62.

[2]  Cfr. Homero, Odisea, ed. Austral, México, 1989.

[3]  Platón, Diálogos, Fedón o del alma. Ed. Porrúa, México, 1978, pág. 394.

[4]  Dante Alighieri, La divina comedia, Ed. Porrúa, México.

[5]  Baudrillard, Jean, El intercambio simbólico y la muerte. Venezuela, Monte Ávila Editores, 1980, pág. 167.

[6]  Nietzsche, F. Así hablaba Zaratustra, Ed. Porrúa, México, 2009, pág. 19.

[7] Baudrillard, Op. Cit. pág. 169.

[8]  Ibíd. pág. 170.

[9]  Ver, Paz Octavio, Op. Cit. Pág. 62.

[10]  Iván Illich, Obras reunidas I, México, FCE, 2006.

[11] http://www.melusina.com/rcs_gene/Necropol_tica.pdf

[12]  Ibíd.

[13] Ver, Paz Octavio, Op. Cit. Págs. 65-66.

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Comentarios

  1. 1

    09 NOVIEMBRE, 2011

    HéCTOR ROJO

    Fe de erratas: en el párrafo nueve, línea tres se repite la palabra "comienza". en la cita no. 12 debe decír "quien puede vivir y debe morir".

  2. 2

    09 NOVIEMBRE, 2011

    JRO

    Buen artículo, saludos.

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