Los jóvenes y la religión ¿En qué creen ahora?

23 Abril, 2011
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Aldo Carrillo

Escrutinio No. 66

Primero estuvo Dios, como un todo, desde la lógica religiosa. Durante varios siglos la religión católica predominó el espectro de demanda de los fieles en México. Desde la conquista de América, la cruz y la imagen de Jesús han sido un estandarte de las necesidades y respuestas de las personas.

Existe una precondición necesaria para obtener los beneficios de un Dios o santo en la cosmogonía religiosa: aquel que quiera vivir, necesita olvidarse de su propia vida.

Dos conceptos siempre hacen ruido al momento de tratarse sobre la mesa: la religión y la religiosidad. Por un lado la religión predominante en México, como país de arraigos, siempre ha sido la católica, sin embargo, con el tiempo la forma en la que se vive “la pasión de cristo” ha cambiado. Por otro, la religiosidad que implica los rituales, lo cotidiano, cómo se ve y cómo se viven las creencias está pasando una factura inesperada a la iglesia católica.

El jueves, 20 de abril, trascurrió como cualquier otro, desde que despuntó el alba, “los puestos” de agua y comida ya estaban instalados en el pueblo de San Juan Ixtacala, Estado de México, lo mismo sucedía en la colonia Romero Rubio en Venustiano Carranza. Año tras año se repite la historia. Semana santa, ¿semana de reflexión?

Parece absurdo. Es nostálgico quizá por las implicaciones culturales e infantiles, pero está semana santa en San Juan Ixtacala y Romero Rubio se observó el deterioro de las tradiciones religiosas. Rememorar las manifestaciones de la religiosidad en los barrios populares, el color y las raíces de un pueblo católico por condición, era lo único que importaba en estos días. Un año de preparación, selección e inversión para llegar a esta semana y expresar lo que para todos los participantes es el sentido de su acontecer.

El viernes la procesión continuó. La gente se aglutinó tras el contingente que representó la obra. Unos 100 asistentes cuando mucho, bajo el pesado rayo del sol primaveral. Unos se integran, otros se van. Pasa el día y los jóvenes que participaron la noche anterior recuperan fuerzas en casa, para cuando caiga la noche.

Un Jesucristo físicamente distinto al rostro más famoso, pero al tiempo totalmente desconocido, del hijo de Dios. Trajes mal hechos, mucho sudor gritos…”pégale, mátalo”. Es evidente el cansancio de algunos participantes, pero no pueden renunciar a su tradición, lo hacen por fe, para expiar culpas, para pagar mandas, por tradición, por prestigio.

Paseos por las calles, sonidos, altavoces y muchos seguidores, principalmente señoras y adultos mayores. ¿Dónde quedan los jóvenes?, ellos están en los puestos de cervezas, y en la puerta de sus casas.

Sigue la tradición pero ahora tiene que ser mucho más lúdica y laica. Los jóvenes ya no creen, y no saben mucho sobre su religión. Hoy son devotos de “San Judas”, de la Virgen de Guadalupe, de “la Santa”.

Una y otra cerveza, algunos fuman marihuana. Los puestos de comida solo sirven para cubrirse el sol para que los niños coman y se sienten. Los jóvenes creen en Dios, pero han encontrado reposo en “los santos de la crisis” así les llaman los especialistas. “Se ha observado que la pasión de los jóvenes intensifica la violencia con que se vive el culto” menciono el doctor Josué Tinoco en el seminario “San Judas y La Santa Muerte”.

Hoy, se pone en entredicho la existencia de Dios, pero no de la muerte. La gente pide mejorar y nada sucede. Se sienten heridos por la iglesia, ya no creen en ella, pero necesitan creer, dar cauce a su vida. No sentirse solos ante las calamidades.

El INEGI en su encuesta sobre “Principales Religiones” arroja una disminución porcentual en el número de fieles entre el año 2000 y 2010. En el año 2000 el número absoluto de creyentes fue de 74, 612, 373 (Setenta y cuatro millones seiscientos doce mil trescientos setenta y tres) y representaban el 88% de la población.

Para el año 2010 la población creyente aumentó a 84, 217 138 (Ochenta y cuatro millones doscientos diecisiete mil ciento treinta y ocho), sin embargo en términos de porcentaje dicha cantidad representa 83.9% de la población, es decir, hubo un incremento demográfico, pero una reducción porcentual.

Sigue existiendo más católicos por la dinámica demográfica, hubo una reducción porcentual de 4.1% de fieles. Si bien ya no creen en la religión como institución, ni en otras instituciones habituales, urge que crean en algo para justificar su sentido de vida.

Estas consideraciones se ponen de relieve porque los jóvenes hoy participan, aunque de forma poco aceptada por la iglesia y las personas mayores. Es ordinario que el viernes y sábado de esta semana, se registren trifulcas y hasta muertes. No se puede decir que sea culpa de los jóvenes, pero ellos son los principales participantes de dichas riñas.

La crisis de la iglesia como proveedora de sentido de vida para los jóvenes está dejando muchos espacios. El miedo y el respeto se han trasladado a los santos en boga, los altares itinerantes de la santa muerte, la iglesia de san Hipólito para rendir culto a san Judas y las imágenes de san Charbel o la virgen de Guadalupe.

Algunos jóvenes opinan que la fe se mide por resultados y para ellos, no hay mucho que digamos. Las cifras oficiales hablan de siete millones que no trabajan ni estudian pero que sí consumen. El análisis económico serviría para explicar el consumo, pero aquí me refiero al consumo simbólico, ese arrastre que tienen otros jóvenes sobre personalidades en formación.

“Yo vengo porque a mi amiga le hizo un milagro” dice Arely, cuando se le pregunta por qué asiste a la iglesia de San Judas, “yo no sé de Dios, pero sí sé que me voy a morir” comentaba un entrevistado sobre su participación en el culto de la santa muerte.

Quedó atrás la pasión de Cristo que aglutinaba miles de fieles, llegó la modernidad, algunos lo miran por televisión. Otros leen la reseña de Iztapalapa en los diarios. Unos se van de vacaciones, dicen que si no es ahora, entonces cuándo. Para los menos, se intensifica la necesidad de creer, pero para los jóvenes, el sentido de su vida mediante la religión, ya no está en Cristo.

Nietzsche planteaba la muerte de Dios en una sociedad post-guerra alemana, pero hoy, esta pregunta me resulta tan apropiada sin complicaciones filosóficas, sino por el temor que resulta de escucharla a la ligera. ¿Qué responderían los jóvenes hoy en día?

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