Más leidas en Politica
Artículos relacionados
Artículos más comentados
Artículos más comentados (histórico)
La generacion del cambio
Escrutinio No. 70
Al hablar de generación, normalmente nos referimos a un periodo de tiempo, un lapso de espacio-tiempo en el que un grupo de personas toman el control de la política, la economía y de la cultura que otros al morir dejan libre o al espacio-tiempo donde se desarrollan nuevas tecnologías y finalmente al espacio-tiempo donde se da el nacimiento de una nueva forma de pensamiento que hará surgir un cambio en la sociedad, que en todo caso es llamado un “cambio generacional”.
A nuestra generación se le conoce como la generación X – aquéllos nacidos entre 1970 y 1981 – también conocida como la “generación de la apatía” o la “generación perdida”, denominada así por la falta de interés general en asuntos de orden público, por tener una rebeldía conformista. Las sociedades modernas son una dupla de creencias y concepciones que se contraponen, sin embargo conviven. Según Lipovetsky, “las sociedades modernas son: democráticas-disciplinarias, universalistas-rigoristas e ideológicas-coercitivas”[1].
Parte de la sociedad, sobre todo los jóvenes rechazan las ideas centrales de la religión y los valores nacionales. Para un segmento de la población, el discurso central de la religión dominante no cabe en la forma de pensamiento actual y aunado a esto, los escándalos al interior de la Iglesia han separado a muchos jóvenes que antes practicaban la religión por principios culturales, no por iniciativa propia – no siguiendo ni participando de las tradiciones generales. Las fechas en que se recuerdan los acontecimientos nacionales pasan desapercibidos para la gran mayoría de habitantes, rompiendo con los valores nacionales o patriotas, pues se tiene la percepción que de todos modos nada pasa, nada cambia, todo sigue igual. La apreciación generalizada es que no vale la pena leer, pensar y opinar, pues de todos modos nadie puede construir un mejor lugar, un mejor país o un mejor mundo.

Algunos autores indican que este fenómeno se debe a los rápidos cambios que ha vivido esta generación, la tecnología, las comunicaciones vía satelital, los aparatos de reproducción musical pero sobretodo el acceso a las computadoras y con esto la inminente aparición de la nueva forma de vida de millones de jóvenes alrededor del mundo: “las redes sociales”.
En México, esta generación se caracteriza por el subempleo, desempleo y la carencia de valores sociales, millones de jóvenes (también llamados nini´s) no adquieren un compromiso real con ningún tipo de ideología, finalmente es más fácil dejarse llevar por las modas, por el vocabulario popular, por lo que todos piensan. Los valores antes internos, se han convertido en valores externos, lo que te hace valer es lo que tienes (hablando del sentido económico de las cosas) cuánto ganas, el automóvil que tienes, la marca de ropa que usas, etc.
“El derecho a la libertad, en teoría ilimitado, pero en todo momento circunscrito a lo económico, se instala en lo cotidiano… El individualismo hedonista y personalizado se ha vuelto legítimo[2]”. Y así el ciudadano se aleja cada vez más de la esencia social y del concepto de bienestar colectivo.
Sin embargo, el mundo está cambiando o al menos eso parece, el imaginario colectivo de los pueblos comienza a despertar, las personas se han dado cuenta que la democracia puede dar un salto -de ser eminentemente representativa, pasar a participativa.
Los últimos acontecimientos ocurridos en Libia, Egipto y España nos obligan a pensar que un cambio mundial en los sistemas políticos es posible, un giro orientado más a las verdaderas necesidades de la sociedad, una sociedad que se informa, se organiza y se compromete con la indignación de ver a unos cuantos haciendo ricos, mientras una amplia mayoría vive en una pobreza que se acentúa cada vez más. Los ciudadanos en la pobreza y sus representantes en la opulencia.
Algunos teóricos alegan que se necesita de un cierto nivel de preparación e información para que las personas puedan entender, razonar y hablar de política. Gabriel Almond y Sidney Verba clasifican y estudian los niveles de cultura política[3], que definen como un término con una fuerte base de culturalismo – ciencia política, antropología y sicología - y la dividen en: parroquial, de súbdito y participativa, siendo esta última la que acaba por marcar diferencia y hace del ciudadano un ente activo y participativo, un ciudadano, interesado en los temas de corte político, de interés público y de temas como el mejoramiento de su colonia, ciudad o país.
