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Aproximaciones a los actuales laberintos de México
Escrutinio No. 68
Si tuviéramos que definir la realidad política y social de México en la actualidad tendríamos que hablar de inestabilidad. Todo en el país es inestable, y todo exuda crisis a su alrededor. ¿Exageración? Veamos algunos datos económicos y después trasladamos el ejercicio al terreno político y social.
Tomando como referencia los años 1983 al 2009, es decir los 27 años que el modelo neoliberal se lleva imponiendo en México, la economía ha crecido únicamente 2.1% en promedio, según datos del Banco de México, cuando las recomendaciones de la Organización de Naciones Unidas y otros organismos internacionales apuntan a un crecimiento mínimo entre el 5% y el 7% para un desarrollo optimo del país..
Veamos otros indicadores. Con datos de 2009, México tiene PIB por arriba del 1,000,000 de millones de dólares, en términos de Paridad del Poder adquisitiv), lo que lo coloca como la 11ª economía del mundo (aunque en el 2001 era la 9ª y en 1982 la 8ª). De seguir así la tendencia, para 2040 el país se desplazará hasta el 16º lugar, por debajo de Turquía e Indonesia.

En esos 27 años de ortodoxia neoliberal, el poder adquisitivo de los trabajadores ha sufrido una merma del 71.4% en el índice de los salarios mínimos, lo que ha significado que el país se haya anclado en el subdesarrollo. Esto implica que -según el economista de la UNAM, José Luis Calva, si en 1982 el PIB percápita de México casi duplicaba el de Corea del Sur (11,668.4 dólares contra 6,676.7 dólares); en 2009 el PIB percápita de México apenas alcanzó los 13,339.4 dólares, mientras que el de Corea del Sur ascendió a 27,790.6 dólares. Cómo consecuencia, siguiendo al mismo investigador, Corea del Sur cruzó la línea que separa a los países subdesarrollados de los países industrializados o de altos ingresos (20,000 dólares de PIB parcápita, más otros indicadores de alto desarrollo humano).
Lo más lamentable, es que -aún en el terreno de la economía, dónde los neoliberales intentan dar lecciones de buena conducción estata-l, los datos siguen siendo desastrosos. Si observamos la estrategia comercial desarrollada en México, es evidente la dependencia que existe con la economía Estados Unidos: mientras que en las grandes esferas de las finanzas y el comercio se habla de “economías complementarias”, en los hechos observamos que el comercio entre México y EUA en 2009 significó el 80.5% de los 229,000 millones de dólares del total de las exportaciones, y 48% del total de los 234,000 millones de dólares en importaciones de México hacia EUA y de tan sólo el 14% y 11%, respectivamente, del comercio de EUA hacia México. ¿Complementariedad o dependencia? Los datos son hilarantes.
Lo único que ha crecido en México, desafortunadamente, es el desempleo y, de la mano de este, la pobreza, la delincuencia y la inseguridad; una triada que lesiona con enorme costo de vidas humanas y proyectos frustrados la realidad del territorio mexicano. Si tomamos los datos del informe “Empleo-Desempleo en México, 2000-2010”, elaborado por el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM -basados en los informes INAPO y del INEGI-, en 2010 más de la mitad de los 112 millones de mexicanos estaban en edad de trabajar, pero sólo obtuvieron trabajo estable o temporal el 53.47% de la población, lo que arrojó a un 27.35% al trabajo informal o al desempleo abierto. En estos diez años, el país ha aumentado su déficit de oferta de empleos de 10 a 12 millones de personas, pues tan sólo se han creado 2 millones de empleos de los 10 millones requerido en este periodo de tiempo.
Los datos anteriores han provocado que la cifra de mexicanos que viven por debajo de la línea de la pobreza y la pobreza extrema sobrepase los 70 millones, que el número de migrantes hacia Estados Unidos u otros países aumente, y que la inseguridad sea un tema del que todo mundo habla para referirse a la pauperización de las condiciones de vida de la sociedad mexicana. A la par de estos indicadores, el gobierno mexicano fue incapaz de crear alternativas en el terreno educativo; y aun más: der empleo a los pocos profesionales que egresan de las escuelas públicas y privadas.

