El Infierno: la vera historia del Bicentenario

15 Septiembre, 2010
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José Antonio García Morales

Escrutinio No. 55

Escrutinio No. 55

"¿Si es cierto que vamos tan bien entonces por qué estamos tan mal?"

Manlio Fabio Beltrones

 

En la espesa bruma del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución –en adelante ambos festejos serán aludidos en conjunto con la palabra Bicentenario-, surge un producto que nos sirve como asidera para entender la realidad nacional. El Infierno, la nueva película de Luis Estrada, hace una crítica social brutal envasada en un producto pop, consumible por el grueso de la población. Y es que en medio de la tremenda propaganda gubernamental y la mercadotecnia del Bicentenario se puede perder el suelo y olvidar la situación por la que atraviesa el país.

En estas fiestas patrias, El Infierno se posiciona rápidamente como la verdadera película del Bicentenario –o quizás del Anti-bicentenario, cuestionando los desenfrenados festejos y el derroche de recursos en estos tiempos aciagos. ¿Tenemos algo que celebrar en el Bicentenario? ¿Es válida la locura colectiva y el gasto excesivo en banderitas –y banderotas- para fomentar el patriotismo patriotero y un nacionalismo ramplón y trasnochado cuando el país se cae a pedazos? ¿Se vale echar la casa por la ventana cuando hay más de 50 millones de pobres? ¿Con tantos municipios ingobernables -o gobernados por el narco? ¿Con 30 mil muertos en lo que va del sexenio?

La historia comienza con la deportación de los EU de Benjamín García, “El Benny”, protagonizado por Damián Alcázar, y el regreso a su desolado pueblo natal, San Miguel Arcángel –o Narcángel, como anuncia un letrero en la película. Los primeros diez minutos son suficientes para saber de qué país habla la cinta: uno que exporta mexicanos, donde no todos los parajes son dignos de ser “una estrella más del Bicentenario”, ni tan bonitos como Polanco o San Pedro Garza García, y donde el ciudadano es extorsionado por los malos y luego por los peores.

A su llegada, Benny se encuentra con su padrino, quien le resume la situación del país en tres palabras: “crisis, desempleo, violencia”. Al oír lo anterior, Benny no titubea en decir: “de haber sabido me quedo del otro lado”. Es así como, ante la adversidad, “El  Benny” termina entrándole al mundo del narco.

 

Una ventana a la realidad mexicana

El largometraje de 145 minutos retrata un amplio segmento del México real, un país donde gran parte de la población no obtuvo patria con la Independencia ni justicia con la Revolución. Muchos de los cánceres que aquejan al país están representados –algunos someramente y otros con bastedad- en la película: la pobreza y la desigualdad social; la creciente expulsión de migrantes al país vecino del norte; el subdesarrollo en gran parte del territorio nacional; la vinculación del narcotráfico con el gobierno y otras estructuras de poder como la Iglesia; el tráfico de armas desde los Estados Unidos; la violencia de la guerra contra el narcotráfico –el México rojo; la corrupción e impunidad en los tres niveles de gobierno; el dinero del narco en las campañas electorales y la narcopolítica; la diversificación de las actividades de los grupos criminales; la movilidad de elementos de las fuerzas policiacas y militares a las filas del crimen organizado y viceversa; la falta de oportunidades para los jóvenes y su fácil ingreso al mundo criminal; la descomposición del tejido social; y hasta el problema de los intermediarios en el campo mexicano –en este caso el destinado a cultivar marihuana, “el verdadero tesoro de la Sierra Madre”- que mantienen en la pobreza a los pequeños agricultores. 

Sin embargo, la película es también una crítica a la cultura mexicana, al individuo, al ciudadano que contribuye con su granito de arena a la gran podredumbre nacional. Queda ejemplificado cómo los individuos –directa o indirectamente ligados al crimen- pueden ser seducidos y corrompidos por el confort y los placeres que trae el dinero fácil, el poder que se gana a punta de pistola.

Cabe destacar que, si bien la película tiene una fuerte dosis de humor negro que se va extinguiendo conforme se acerca al final, los espectadores reían con desenfado en escenas que sólo podrían causar horror a otras sociedades. Quién sabe si es la cultura mexicana la que nos permite tomar con humor hasta los sucesos más obscuros, o si es la familiaridad con la violencia desmesurada que vivimos en estos días la que permite que una sala de cine ría cuando alguien está siendo mutilado en la pantalla.

