JEP y Vargas Llosa en la UNAM

28 Septiembre, 2010
Más articulos
user_pic
Colaboración Especial
  • contacto

Escrutinio No. 56

Ernesto Uriel Jarquin Garnett - @eurielmx

Escrutinio No. 56

El pasado 24 de septiembre, en el marco de los festejos por los cien años de la Universidad Nacional Autónoma de México, se llevaron a cabo en la Sala Nezahualcoyotl, los Diálogos literarios para celebrar los Doctorados Honoris Causa de José Emilio Pacheco y Mario Vargas Llosa –grado con el que fueron distinguidos ambos escritores junto con otras 14 personalidades destacadas en diversas disciplinas.

José Emilio Pacheco e Ignacio Solares. Foto: Beatriz García Acevedo

Entrevistados por Ignacio Solares y Sealtiel Alatriste, respectivamente, ambos literatos abordaron los aspectos más importantes de su obra, y compartieron sus puntos de vista sobre los problemas que enfrentan las sociedades que los vieron nacer y la perspectiva que ofrecen las letras para superarlos.

José Emilio Pacheco –cuya trayectoria universitaria incluye, además de su formación como profesionista de las letras y las leyes, la edición en 1963 de su primera publicación intitulada “Los elementos de la noche”, y su paso por la Secretaría de Redacción de la Revista de la Universidad de México entre otras tareas– no perdió la oportunidad de comenzar la conversación señalando la importancia de una tradición literaria tan nutrida como la mexicana, cuyas raíces alcanzan nuestro pasado más antiguo, y cuya expresión poética, en particular, se ha convertido en la fuente de interés que ha acercado a las nuevas generaciones al mundo de las letras.

Otro tema que ocupó un lugar central a lo largo de la plática con el escritor mexicano fue su aprecio por la Ciudad de México, marco de referencia en el que se desenvuelve más de una de las historias que nos a ha contado a través de las páginas de su obra. Tal aprecio le llevó a compartir con el auditorio que lamenta corroborar que sus viejas preocupaciones respecto a los niveles de violencia que se podían alcanzar en México son ya, parte de la realidad cotidiana.

En cierto momento de la conversación dirigida por Ignacio Solares, éste pregunta a Pacheco sobre su forma de dibujar a la capital del país como una ciudad "deshecha", desde hace ya más de cuatro décadas, a lo que el autor contesta que ahora, aquella ciudad que describía ahora sería un paraíso, comparándola con la nueva realidad de la Ciudad de México.

Incluso no dudo en afirmar, a pregunta expresa del público, que el actual escenario que vive el país, en el que “la guerra (contra el narco) está perdida, como la guerra de Iraq o la intervención francesa en México de los años sesenta del siglo ante pasado”, es resultado de la imposibilidad de combatir “con fuerzas regulares a enemigos irregulares” que además podrían tener apoyo o bases populares. El autor tampoco dudo en declarar que la solución pertinente al problema de la violencia es la legalización de las drogas.

Finalmente, José Emilio Pacheco fue interrogado respecto al papel que debe jugar la Universidad Nacional Autónoma de México en la construcción de nuestro futuro como país, a lo que respondió que asumirse como universitarios implica una gran responsabilidad, recordando que la educación que ofrece la Máxima Casa se paga con los impuestos públicos de manera que la mejor forma de dignificarla es “preparándose lo mejor posible porque se lo debemos al pueblo.” A lo que añadió que, así como la visión crítica es fundamental para lograrlo, mantener una perspectiva autocrítica reviste mayor importancia.

Por su parte, Mario Vargas Llosa, escritor Peruano que agradeció por haber sido “incorporado simbólicamente al claustro de profesores de esta prestigiosa universidad” realizó un recorrido por el desarrollo de su obra literaria, recorrido que comenzó comentando la experiencia que significó para él publicar su primer novela “La Ciudad y los perros”. Recordó que en aquella ocasión tuvo que sostener una “lucha dura, difícil” en “la que la discusión de la censura duró varios meses”. Discusión que se dirimió a favor del joven escritor quien tuvo que enfrentar que se le acusase, por ejemplo, de no respetar a dos de las instituciones tradicionales de las sociedades latinoamericanas: el ejército y la iglesia católica, al representar a un Coronel y a un joven capellán dentro narración.

