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23/08/2010
Escrutinio No. 73
Roberto Israel Rodríguez Soriano
El día 24 de agosto de 2010 fueron hallados 72 cadáveres en el ejido El Huizachal, en el municipio de San Fernando, Tamaulipas. Fueron ejecutados con tiros de gracia el día 23 de agosto del mismo año.
El único superviviente, Luis Freddy, un ecuatoriano de 18 años, pudo llegar (23 de agosto) en busca de ayuda a un retén de la Marina y dio aviso de los hechos. Salvó su vida al fingir estar muerto. Tuvo que recorrer quince kilómetros con un balazo en el cuello hasta el reten. Allí dio su testimonio. La Secretaría de Marina, en un escueto comunicado de prensa, reportó que fueron encontrados los 72 cuerpos (58 hombres y 14 mujeres).[1]
Estos cadáveres pertenecían a migrantes provenientes de Centro y Sudamérica. Los cuerpos estaban apilados y a la interprete. El testigo dijo que provenían de Centro y Sudamérica. Tenían como destino Estados Unidos. Habían ingresado a territorio mexicano por Chiapas.
Luis, en su declaración ministerial testimonio lo siguiente: “Nos bajaron del camión con violencia para pedirnos dinero, pero nadie traía. Después nos ofrecieron trabajar para ellos. Dijeron que eran los Zetas, que nos pagarían $1,000 por quincena, pero no aceptamos y nos dispararon”.[2]
A un año de este suceso han sido detenidos ocho supuestos miembros de los Zetas relacionados con estos asesinatos.
En abril de este mismo año, en el mismo municipio de San Fernando, se encontraron 47 fosas con 193 cuerpos que pertenecían también a migrantes.
La matanza, violación, tortura y extorción de migrante es un acontecimiento que se repite sistemáticamente a lo largo y ancho de la República mexicana. Personas provenientes de Centro y Sudamérica, cuya intención es llegar a Estados Unidos, son capturadas por grupos armados, ligados presuntamente a cárteles del narcotráfico, con la intención de sacar ventajas económicas y de servicio a costa de su vida. Debe señalarse que las autoridades mexicanas en muchos de los casos están coludidas como estos grupos (inclusive se ha señalado al mismo INM).
Es pertinente señalar también que en la ruta hacia Estados Unidos los mexicanos también sufren la misma suerte. No hay distinción de nacionalidades. Pero, a final de cuentas, la identidad que adquieren todas estas personas es la de migrantes.
Pero ¿quiénes son los migrantes? o ¿por qué las personas tienen que migrar? Los procesos sociales guiados por la naturaleza misma del sistema económico capitalista y su coartada política liberal han producido y asentado el inequitativo accesos a los medios económicos necesarios para una vida con dignidad humana. Este proceso constante de pauperización es histórico, lo que implica que los orígenes de esta situación hunden sus raíces genealógicas en largos periodos temporales de desarrollo. Ya lo decía Marx, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Lo que quiere decir que la historia de la humanidad es la historia de la explotación del humano por el humano.

El capitalismo, como modo de producción, representa la explotación de la fuerza de trabajo a través de la enajenación de ese mismo trabajo. En este proceso, los humanos son sometidos entre sí, a la competencia brutal por un lugar en el proceso productivo. La necesidad primaria de ocupar un lugar en la producción y de tener que participar en el mercado, lleva al humano a tener que someterse casi incondicionalmente a las reglas de la explotación. Sometimiento que es agravado por la competencia que generan las mismas condiciones de producción.
Estos procesos se insertan en esferas históricas y económicas globales. El desarrollo económico del capital ha sobrepasado las fronteras nacionales. Los grandes capitales en gran medida se han desterritorializado y han perdido nacionalidad. Unos pocos individuos han acumulado más capital que naciones enteras. Esto, a final de cuentas significa más explotación dirigida por menos personas.
Marx y Engels ya desde 1848, en El manifiesto del partido comunista, describían el incipiente proceso de globalización que generaba el capitalismo:
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la producción intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.[3]
Las políticas de colonización (invasión y conquista) y de recolonización (invasión y reconquista) llevadas a cabo por los países industrializados, países europeos, acentuaron la explotación del trabajo y de recursos naturales en las naciones invadidas y en proceso de invasión, o que estaban en conformación.
Los países latinoamericanos, a pesar de que la mayoría lograron su independencia en el siglo XIX, quedaron sumergidos en cruentas guerras intestinas entre élites sociales que el mismo régimen colonial había procurado. Guerras civiles cuyas partes encontraban su fuerza en principios y contradicciones que el mismo proceso de colonización había procurado a través de sus estructuras económicas y políticas. Situación que las dejó a merced de intentos de recolonización.
