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La democracia polarizada
Escrutinio No. 72
Las elecciones en México siempre han estado marcadas por golpes bajos, conspiraciones, tratos con la élite económica, guerra sucia entre candidatos, partidos y sindicatos. Podemos recordar, por citar un ejemplo, las elecciones donde compitió Adolfo Ruiz Cortines, cuando días previos al proceso electoral se suscitó “la matanza de la Alameda”, acto en que el General Manuel Henríquez Guzmán llevó a decenas de mexicanos dispuestos a pelear para no ceder la Presidencia de la República de manera tan sencilla al candidato de Miguel Alemán, hecho que derivó en un amplio descontento social ante los mecanismos por los cuales eran electos los sucesores presidenciales, en ocasiones parecía más un proceso de reelección no formal.
En las elecciones presidenciales de 1975, José López Portillo participó como candidato único, dejando en evidencia la gran maquinaria con la que contaba el partido hegemónico en México. El Presidente que dejaba la banda presidencial en manos de su amigo Portillo fue uno de los personajes más oscuros en la historia política de México: Luis Echeverría Álvarez.
¿Cómo olvidar las elecciones de 1988 cuando todavía la Secretaría de Gobernación se hacía cargo de los procesos electorales? Manuel Bartlett, quien entonces presidía la Comisión Federal Electoral argumentó haber perdido el conteo, como consecuencia de “lo nuevo que era la tecnología en ese momento en México”, esta “caída del sistema” fue a todas luces una trampa del partido en el poder - que entonces estaba dividido en dos grandes bloques, uno de ellos, del que surgió el Frente Democrático Nacional, ahora PRD- para permitir que Carlos Salinas de Gortari, asumiera la Presidencia, dejando a Cuauhtémoc Cárdenas y a sus seguidores con un sabor a fraude.
Así, las sucesiones presidenciales fueron tomando cada vez más el carácter de “un amigo dejando a otro en su puesto”, con ello se evitaba la rendición de cuentas, que se supieran todas las cosas negativas del antecesor, se mantenía la misma estructura de políticas implementadas durante el sexenio anterior, es decir, el amigo que ahora se encargaba de firmar desde los Pinos, cubría las espaldas del que salía y se retiraba a gozar de su sueldo vitalicio.
Este exceso de poder (meta poder) se debía a varias situaciones dentro de las cuales encontramos la capacidad que tenía el Presidente para designar legisladores, gobernadores, gabinete. Este personaje central de la política mexicana tenía también otros atributos, manejaba de manera moral e ideológica al partido en el poder, era también quién dirigía los rumbos políticos del país, un personaje intocable, no cuestionable, su palabra casi confundía al Estado laico al proyectar cada opinión cómo dogma de fe, no había persona que se atreviera a poner en duda lo que el Presidente decía, firmaba, afirmaba o proponía.

Sin embargo, este no es el principal problema que se observa en el presidencialismo. Esta forma de gobierno genera una clara polarización de los ciudadanos, que al tener un único ganador, permite que éste alcance el Poder Ejecutivo con una débil pluralidad (gobernará para los que votaron por él y para los que no), cómo sucedió en las elecciones de 2006 cuando los dos candidatos que se proclamaron ganadores generando un “conflicto latente”. No existe todavía ningún principio democrático que pueda decidir o ayudar a aclarar cuál es el candidato que en verdad “representa la voluntad popular[1]”. Por último y no menos importante, no se diferencia entre el papel simbólico de la jefatura de Estado y el papel político del jefe de gobierno, no dejando claro cuál es la verdadera autoridad presidencial y haciendo que este personaje político tenga o intente tener injerencia en todos los niveles de la burocracia estatal.
Ante este escenario, la sociedad mexicana se ha acostumbrado a esta forma de hacer política y la adoptó, en este ejercicio personalizado, el candidato opta por tener una campaña política lejos de los valores políticos y se acerca cada vez más a valores distintos como la cordialidad, las confidencias íntimas, la proximidad, la personalidad y lo valores democráticos- individuales por excelencia, es decir, el candidato cada vez hace más de la política, un espectáculo de ilusiones.