Posteriormente abundó acerca del rostro político de su obra, a partir de la influencia que autores como Jean–Paul Sartre ejercieron sobre su formación intelectual, y cómo la realidad que él vivió en distintas etapas de su vida, lo llevaron a reconocer en la literatura “un instrumento de combate” y “una forma de intervenir en la vida cívica”. Además, resaltó la responsabilidad que conlleva el oficio literario pues “las palabras del escritor repercuten en la vida de los lectores”.

El autor afirmó en ese sentido, que la literatura expresa unas verdades muy profundas sobre la condición humana, pero las expresa a través de ficciones que son mentiras, que son versiones muy engañosas y muy falaces de lo que es la realidad objetiva”. No obstante, son “un tipo de mentiras que son muy sui géneris, muy especiales, porque sólo a través de esas mentiras se pueden expresar ciertas verdades”. Como ejemplo, habló de La fiesta del Chivo, en donde la dictadura de Trujillo en República Dominicana ofrece “hasta que extremos puede malear, corromper, a la sociedad un régimen de este tipo.”

Al retomar la veta literaria, Vargas Llosa explicó a la audiencia cómo a lo largo de su obra, su técnica narrativa ha atravesado diferente etapas en su desarrollo. Con la publicación de “La Casa verde” él admite que lo que subyacía “era un deslumbramiento por las posibilidades de la forma en la literatura y particularmente en la novela; refleja el engolosinamiento por la experimentación formal, por una manera de construir la historia que la enriqueciera y que le diera mayor sutileza, misterio.” Reconociéndose tributario de escritores como Faulkner, Joyce o Dos Pasos, y reconociéndolos a su vez como los “transformadores de la novela moderna”. Sin embargo, advirtió que llegar a tal “extremo de experimentación puede ser contraproducente porque en lugar de enriquecer la historia, puedes empezar a debilitarla porque la forma se convierte en los más visible, algo que nunca debe ocurrir en una novela lograda.”

 

Consideró, además, la introducción del elemento humorístico en su evolución literaria como un elemento que no se puede excluir de la tradición escrita porque “hay historias que no se pueden contar con una vena seria porque no son creíbles”. Posteriormente, el autor peruano, destacó que en la literatura existen obsesiones que constituyen el alma de la obra, como puede ser el empleo de un mismo personaje en distintas historias, y que la construcción de los personajes es resultado de una mezcla de modelos tanto reales como ficticios. “De tal manera que aunque, en muchos casos uno se inspire en personajes reales para crear un personaje, si ese personaje es creado, al final sus diferencias son siempre muchísimo mayores que las semejanzas con los personajes de la realidad.”

Finalmente, cabe destacar que un elemento común en las reflexiones de ambos escritores fue la juventud. Por su parte José Emilio Pacheco, reconoció que al no tener “ni los conocimientos ni las fuerzas” para abordar temas como la violencia que se vive en el país, serán los jóvenes los encargados de llevar acabo dicha tarea y los invitó a no pensar en la naturaleza deshacedora del tiempo y a vivir cada día haciendo caso omiso de las advertencias de los viejos odiosos que alertan a la juventud sobre las edades venideras. En su turno, el auditorio no desperdició la oportunidad de preguntar al escritor cuál era su opinión de la versión que Café Tacuba hizo de su obra emblemática “Las batallas en el desierto”, a lo que respondió que está “muy agradecido porque no tienen ni idea de la cantidad de gente que ha leído el libro gracias a Café Tacuba.”

Por su parte, Mario Vargas Llosa declaró tener un solo consejo para los jóvenes que buscan hacer de la literatura su vida. En su opinión, “lo fundamental es que quien se dedique a la literatura, lo haga porque encuentra en el ejercicio de la literatura, en el ejercicio de escribir, la mejor recompensa.” Las aspiraciones son accesorias, “lo fundamental es dedicar su vida a ese quehacer, porque gracias a ese quehacer, uno encuentra un orden, un sentido a la vida, algo que organiza el caos que es la vida siempre…” Y recomendó volver la mirada hacia la experiencia de grandes escritores como Gustave Flaubert, en quien reconoce el esfuerzo que el oficio literario demanda, contrariando esa “visión romántica del escritor como un bohemio; alguien que lleva una vida un tanto disoluta, esperando que la inspiración caiga sobre él y le haga producir esas obras maestras. Sentenciando que “en realidad eso no es verdad”.

rss

Comentarios

  1. 1

    30 SEPTIEMBRE, 2010

    IRENE

    Gracias por la nota tan completa!

Deja Un Comentario


Escribe tu nombre.
Escribe tu correo.Correo no valido.
Url no valida.
Campo vacio.

*Cualquier etiqueta HTML sera eliminada.