Los conflictos de intereses imposibilitaron la consolidación de proyectos políticos estables y a favor de la instauración de planes económicos capaces de fomentar el desarrollo de las naciones independientes. Proyectos, que sin embargo, giraban en torno a la idea de la industrialización nacional con todas las implicaciones que esto implicaba.
Las abismales diferencias sociales, económicas y culturales entre los diferentes sectores de las naciones seguían vigentes e inclusive se iban acentuando más. Mientras se hablaba retóricamente de igualdad y libertad, las condiciones reales de estas naciones desmentían esas falsas retóricas.

Mientras tanto, los Estados Unidos de Norteamérica, nación que había nacido con fuerza y solidez a finales del siglo XVIII, iba consolidando su poder económico y político. Esta nación aprovechó las convulsiones políticas y sociales para consolidar su hegemonía a lo largo y ancho del continente americano. Las naciones latinoamericanas fueron vistas por ésta nación como fuentes de materia prima y recursos naturales para su propio beneficio, así como una inmensa fuente de fuerza trabajo.
Después de casi un siglo de guerras civiles los estados latinoamericanos lograron consolidarse como Estado-nacionales a base de fuerza. Consolidaciones que posteriormente cobraron facturas a lo largo de todo el siglo XX en golpes de estado y en dictaduras cuyos objetivos buscaban el afianzamiento en el poder y en la economía de pequeños sectores de la población nacional. Afianzamiento que estaba auspiciado por los intereses norteamericanos, en los que se buscaba el dominio sobre los inmensos recursos naturales, y con esto el dominio sobre la fuerza de trabajo en provecho propio.
Se implantaron modelos económicos que apostaban todos los recursos y las fuerzas nacionales a la industrialización, y que a su vez, ésta, estaba asistida (a cambio de mayúsculos beneficios) por las naciones ya industrializadas. Se crearon centros urbanos que centralizaba todo el desarrollo económico. Las poblaciones periféricas quedaban marginadas de ese desarrollo, lo que ocasionó migraciones masivas a los centros urbanos, ya que ésta era la mejor forma de poder ingresar al proceso productivo y obtener medios de subsistencia aunque al costo de la propia sobreexplotación del trabajo.
A finales del siglo XX y principios del siglo XIX, después de un largo periodo de brutales dictaduras en la mayoría de los países latinoamericanos, se conformaron régimen políticos seudo-democráticos, en los que las fuerzas políticas asumían la soberanía velada de los Estados Unidos y de los intereses de los capitales globales, lo que de cierta forma podía conferir estabilidad a dichas naciones. Se impusieron modelos económicos dictados por las instituciones capitalistas globales (estadounidenses). Asumieron orgánicamente los modelos neoliberales, en los que la despiadada “libertad de comercio” se fomentaba a través de todos los medios. El Estado se “retiraba imparcialmente” (sólo retóricamente, porque estaba del lado del capital) ante su obligación de regular los procesos comerciales y económicos, y dejaba a los particulares actuar conforme a sus posibilidades. Los grandes capitalistas se enfrentaban como “iguales” ante los obreros, campesinos, burócratas y pequeños empresarios bajo la ley del mercado libre. Enfrentamiento desigual que inevitablemente tenía que culminar en el sometimiento económico, social y cultural de estos últimos.
Debe mencionarse que en este proceso hubo países que pudieron mantenerse relativamente al margen de este dominio norteamericano y de los grandes capitales a través de modelos políticos con premisas más o menos socialistas y de fortalecimiento de la autonomía económica.
El caso de México y de los países Centroamericanos no fue éste. Los modelos políticos y económicos que se implantaron giraron en torno al beneficio de reducidas élites políticas y a intereses particulares de los grandes capitalistas nacionales e internacionales.
Las constantes crisis económicas, provocadas por las mismas políticas gubernamentales y los movimientos de los capitales globales que se manejan bajo los mismos mecanismos de explotación, han provocado enormes tasas de desempleo, y que los escasos empleos existentes y fomentados sean temporales bajo regímenes que van de la sobreexplotación a la brutal sobrexplotación.
Los conglomerados urbanos se saturan de ejércitos laborales de reserva (en el que se incluyen niños y niñas, jóvenes, adultos y ancianos) con respecto a los pocos empleos existentes. Generando que millones de persona vivan en la marginalidad que la pobreza implica, legando esta situación a generaciones enteras. Personas a quienes los procesos históricos y las políticas mundiales (nacionales e internacionales) han deshumanizado.