Un ciudadano es movido por la pasión[4], la actuación, el compromiso, la participación y la razón cotidianos. Al final la política es, sólo la toma de decisiones y el ser humano, las toma todo el tiempo, qué comer, qué vestir, con quién ser amigable, por dónde irse al trabajo, cómo actuar en la calle, etc.
La política es pues, una simple toma de decisión, pero en los más altos niveles las decisiones se hacen más y más importantes, el inconsciente colectivo ve sólo esa parte de la política y confunde política con poder, es ahí donde los poderosos tejen sus discursos y los medios masivos hacen su trabajo de confusión y enajenación.
Lo que más les conviene a los políticos de profesión es que los ciudadanos no piensen en trabajar, vigilar y supervisar que todo se lleve a cabo como debe ser, que los representantes cumplan con lo prometido en campaña, que los gobernados exijan legislaciones que les den mejores condiciones de vida, etc.
El deber ser no pertenece más al ciudadano, la democracia se convierte y se representa en el voto, y este es lo más cercano que se está del sistema político mexicano y de “la clase política”.
En estos tiempos, la razón ha sido reducida a un discurso técnico sobre los medios, a una discusión sobre los fines de la propaganda. Como señala Lipovetsky, “la discusión acerca de los objetivos de una sociedad ha sido obstruida por la industrialización de la razón”[5].
Ello nos lleva a pensar que los objetivos centrales de las sociedades modernas son los adelantos tecnológicos y la economía como eje fundamental de la vida pública. Nunca como ahora las finanzas son señales de progreso y de “primer mundo”, el mundo al que todos los países del orbe aspiran llegar, para denominarse democráticos: hoy, dinero y finanzas públicas “sanas” son sinónimo de éxito gubernamental.
La clase política ha tomado estas prácticas justificándose en lo alejado que está del pueblo, es decir, algunos expertos opinan que en la edad moderna la mitología se encuentra en la ideología política. La búsqueda del gran líder que todo cambiará, la persona que con sólo su presencia moverá los corazones y las voluntades de los más y con esto el país saldrá adelante de la mano de este personaje bueno, honrado, honesto y capaz.

El ciudadano promedio piensa que sólo los grandes hombres de la política están capacitados para hacer este trabajo, el papel que juega el mito dentro de la cultura política, hace del político alguien especial, hombres con capacidades diferentes, los hacemos poderosos, por eso para la mayoría de los ciudadanos está prohibido – o creen que no vale la pena - hablar de política e incluso la comparan con la religión y futbol, por la gran pasión que genera lo social, lo espiritual y lo lúdico en estos temas. Así la política, religión y el futbol se convierten en los nichos de los grandes mitos para el hombre moderno.
¿Cómo se llega a este distanciamiento entre gobernantes y gobernados? Una de las explicaciones más frecuentes en los análisis de discurso -que tan de moda se han puesto en los últimos años- se centra en la idea de que si la crítica no está respaldada por alguien en particular, pierde validez. “El gobierno vuelve a fallar” podría ser una expresión de cualquiera, pero el uso desmedido de sustantivos abstractos, hace que se desvíe la fuerza de la crítica, minimizando y distrayendo al ciudadano que pensaba levantar la voz. En términos de Chomsky esto se podría definir de la siguiente manera:
“Debajo de la superficie de una elocución, desde este punto de vista, se encuentran sucesivas capas de estructura, transformadas o clasificadas de distintas maneras. Un oyente o lector puede intentar recuperarlas hasta alcanzar el conjunto subyacente de formas básicas. Así pues, una decodificación completa es un viaje hacia estas profundidades, siguiendo en reversa la génesis supuesta de la elocución: una descripción de las formas subyacentes y una historia precisa de lo que les ha acontecido[6]”
Los acontecimientos pasados por el tamiz de los medios masivos de información adquieren otro contexto y en ocasiones pasan al olvido, dependiendo de cómo se maneje la información de dicha situación. La memoria histórica que tanta falta nos hace como sociedad se traduce en palabras, dichos, burlas, chistes… Al final la sociedad mexicana se caracteriza por reírse su propia desgracia, se burla de sí mismo.
Los gobernantes saben bien esta situación y la aprovechan de muchas formas, es bien sabido que cualquier actuación por indignante que esta sea, con el tiempo se difumina, se olvida. Sin embargo, gracias a una reducción de las distancias y el aumento de las vías de comunicación, a través del Internet y las redes sociales, a esta generación ya le tocó un cambio en la estructura mental, de alguna manera estas redes nos hacen leer más, estar más informados, saber qué pasa en otras latitudes, se han convertido en una avalancha de buenos deseos, de citas de los grandes pensadores de todos los tiempos, de fuentes para exhibir las críticas, de observación del desempeño de los gobernantes. Nunca en la historia del hombre se había tenido acceso a tanta información y apertura a las cuestiones que antes eran catalogadas como “Top Secret” en los escritorios de algún importante servidor público, pues ahora se ha puesto de manifiesto que la población está preparada para exigir lo que como sociedad nos corresponde.