Esta “resignación” social o indiferencia actual ante la política, corresponde más a un tipo de alienación que consiguió la clase política y que ahora defiende como si fuera la única opción de relación gobernantes- gobernados, a nadie conviene más que el ciudadano no se haga cargo de revisar sus gestiones, de verificar que el dinero que dicen gastar es lo que gastan y no más, que el ciudadano exija cuentas y los pueda inclusive quitar de su puesto a manera de castigo. Un político alejado de sus funciones y un ciudadano que no actúa como tal.
Este proceso se puede observar en el grado de atomización e individualización “Cuanto más la sociedad se humaniza, más se extiende el sentimiento de anonimato, a mayor indulgencia y tolerancia, mayor es también la falta de confianza personal, cuantos más años se viven, mayor es el miedo a envejecer”[2]. El hombre moderno que sufre de este proceso de personalización, deja de pensar en el contrato social y se deja llevar únicamente por los colores del partido político, por la idea de defender un discurso, no importa si este es el que le convence o sólo es un instrumento para sentirse mejor que los “otros” que votan por el partido equivocado, abandonando el resultado, no importa quién gane sólo importa sentirse diferente a los demás.
En la medida en que triunfa este narcicismo o atomización del individuo, triunfa la legitimidad democrática, ya que la base de los regímenes democráticos son los partidos y sus luchas electorales, la oposición, la información y la voluntad particular.
Esta indiferencia se combina con el posmodernismo de los contrarios, no se vota, pero se exige que haya elecciones, nadie está interesado en los programas sociales ni en las plataformas, pero se demanda la existencia de partidos políticos, no se leen periódicos pero se lucha por la libertad de expresión y la prensa libre.
Es precisamente en esta delgada línea donde el gobierno actúa y se legitima, pues mientras la poca efectividad de su capacidad de respuesta se hace cada vez más evidente y la política pasa a un segundo plano, la lucha electoral toma un lugar preponderante ya que se convierte en el todo de la democracia. Se busca el equilibrio social a partir de situaciones de conflicto, algunas que son inherentes al propio sistema político y otras inventadas o creadas por la clase política. De esta forma, el ciudadano tiene la concepción de contar con un gobierno preocupado en defender sus intereses, que trabaja para buscar la paz y la confianza social.
El proceso electoral de 2006 nos dejó con un amargo sabor de boca y nos demostró que la democracia mexicana es aún precaria, quedó de manifiesto que la clase política está más interesada en continuar con su defensa de clase y no a favor de los ciudadanos que acuden a emitir su voto a las urnas.

Las próximas elecciones que se llevarán a cabo en 2012, tomarán el mismo rumbo si no se actúa pronto y de manera eficaz, lo que está en juego no sólo es una elección presidencial, si no el futuro de la paz y de la estabilidad social.
Las luchas internas en los partidos políticos han comenzado, olvidándose de los verdaderos principios para los cuales están hechos. En el Revolucionario Institucional (PRI) pareciera que ya se decidieron y el virtual candidato, Enrique Peña Nieto lleva ya casi dos años en campaña, aunque parece que el Senador Beltrones también quiere alzar la mano, sin embargo sólo uno de esos accidentes o de esas cosas extrañas que tiene la política mexicana evitaría que Peña Nieta sea el abanderado priista para “la grande”.
En el Partido Acción Nacional (PAN) las cartas aún se están moviendo y son cuatro los aspirantes a ser candidatos (Vázquez Mota, Lujambio, Cordero y Creel), ninguno de ellos con una fuerza real ni un capital político de respeto, sin embargo cuentan con la pieza más importante de este juego “democrático”, tienen al representante del Poder Ejecutivo cómo su cabeza y líder, lo que hace pensar que en cualquier momento este puede cargar los dados desde los Pinos y se hará valer el peso presidencial[3].