Si hablamos de inversión en Desarrollo Social, podremos observar un decrecimiento en términos reales del gasto corriente en salud, educación, vivienda y alimentación. Enormes cantidades de dinero han ido a parar a las fuerzas armadas para sostener la demencial “guerra contra el narcotráfico”. De 2006 el crecimiento de los recursos que se destina al ejército acumula un 44% de crecimiento, pasando de 44,496 a 64,348 millones de pesos en 2010; lo que representa el 0.5% del PIB; porcentaje bastante bajo si se le compara con el de otras grandes economías, pero que contraviene el espíritu de la “Doctrina Estrada”.
Analicemos ahora la inseguridad y la delincuencia. Según la administración de Felipe Calderón, el problema de la inseguridad en México es un “problema de percepción”, declaración hecha por algunos secretario de Estado y reforzada por el propio presidente de la República, sin importarles sus propias cifras oficiales hablen de más de 40,000 muertos en lo que va de su propia administración: 10,000 muertos por año, sin contar con el enorme número de desaparecidos.
Analicemos este “problema de percepción”. México se ha convertido en una encrucijada, violenta y peligrosa. No es un secreto que la inseguridad que se vive en varias ciudades importantes del norte del país y comunidades rurales ha terminado por impactar en todo el territorio, hasta afectar a los países vecinos, como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. El clima de crispación que se vive cotidianamente en el país, ha provocado un estrés permanente entre toda la población, la cual vive con un temor inexplicable, casi paranoico, que se ha traducido en abulia política.
El más reciente índice sobre la percepción de inseguridad en México, elaborado en el mes de marzo y presentado en los primeros días de abril, arroja cifras aceptables en términos de la gobernabilidad institucional, pero no retrata fielmente el sentimiento de frustración que acompaña permanentemente a los mexicanos. Si uno sale a las calles de la ciudad de México y pregunta si se sienten inseguros la respuesta será inmediata: sí, pero no tanto como en el norte del país; este sí, estaría demostrando dos cosas: estamos mal, pero no tanto y, segundo, la seguridad no es algo que el gobierno pueda asegurar en este país.
Claro, no es posible hacer esta pregunta en Tamaulipas, Ciudad Juárez o Nuevo León, pues en estas, otrora boyantes ciudades fronterizas, las personas no quieren hablar por temor a la represalia del narcotráfico, el ejército y la policía; es decir, en términos reales, el gobierno mexicano tampoco puede garantizar el derecho a la libre expresión en todo su territorio. Si a lo anterior le sumamos el secuestro masivo de migrantes centroamericanos y nacionales en las carreteras de todo el país, concluiremos que el gobierno mexicano tampoco puede garantizar la libre circulación de personas en todo su territorio.
El problema de percepción del que habla el gobierno mexicano lo tienen los propios funcionarios del gobierno, los cuales no han sido capaces de observar con nitidez los sucesos que se presentan en el día a día, colgándole a la población el costo social de su “cruzada” y estigmatizando a sectores completos de la población, como los jóvenes; que aparte sufrir la inseguridad, padecen la persecución por equiparar la idea de juventud con la de vandalismo, pasando de ser víctimas propiciatorias a culpables de sus propios asesinatos.
Vayamos al inicio del actual caos: cuando FCH intenta tomar posesión, se da cuenta de su enorme debilidad, por lo que una noche antes de tomar posesión ante al Congres, se reunió con el alto mando castrense y ahí mismo improvisó, anticonstitucionalmente, una toma de protesta. Nada más sintomático de lo que iba a suceder durante lo que lleva de su sexenio: una estrategia basada en la fuerza del ejército para consolidar su dominio frente a sus adversarios y la sociedad en su conjunto, sin dar pauta para una revisión minuciosa de la legitimidad y legalidad de las elecciones presidenciales que lo catapultaron a la primera magistratura de la nación.
El uso faccioso de las fuerzas armadas ha provocado en ellas un desgaste innecesario, lo cual se deja ver en el lento pero permanente desprestigio que van acumulando día con día; si bien es cierto que las fuerzas armadas del país aún no llegan a los niveles de desprestigio que tienen los políticos profesionales y los policías, la asociación de las fuerzas armadas con la estrategia fallida en contra del crimen organizado del Ejecutivo Federal, le ha restado puntos frente a la sociedad.
La actual estrategia para combatir el crimen organizado ha fallado contundentemente en impedir el trasiego de enervantes hacia los EUA y la venta de estos en el país, así como ha fallado en detener el tráfico de armas en el país, el alto índice de secuestros y asaltos de manera violenta; pero no así ha fallado en otro tipo de fines que, veladamente se perseguían: en primer lugar, el gobierno del FCH pudo contener la protesta social, Pocos son los movimientos movilizados y bien organizados en la actualidad, pues a excepción del movimiento de los trabajadores del extinto Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), y el movimiento de resistencia de AMLO, ahora conocido como MORENA, la sociedad mexicana ha quedado estupefacta en la disputa armada de los dos frentes beligerantes: el crimen organizado y las fuerzas armadas, frentes bastante amorfos, que por momentos se confunden y retroalimentan entre sí.
En segundo lugar, se ha logrado apuntalar, nuevamente, el modelo neoliberal. Sin llamarlo por ese nombre, FCH es casi el único mandatario en el mundo que sigue defendiendo a capa y espada las privatizaciones como solución a los problemas de fondo; así, ha avanzado en el desmantelamiento y venta de la industria eléctrica, petrolera y de las telecomunicaciones; ha favorecido las grandes tasas de ganancia de las empresas extranjeras, donde figuran las bancarias, de energía y mineras; ha fortalecido los monopolios, principalmente el de telecomunicaciones.

En tercer lugar, ha propiciado que México entre, en el mercado de armas, dejando atrás su vocación pacifista y su tradición de neutralidad. Hay que observar con detenimiento la evolución del presupuesto destinado a las fuerzas armadas del país, sobre todo para encontrar el hilo que nos lleve a los grandes negocios que se están gestando tras la “guerra contra el narcotráfico” y su subsecuente encarecimiento de las drogas y el comercio de las armas.
Para terminar, hay que documentar que la “agenda del miedo” que todos los actores políticos “profesionales” habían aceptado, se ha presentado una iniciativa ciudadana que ha logrado impactar en la opinión pública. Se trata del movimiento convocado por el poeta Javier Sicilia. Tal iniciativa puede ser la punta de lanza que aglutine a los diversos movimientos que en la actualidad se encuentran dispersos y que reanime a la movilización a una sociedad indignada pero desconfianza y con miedo. Ciudad Juárez puede ser, no el esperpento de la “Ciudad Heroica” que hoy le han colgado los “señores de la guerra”, sino la ciudad de aquellos, como Francisco Villa, que lucharon porque cualquier sitio de este país sea parte de la Patria!


12 SEPTIEMBRE, 2011