Si bien es cierto que con la historia no se puede especular, si se puede generar con ella escenarios para analizar y preguntar. Un cuestionamiento que no puede escapar al análisis de los alcances de las redes sociales es ¿Qué hubiera pasado si al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) le hubiese tocado la época del Twitter o del Facebook? ¿El movimiento se hubiera hecho más grande? ¿Se habría gestado un levantamiento social como el que ahora tiene España? ¿O como el que tuvieron países como Egipto, Túnez o Libia? No se sabe, lo que sí es cierto es que no estamos imposibilitados, ni alejados de lograr eso como país y como sociedad: la movilización.
El parecido que hay entre todos estos movimientos son los discursos de reivindicación social que hay en ellos, el no uso de las armas dio paso al uso racional, consensuado y eficaz de la palabra.
La revolución como concepto, obtuvo su verdadera esencia, es decir, un cambio rápido, radical y profundo respecto al pasado inmediato.
En esta ocasión, la revolución no está acompañada de armas, violencia, sangre y muerte, sino se plantea una revolución de conciencia, de amor, de dignidad, de libertad, por tener acceso a la cultura, a mejores condiciones de vida, etc.
En México, el EZLN ya había utilizado ese tipo de palabras, –dignidad, paz, justicia social, libertad, tierra, salarios dignos etc. - conceptos que ahora llenan las calles y las plazas de España y llenaron las de Egipto, Túnez y Libia. Todos los actores sociales hablan ahora de dignidad, paz, justicia e igualdad.
Cada día hay más espacios públicos de reflexión, de crítica social hacia los gobernantes, los espacios en la red (Internet) se multiplican y las voces de descontento se alzan, la sociedad comienza a organizarse, empieza una nueva era en la relación gobernados-gobernantes. La reunión entre el presidente Calderón y el grupo que acompaño al poeta Javier Sicilia en el Castillo de Chapultepec hace que las esperanzas de muchos mexicanos se ven reforzadas ante lo inédito del suceso. Se abre pues en México un panorama donde caben todas las ideas de la democracia participativa.

Es cada vez más frecuente escuchar las palabras rendición de cuentas, transparencia, ciudadanización de las instituciones de gobierno. Parece que el ciudadano adquiere cada vez más fuerza, se alcanza a organizar, a través de las redes sociales hace que su voz se escuche en más lugares, aunque sea sólo dentro del círculo del Internet, reducido aún para unos cuantos.
México está preparado para pasar a la democracia participativa, al modelo donde todas las voces son escuchadas, donde como dice Jürgen Habermas, las instituciones sean escenarios abiertos a debate público si se desea que sigan siendo legítimas, donde los ciudadanos escojan a los candidatos y no dejen que los partidos sigan imponiendo a quien ellos quieran, donde los gobernantes estén bajo escrutinio público constante, donde existe la rendición de cuentas, donde hay revocación de mandato, donde el ciudadano lleve una agenda de las propuestas del representante, donde se premie y se castigue al gobernante. Esto ya no es una utopía, es una realidad en otras latitudes, hagamos valer nuestra voz, con organización, difusión, valor y constancia lo lograremos.
Jesús Eduardo Hernández Estrada.
[1]Lipovetsky Gilles “La era del vacío” Edit, Anagrama, 1998, España.
[2]Ibídem.
[3] Aquí una liga para entender y leer acerca del concepto http://es.scribd.com/doc/37429187/Cultura-Politica-Almond-y-Verba
[4]Antonio Gramsci hace toda una reflexión en torno al Príncipe de Maquiavelo llegando a la conclusión que es la pasión la animación o movimiento de la voluntad del hombre, haciendo de este un personaje comprometido y activo en los temas sociales… El príncipe es pues el organismo de participación, es decir, el partido político que tendrá como único objetivo la seguridad, bienestar y las mejores condiciones de la colectividad. http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/britos52.pdf
[5] McLellan David, “ Ideología”, Edit, Nueva imagen, México, 1994.
[6]Kress G, Hodge R, Lenguaje e ideología, Edit Siglo XXI, México, 1995.
