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Reichstag, 9/11, Casino Royale. ¿Qué hay en común?
Escrutinio No. 74
*Edgar Valenzuela
Berlín, Alemania, 27 de febrero de 1933. La sede del Parlamento alemán (Reichstag) es incendiado presuntamente por el ex comunista holandés Marinus van der Lubbe. Este hecho es presentado por los líderes del Partido Nazi como una prueba evidente de la conjura comunista para hacerse del poder, y demandan una respuesta contundente e inmediata para detenerlos.
El Presidente alemán, mariscal Paul von Hindenburg por presiones del Canciller Hitler aprobó el Decreto del incendio del Reichstag, que logra abolir de facto los derechos fundamentales consagrados en la Constitución de Weimar y dotar de mayores atribuciones al Canciller para "hacer frente a la delicada situación".
Con el peso de la conjura encima, la oposición partidista no obtuvo buenos resultados en las elecciones de marzo siguiente, permitiendo a los nazis obtener la mayoría suficiente para aprobar la Ley Habilitante de 1933, que dio facultades extraordinarias al Canciller para legislar vía decreto, sin necesidad de tener que pasar por la aprobación legislativa.

Nueva York, Estados Unidos, 11 de septiembre de 2001. Presuntos terroristas de origen árabe secuestran y posteriormente estrellan cuatro aviones comerciales contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono, sede del Departamento de Defensa norteamericano.
Hacia el interior, el gobierno de Estados Unidos a cargo de George W. Bush aprueba la Ley Patriótica, limitando las libertades individuales consagradas por su Constitución y dotando de mayores facultades a las agencias de inteligencia en aquellas labores necesarias para combatir y/o prevenir que se repitan ese tipo de atentados, logrando así establecer de facto un estado de excepción.
Hacia el exterior, la administración Bush declara la guerra contra el terrorismo global, estrategia de cobertura que permite a los Estados Unidos atacar preventivamente a otras naciones del mundo que "protejan" a los responsables de los atentados de septiembre.
Monterrey, México, 26 de agosto de 2011. Un comando armado prende fuego al establecimiento Casino Royale cuando alrededor de 100 personas aún permanecían en el inmueble, provocando con ello la muerte más de cincuenta de ellas. El gobierno mexicano a cargo de Felipe Calderón mencionó que se trataba de un acto narcoterrorista, además de llamar a los miembros del Congreso de la Unión a aprobar las leyes que reforzarían las labores de seguridad, particularmente la Ley de Seguridad Nacional, que brindaría mayores facultades al Ejecutivo sobre los otros dos poderes para combatir, mediante su brazo armado (Ejército y Marina), a los grupos criminales que atenten contra la paz y la estabilidad del Estado Mexicano.
¿Qué hay de generalizable entonces, en esos tres casos únicos en el tiempo y el espacio? ¿Qué podemos obtener para explicar el caso mexicano de estudiar fenómenos similares acontecidos en otros países bajo especificidades un tanto diferentes?
Guardando las debidas proporciones para evitar el riesgo de caer paralelismos lineales que no nos ayuden a explicar nuestra realidad, los tres fenómenos coinciden en repetir ciertos patrones que no sólo hacen referencia al hecho en sí mismo, sino al entorno en el cual se desenvuelven.

Así hemos logrado observar que el entorno mundial de los tres hechos se encuentra marcado por un gran caos sistémico, producto de la desintegración de las instituciones del gobierno mundial que se erosionan al calor de las crecientes tensiones y rivalidades existentes entre las facciones que luchan por el poder hegemónico mundial.
Sin embargo, en el caso mexicano las élites nacionales no están directamente involucradas en el proceso de sucesión hegemónica, como sí lo podemos apreciar en el caso alemán y estadounidense.
El caos descrito apenas también se manifiesta en el aspecto social y económico, donde mientras los pactos sociales de cada país se hacen añicos bajo el embate de la pérdida de rentabilidad del capital y el entorno depresivo mundial, los altos capitales abandonan las promesas de inclusión hacia los socios menores del bloque hegemónico en pos de buscar su supervivencia dentro del ambiente competitivo global.
Sin entrar al debate sobre los detalles de cada uno de los casos pues no es el objetivo del presente ensayo analizarlos a detalle, lo cierto es que en cada uno de ellos la respuesta legal por parte de los Estados dotó de mayores poderes al Ejecutivo para, en nombre de la seguridad, perseguir con mayor firmeza a todo aquel individuo que entrara en el concepto señalado como el mayor culpable de los males nacionales, además de restringir las libertades civiles y políticas de sus ciudadanos (mediante la Ley Habilitante en el caso alemán, se persiguió a toda la oposición a los nazis, no sólo a los comunistas; la Ley Patriótica en el caso estadounidense provocó un estado de guerra permanente contra un concepto "el terrorismo"; y la Ley de Seguridad Nacional en México, aunque ésta última aún no se haya consumado, está encuadrada dentro de la lucha contra el narcotráfico iniciada por Calderón en 2006).

Finalmente, mencionaremos que en los tres casos la política y las relaciones entre el Estado y la sociedad se han enmarcado en un ambiente sumamente militarizado, donde la cúpula castrense ha estado presente de manera íntima en la planeación y desarrollo de las políticas intra e interestatales (en el caso alemán, la doctrina del Lebensraum enfocó todos los esfuerzos de planeación industrial y social hacia la guerra; en el caso norteamericano, la guerra contra el terrorismo global alimentó de manera desproporcionada el de por sí gigantesco gasto militar en su búsqueda de salir del marasmo económico, según los cánones del keynesianismo militar; en México, los militares han asumido las tareas de seguridad pública y han delineado las relaciones con sus pares de Estados Unidos).
Extrañas coincidencias en tiempos turbulentos, ¿no creen?


22 SEPTIEMBRE, 2011
TRAIAN ROMANESC Dijo:El raichstag si fue quemado por los malditos bolcheviques comunistas. no fue un invento nazi.