Sin embargo, ellas reclaman su derecho primario a la “vida” en movilizándose hacia los lugares en donde pueden encontrar los medios materiales necesarios para subsistir, generando así grandes migraciones. Pero este derecho es reprimido por las políticas nacionales. A través de derechos políticos desconocen los derechos naturales. Las instituciones nacionales desconocen los derechos primarios a quienes no reúnen los requisitos burocráticos para tener el derecho político de ciudadanía. Sometidos a todo tipo de vejaciones en su recorrido hacia los “centros de bonanza” no claudican en su cometido porque la vida le va de por medio.
La migración tiene dirección norte-sur (especificadamente hacia Estados Unidos). En el recorrido que es ya de por sí peligros por el hecho de traspasar fronteras nacionales (con todo lo que esto implica), las personas que forman parte de estas migraciones “ilegales” corren el grave riesgo de ser interceptadas por grupos armados que forman parte de grandes organizaciones “criminales”. Éstos mediatizan la vida de los migrantes por beneficios propios que pueden ir desde mínimas compensaciones económicas (pues ¿con cuánto se puede extorsionar a quienes viven en pobreza?), hasta la esclavización (después de todo de lo único que son dueños es de su fuerza de trabajo).

Los migrantes, personas deshumanizadas y pauperizadas por los mismos mecanismos de los sistemas económicos y políticos globales; personas a quienes se les ha dado una identidad sin nombre y sin voz; personas marginadas de las “glorias del progreso humano”, aunque parte de éste la soportan sobre sus espaldas (para muchos países latinoamericanos y caribeños las remesas representan una fuente importante de las economías nacionales); personas cuya vida se ha valorado sólo en la medida en que pueden producir un beneficio por mínimo que sea; personas que se ven violentamente obligadas a desarraigarse de su cultura maternas; personas cuyos anhelos se han visto truncadas, cuya dignidad humana les ha sido arrebatada.
Se conmemora un año de la matanza de los 72 migrantes en San Fernando en un acto de memoria que nace de una demanda política de justicia contra el olvido. Un ejercicio de memoria que se enfrenta a los proyectos políticos y gubernamentales que apuestan al ocultamiento y al olvido. Una conmemoración que nos muestra la realidad de nuestra cruda y oscura época; que no nos permite olvidar por un imperativo ético, que esos setenta y dos migrantes, no son sólo 72. Esas 72 personas son millones de seres humanos que han muerto y que morirán inocentemente en las entrañas de los mecanismos económicos, políticos y culturales de los procesos globales. Humanos con nombres, familias, deseos, esperanzas, sueños, pasiones y anhelos que han sido tajados:
Misael Castro Bardales, Wilmer Antonio Velásquez, María Magdalena Alonso Rivera, Jorge Alberto Osorto Sevilla, Brayan Ariel García, Eredis Ayala, Jorge Alberto Salgado Bustillo, William Geovanny Ortes Benítez, José Angel Flores Bolaños, Glenda Yanira Medrano Solórzano, Byron Mauricio Berdúo Agustín, Armando Pérez Nieto, Sabas Napoleón López Sánchez, Junior Basilio Espinoza, Pedro Antonio Franco, Gelder Lizardo Borche Cante, Robin Estuardo Zúñiga Mijangos, Carlos Alberto Valle Lazo, Efraín Pineda Morales, Adolfo Armando Fraile Vega, Mayra Izabel Cifuentes Pineda, Hermelindo Maquin Huertas, José David Girón Martínez, Jilmar Augusto Morales Castillo, Santos Enrique Hernández, Carlos Alejandro Mejía Espinoza, Milton Mateo Alvarado Villanueva, Henry Francisco Serrano Cuéllar, Julián Sánchez Benítez, Karen Yanneth Escobar Luna, Cantalicio Barahona Vargas, Pedro Antonio Rubio García, Yeimi Victoria Castro, Sabas Ramón Oliva, Telmo Leonidas Yupa Chimborazo, Víctor Manuel Escobar Pineda, Miguel Ángel Cárcamo, Joan Adolfo Chirinos Padilla y 34 personas que no han sido identificadas aún.
[1]http://www.ssp.gob.mx/portalWebApp/appmanager/portal/desk?_nfpb=true&_pageLabel=portals_portal_page_m2p1p2&content_id=814614&folderNode=810187&folderNode1=814222
[2]http://departamento15.laprensagrafica.com/noticias/1088-el-viacrucis-de-migrantes-sigue-a-un-ano-de-masacre-de-72-en-mexico.html
[3] C. Marx y F. Engels: “Manifiesto del partido comunista”, en: Obras escogidas, Moscú, Editorial Progreso, p.36