El caso del Partido de la Revolución Democrática (PRD) es un aparte, pues la disputa se encuentra entre dos de sus más prominentes miembros (claro esta cómo casi siempre en este partido, dos ex priistas arrepentidos y conversos a la izquierda). Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, ambos competidores se dividen los favores del partido entero.
La crítica del primero y de su Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) ya la hicimos en Escrutinio #66, “México Estado Laico”. En relación a Marcelo Ebrard, quién también se alista para poder ser el candidato oficial del partido del sol azteca, pareciera que coquetea más con los partidos de derecha y de centro que con la misma izquierda.
Lo anterior lo decimos basándonos en un suceso ocurrido entre estos dos personajes. En el año 2000, cuando Andrés Manuel era candidato del PRD a la jefatura de gobierno del Distrito Federal pidió al entonces candidato del Partido del Centro Democrático (Ebrard) que declinara a su favor, este ni tardo ni perezoso le respondió con una carta donde textualmente se puede leer “Ni yo, ni el PCD somos de izquierda” y concluye “Te anexo un borrador del posible compromiso del centro y la izquierda en los términos referidos. Ustedes (PRD) tienen la última palabra”. [4]
El ahora flamante y progresista Jefe de Gobierno, parece seguir los pasos de Peña Nieto, al entrarle al juego de las revistas del corazón y hacer que los habitantes de la Ciudad se interesen más por su imagen de joven exitoso, con una bella mujer a su lado (igual que la pareja Nieto-Rivera), que por sus negocios turbios por la construcción de las líneas del Metro bus, o ni que decir de sus grúas -todo el día intentando llevarse todos los carros a la menor provocación-, cuyos choferes y policías declaran “es que el jefe quiere lana para su campaña”.
El pasado 3 de agosto, se lanzó la Red Marcelo bajo el título de Fundación Equidad y Progreso A.C., cuenta con una participación de 18 Estados (Aguascalientes, Baja california, Chihuahua, Colima, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí), donde se impulsará la candidatura a la Presidencia de Ebrard.
Para concluir con este escenario de polarización que estamos por vivir en las futuras elecciones, se suman a este “destape” un grupo de intelectuales, entre ellos Carlos Fuentes quién declaró en días pasados que él apoya a Marcelo como lo hizo la “maestra” Elba Esther Gordillo quién también se sumó a la larga lista de apoyo al candidato y que basta recordar su activa contribución al triunfo de Felipe Calderón.
Este contexto nos deja en la posibilidad de que la clase política genere algo parecido al 2006 donde vimos con tristeza y quizá un poco de temor cómo el país entero se dividió y polarizó ante las alternativas de gobierno. Estamos en la antesala de otro resultado controvertido, cerca de otra severa crisis poselectoral. De seguir así las cosas, los beneficiados directos será el partido en el poder, ya que todo el apoyo que ganó la izquierda en las pasadas elecciones de 2006, se podría perder, en caso de no tener un mecanismo adecuado para escoger a su interior, cuál de las dos opciones es la mejor.
La pasada crisis poselectoral demostró los errores, omisiones e irresponsabilidades de la clase política y al mismo tiempo fue el laboratorio donde se gestó la polarización de la democracia. Al final es la mejor forma de hacer que la población hable del trabajo y las soluciones que dará el gobierno y no de sus fallas.

Por último, es necesario que, tanto partidos como gobierno, cambien las reglas del juego si es que quieren que la institución electoral recupere la confianza de la sociedad, se tendrá que generar un mecanismo más eficaz para escoger a los consejeros para que estos no tengan sospecha de defender los intereses de clase o de partido.
[1]En algunos países se celebran dos vueltas de elecciones hasta que un candidato salga triunfador con un margen tan amplio que no quepan dudas.
[2]Lipovetsky, Gilles “La era del vacío”, Edit. Anagrama, Barcelona. 1998.
[3]Dos Meses después de haber dejado la presidencia, Vicente Fox, en una entrevista en Washington afirmó “Con respecto al desafuero que propuso para López Obrador que perdió en el momento que tuvo que retirar los cargos, pero que 18 meses después me desquité cuando ganó mi candidato”.