Otro logro de la película es su acertado esbozo de la narcocultura, desde la construcción del narcotraficante hasta lo narcokitsch. Las lujosas pistolas con incrustaciones de oro y piedras preciosas –bautizadas con agua bendita a cambio de una narcolimosna- y hasta un sicario disolviendo cadáveres, son elementos tomados de la realidad mexicana. Cualquiera podría revisar los periódicos y entender que aquí no hay nada inventado. Narcocorridos y fastuosos mausoleos hechos a la medida de grandes capos o sicarios legendarios; sombreros dignos de magnate petrolero tejano, toscas hebillas “bling bling” y botas con puntas de plata; grandes lentes de diseñador, gruesas cadenas de oro y dijes de cuerno de chivo; trocas, pisto, drogas y morras… todo está presente en la película y todo es real.

 

La juventud arde en El Infierno

En una escena donde unos jovencillos despojan a un recién balaceado de sus pertenencias, una señora dice proféticamente: “igualito van a acabar”. Quizá el mensaje más contundente y terrible de la película es que la juventud mexicana enfrenta un sombrío panorama, y con ellos, el país entero. El Infierno no solamente habla de la falta de condiciones propicias para el desarrollo de esta generación, sino que deja ver un futuro en donde no hay esperanza y el crimen pareciera ser la única salida a la mano de miles y miles de jóvenes. El bono demográfico en México, lejos de ser una ventaja para el desarrollo, se está convirtiendo en una bomba de tiempo, pues los jóvenes sin oportunidades corren a engrosar las filas del hampa. La espiral de violencia marca la vida de muchos jóvenes desposeídos, quienes reciben como única herencia vendettas interminables. Más aún, la película evidencia patrones aspiracionales negativos, donde los jóvenes ven con admiración el riesgoso pero redituable mundo del narco y anhelan pertenecer a él.  Cuando el protagonista de la película le pregunta a su sobrino qué quiere ser de grande, éste responde sin titubear que quiere ser “un chingón” como su “apá”, siendo que el “apá” era un temible sicario. Otro ejemplo es un jovencillo que se aproxima a Benny y le ofrece sus servicios por si algún día se le ofrece “un asistente chingón y machín” para las faenas propias del narco.

Se antoja difícil que un joven en ese entorno, sin oportunidades, quiera estudiar una carrera para luego mandar un CV y conseguir –si bien le va- un empleo mal pagado, cuando puede presentarse directamente con el narco que controla la plaza para conseguir ingresos que probablemente jamás podría alcanzar de ninguna otra manera. Telenovelas, videos musicales, revistas, anuncios espectaculares… el bombardeo de la mercadotecnia hace que casi toda la sociedad aspire a patrones de consumo que sólo unos pocos pueden costear. Por otro lado, las apologías al crimen organizado, los narcocorridos, y en general la vida de lujos que pone a la mano el narcotráfico, son alicientes para que un joven pueda conectar sus aspiraciones con sus posibilidades. No es casualidad que un jovencito desposeído sólo encuentre en el crimen el camino para hacerse de buena ropa y una troca, para entrar a un antro sin ser discriminado por el cadenero, para pagar las botellas y tener acceso a mujeres atractivas.

 

Ahí se los dejo… (apuntes para la reflexión)

No se puede negar la pertinencia de la obra de Luis Estrada, ni menospreciar el gran esfuerzo reflejado en ella.  Sin embargo, en aras de la sátira, se exhibe a los cárteles con cierto aire “retro”, y pareciera que su etapa evolutiva no corresponde al espacio temporal –año 2010- en el que la película está ubicada. Actualmente, los cárteles son mucho más que 5 o 6 sicarios que sacan la chamba del capo mayor. Las estructuras del narco actualmente operan con cientos de empleados con alto grado de especialización y otros cientos de miles ligados de alguna manera u otra a la diversificación de actividades económicas de los grupos criminales –desde la piratería hasta la trata de blancas. Tecnología de punta, anillos de seguridad impenetrables, armamento sofisticado, narcojuniors educados en las mejores escuelas, estilos de vida del jet-set, y revistas de sociales, son hoy parte del narco.

Por otra parte, es un tremendo acierto de Estrada el haber humanizado a sus personajes. Historias particulares, pasiones, miedos, sueños y amores acompañan a los seres humanos, incluidos los narcotraficantes. Capos y sicarios no son máquinas racionales que únicamente realizan acciones desalmadas; por el contrario, muchas veces procuran ciertos bienes a la gente que los rodea –construyendo así un sólido apoyo social. Más aún, los narcos también aman a sus padres, a sus hermanos, a sus esposas, a sus hijos, y luchan como leones para protegerlos, y sufren como cualquiera cuando pierden a alguno de los suyos. Es más, quizá los narcos sufran más por la culpa, al saber que sus condenables actos desencadenaron la muerte de un ser amado.

Además, se piensa que los niños y jóvenes que caen en las redes del crimen organizado carecieron de una guía parental. Sin embargo, la película también toca acertadamente el rol de las mujeres, las educadoras, quienes muchas veces son las que mantienen la cultura del narco. La mamá de Benny sabe que a su otro hijo "lo mataron peor que a un perro" por andar “en malos pasos” pero cuando Benny le lleva regalos, ella se hace de la vista gorda, olvida que el narco es un mundo peligroso y moralmente cuestionable. La mujer de Benny también le advierte que no se vaya a meter en el narco, pero cuando él ya está adentro, cuando ella goza de los lujos que el dinero le da, le dice que tiene que aguantar. Igualmente, ella es incapaz de alejar a su hijo “El diablito” de la mala vida porque -al aceptar el dinero del Benny- acepta de facto al crimen como una forma legítima de ganarse la vida.

Finalmente, otro aspecto que hubiera encajado perfecto en el film de Estrada, pero que no se tocó, es el acoso a los medios de comunicación y al periodismo libre, un clásico más de nuestro país en guerra. Este tema es de suma relevancia pues los medios tienen la tarea de presentar la realidad a la sociedad, y si los medios están bajo asedio y no pueden cumplir su labor cabalmente, la sociedad difícilmente obtendrá la información necesaria para la toma de decisiones.

 

Bicentenario: el pretexto perfecto para un corte de caja

Ciertamente no se puede omitir la parte de responsabilidad del PRI en la creación de las condiciones que permiten esa pregunta provocadora –con la que comienza este texto- lanzada por el Senador Beltrones en el marco del 4to Informe de gobierno de Felipe Calderón. Sin embargo, también es cierto que no se puede tapar el Sol con un dedo… ni con una campaña gubernamental patética –que apela los sentimientos, ni mucho menos con un “Sha lalá lalá”. Cualquiera que sienta que la película de El Infierno refleja –aunque sea parcialmente- la realidad nacional, le dará la razón a Javier “El Vasco” Aguirre con aquellas polémicas pero agudas declaraciones sobre el estado de las cosas en México.

Resultaría ocioso cuestionar si el mexicano se puede definir con el sabor de un chile relleno. Lo que sí debemos cuestionarnos es si el futuro al que nos encaminamos como nación es el “futuro milenario” de Aleks Syntek y Jaime López (léase la atinada crítica de Pavel  Granados) o si será un verdadero calvario -de no modificar el rumbo- como propone Luis Estrada. En palabras del director, es buen momento para hacer un corte de caja y reflexionar hacia dónde queremos ir.

Sería una lástima que muchos jóvenes menores de 18 años, a quienes serviría de mucho la película para orientarse, se la pierdan. Sí, la película es clasificación C; contiene lenguaje altisonante, sexo y violencia explícita, es cierto.  Sin embargo, las senadoras María Rojo (senadora por el PRD, presidenta de la Comisión de Cultura, y actriz que encarna el personaje de Doña Mari Reyes en El Infierno) y Rosario Green (PRI), así como los senadores Ricardo Monreal (PT) y Carlos Sotelo (PRD), presentaron una Proposición con punto de acuerdo que solicita a la Secretaría de Gobernación que, a través de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, reclasifique la película para “ampliar el rango de potencial audiencia, considerando que dicha película pude ser un medio para sensibilizar y concientizar a los jóvenes sobre las consecuencias y los riegos de incursionar en actividades del narcotráfico y el crimen organizado.”