[4]Carta fechada el 14 de marzo del año 2000.

18 AGOSTO, 2011
Bien lalo.
18 AGOSTO, 2011
HéCTORQue tal lalo, es bueno saber que aún se pone empeño en algunos artículos y así lo demuestra tu buen juicio. muy acertada me parece la idea sobre la existencia de una indiferencia social hacia la política y la participación, mediante la cual el gobierno actúa y se legitima.
de hecho, al gobierno no le interesa que exista gente crìtica y pensante y en su lugar contraponen a personas a las que ven como clientes u objetos, cuyas conductas son orientadas se`gún los propios interéses de las élites de poder; y a su vez, acrecentadas por los medios de (des)comunicación. pues como diría duverger: así, "las clases poderosas se aseguran una gran ventaja".
si el 2006 nos dejó un mal sabor de boca, todo apunta a que en 2012 nos dejarán con la boca podrida, puesto que aún vemos, y con mucho descaro, las peores practicas políticas. y aunado a esto, los medios siguen haciendo bien su trabajo: "informando" a la gente con sus noticieros tendenciosos y amarillistas; educando con programas como "la rosa de guadalupe"; y transmitiendo programas muy criticos como laura en america; joder!!!y claro, lo mismo que sus contrapartes de tv azteca. saludos y mucho exito.
20 AGOSTO, 2011
EDER NODA Dijo:Coincido con héctor, sobre tu atinado análisis y buen juicio.
tal pareciera que nos encontramos en una poliarquía, permitiendo agregar algo a tu discusión sobre la modernidad, lo individual, lo personalizado, etc.
poliarquía según dahl es en dónde "la mayoría, actúa de forma tiránica utilizando los procedimientos democráticos para imponer su voluntad en una (o la) mayoría?ampliando el número, tamaño y diversidad de las minorías cuyas preferencias influyen en el resultado de las decisiones gubernamental".
agregando también, que en el país aún se gesta la democracia representativa y digo gesta por que ha sido boicoteadas por los fraudes electorales y la impunidad; esto indica que nos hace falta mucho como sociedad civil organanizada y consciente para poder pensar siquiera en una democracia participativa, deliberativa, en donde el papel del pueblo, del ciudadano simplemente constituye una dictadura colectiva.
enhorabuena mi estimado eduardo.
22 AGOSTO, 2011
ARMANDO FLORESFelicidades por el articulo, que describe a la perfección la realidad política de las elecciones un verdadero circo de la simulación
23 AGOSTO, 2011
AFRODITSAMe llama mucho la atencion la información acerca del presidencialismo y por otro lado el gobernadurismo que desde hace ya varios sexenios se ha venido cosechando en varias entidades del país. a veces creemos que el poder absoluto emana de la misma manera que se tendia ha hacer en los años de los prinosaurios, pero ahora ha resultado "pior" pues no hay un acuerdo entre ejecutivo federal y locales, derivando en una luicha constante entre los gobiernos estatales y el propio presidente de la republica. sumandole a esto la desvinculacion y el gobierno dividido que se ejerce en las camaras de la republica. lamentable situacion que vive el pais. muy chido el articulo...
24 AGOSTO, 2011
MARCO ANTNIOSaludos. excelente artículo, muy bien escrito y dirigido. el mal sabor de voca continua, al igual que la fórmula priista de gobernar y dirigir condiciones de la forma de negociar la silla presidencial. me parece que los partidos hacen lo suyo, pero los candidatos solo esperan el tiempo de reconocer acuerdos y respetar negociaciones hechas ya hece casi doce años. tal vez las cosas no sean tan complicadas y la presidencia se decide en un caballeroso juego de domino entre tres sujetos y, lo demás es teatro y migajas que lamer entre subordinados. no habrá que olvidar que el buen teatro es caro, mientras las representaciones callejeras o baratas puedes o no pagar, y si lo haces no duele tanto aunque te quejas eternamente.
en horabuena, un abrazo!!!