Tal parece que alguien decidió conservar la pureza de las mentes juveniles, quizá susceptibles al contagio del Bicentenario. Por su parte, el Punto de acuerdo presentado en el Senado tiene otra explicación para la clasificación de El Infierno: “Ciertamente resulta “incomodo” el tratamiento de temas “delicados” para el Gobierno Federal cuando se trata, por ejemplo, del combate a la delincuencia organizada, sus escasos resultados, su saldo sangriento, sus errores y su estrategia fallida.”

Son a veces los productos populares, como esta película, los que trascenderán en el imaginario colectivo, y una vez más, como en la Ley de Herodes, Luis Estrada, logra sintetizar un buen pedazo de la realidad mexicana y llevarla a la pantalla grande casi de manera documental. Por lo anterior, conservemos la frase de “El Cochiloco”: “me cae que esta vida y no chingaderas es el cabrón infierno”. Que sirva pues, El Infierno, la cara obscura del Bicentenario, como un despertador de conciencias, como un dedo en la llaga nacional que no cicatriza y continúa infectándose.

@pepe_garcia

 

Bi100 presenta Luis Estrada y El Infierno [el video efectivo comienza al minuto 2:19]

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Comentarios

  1. 1

    16 SEPTIEMBRE, 2010

    JAIME

    Wow, excelente texto mi buen pepe. la verdad es que tienes mucha razón, la situación está muy complicada, sin embargo se nos quiere decir que todo va bien.

    nuevamente felicidades por el texto. bastante recomendable para todos los jóvenes.

  2. 2

    22 SEPTIEMBRE, 2010

    AXEL DUARTE

    Excelente artículo. sigo creyendo que el séptimo arte es uno de los medios para hacer consciencia de lo que esta sufriendo nuestro país. mucho se habla de que el cine mexicano está encerrado en los mismos temas, y cómo no lo va a estar, siendo un fiel representante de una sociedad en decadencia.

  3. 3

    30 SEPTIEMBRE, 2010

    DAFNE ORTIZ

    Muy buen articulo que toca todas las aristas de nuestro mexico y de nuestra realidad. la pelicula del infiero es un recordatorio de que nuestro porvenir de dislumbra sombrio.

  4. 4

    28 OCTUBRE, 2010

    VERIIN SNCZ

    Muy buena pelicula.solo quiero q agaren conciencia todas las personas q asen esto de meterse al narcotrafico y sepan el riesgo q corren de q les pase q los maten o los torturen mejor retirense de los bicios mas bale estar vivo q muerto y solo por una tontera ok o q piensan ustedes

  5. 5

    19 ENERO, 2012

    JUAN PUEBLO

    Me pregunto si esta película ya la ha visto calderón en compañía de los titulares de la ssp (policía federal), segob, sedemar, sedena y pgr para analizar la cruda realidad que miles de mexicanos, en particular jóvenes ante las pocas o nulas oportunidades de trabajo en sus lugares de origen (y de aquellos que han regresado de los estados unidos), no se vean obligados por necesidad precaria a enrolarse en las filas de la delincuencia organizada y narcotráfico para poder solventar sus necesidades más apremiantes. y no tanto con la idea de obtener mucho dinero en poco tiempo como algunos sectores conservadores han pregonando, por ejemplo cuando el dizque ?periodista? joaquín lópez dóriga trató de cambiarle el sentido a damián alcázar en una entrevista que le hizo en noticieros televisa (está en youtube, subido por ?bandidosfilms1?) cuando le dijo que ?en algunas regiones del país, no es sólo cuestión de pobreza, es un fenómeno de imitación también?. pero olvidó u omitió por mala fe el comentario del ?cochiloco? cuando le dice al ?benny? después de asesinar y sepultar a un policía corrupto de san miguel (n)arcángel: ??como ahora mismo, cabrones como nosotros anda matando así porque sí, nomás porque no tienen una manera decente de vivir?, o bien las atinadas palabras del padrino del ?benny? cuando éste le dice ?en este pinche país no haces lo que quieres, sino lo que puedes?.

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