Guerras civiles, reinas de belleza y ratas gigantes

03 Mayo, 2010
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Escrutinio No. 48

Escrutinio No. 48

Héctor Cueto Holmes

Los estragos de la guerra jamás terminan al mismo tiempo que se firma la paz. En la mayoría de los casos, los horrores de la misma perduran o encuentran nuevas formas para resurgir. Como demonios sin dueño, deambulan a lo largo del tiempo metiéndose de forma repentina en la vida de gente inocente; ya sea manifestándose como estrés post-traumático, resentimientos o prejuicios. Sin embargo, no todos los residuos de la guerra prolongan su existencia en la mente humana, muchas veces estos horrores existen de una manera más palpable, tienen una forma física que les ayuda a continuar destrozando la vida de millones de individuos.

A primera vista, los tres conceptos mencionados en el título de este artículo parecerían no tener relación alguna; sin embargo, la realidad llega a superar muchas veces a la ficción y, hoy en día, estos se encuentran mucho más vinculados de lo que cualquiera podría esperar. ¿Qué es aquello que une estas palabras? Nada menos que pequeños objetos metálicos que, en la mayoría de los casos, poseen un diámetro no mucho mayor a los 25 cm. y a veces llegan a pesar menos de 1 kilogramo: minas antipersonales.

Un poco de historia

Las minas antipersonales son definidas por el tratado de Ottawa como “artefactos diseñados para explotar gracias a la proximidad o contacto de una persona, dando como resultado la incapacitación, daño o muerte de dicho individuo que la active”. En la actualidad, un total de 76 países en todo el mundo son afectados por este tipo de armamento abandonado, siendo el continente africano aquel que posee el mayor legado de éstas en todo el planeta. En el caso específico de África, se estima que aproximadamente 5,200 personas mueren anualmente a causa de las minas y, de hecho, es en este territorio donde se encuentra uno de los países que posee una de las cantidades más grandes: Angola.

De acuerdo con Landmine Monitor, la República de Angola ocupa el tercer lugar de los países con mayor cantidad de minas antipersonales, solamente superado por Afganistán y Cambodia. A pesar de que el número exacto de las mismas en este país es prácticamente imposible de saber, de acuerdo con diferentes estudios por parte de diversas ONGs e incluso la misma ONU, se cree  que el número oscila entre los 6 millones a 20 millones, siendo esta última cifra casi el doble de la población angoleña. Sin embargo, lo que sí se sabe es que aproximadamente 240 km2 del territorio angoleño continúa minado, lo que pone en riesgo a casi una quinta parte de su población.

Las minas fueron puestas a lo largo de los 27 años que duró el conflicto que siguió a la independencia del país africano de Portugal en 1975. El gobierno y las fuerzas extranjeras que participaron en la guerra dejaron grandes cantidades de minas en los alrededores de sus cuarteles generales y también en las carreteras y cercanías de diversos pueblos (los sitios estratégicos para plantarlas fueron aeropuertos, principales fuentes de agua, y puentes). El 4 de diciembre de 1997, Angola firmó el Mine Ban Treaty durante un cese temporal de hostilidades; sin embargo, la Guerra civil explotó nuevamente en 1998 y continuó hasta la muerte de Jonas Savimbi, líder del grupo rebelde  Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), en 2002. Solamente en este momento se pudo labrar el camino hacia un tratado de paz que pudiese significar un verdadero fin al problema bélico. Este se firmó en abril del mismo año y entró en efecto el 1º de enero de 2003.

A pesar de contar con la firma del tratado, hoy en día persisten problemas ocasionados por aquellas minas terrestres que no fueron removidas después de la guerra. La mayoría de éstas no le permiten a la gente utilizar la tierra para construir nuevas edificaciones o campos de cultivo. Incluso, algunas de las minas antitanques que pueden encontrarse en todo tipo de carreteras del país niegan el acceso a distintas zonas, restringen el movimiento de organizaciones no gubernamentales y muchas veces llegan a detonarse sin previo aviso. A lo largo de 2006 y 2008, 106 personas murieron y 200 fueron heridas por este tipo de armamento. Muchos otros países del continente africano sufren la misma situación que Angola. La guerra civil de 15 años de Mozambique, también ex colonia portuguesa, dejó un aproximado de tres millones de minas sin explotar y que ahora amenazan a su sociedad.

Año con año, las minas antipersonales siguen cobrando vidas y aunque en realidad los números han disminuido esto se debe más que nada a las precauciones tomadas por la población y no tanto por las labores de desarme. A su vez, las minas se han convertido en un enorme problema socioeconómico ya que estas se encuentran ubicadas, en su mayoría, alrededor de pueblos cuya densidad demográfica y económica ha empezado a crecer. Es obvio que sí estás no son eliminadas será cada vez más difícil crear residencias para familias, campos de cultivo o locales comerciales, resultando en un atraso permanente de la región. Sin embargo, no todo está perdido. Actualmente existen diversas “luchas” en contra de las minas personales en África, muchas de ellas enfocadas a la recuperación moral y muchas otras orientadas a un desarme rápido y eficiente. Dentro de ésta última categoría entra una relativamente nueva e innovadora forma de continuar con el desarme: ratas gigantes africanas.

Roedores heróicos

Desde hace ya diez años, Bart Weetjens se ha dedicado a coordinar en Tanzania un laboratorio único en su especie. Dentro de éste se entrena a las ratas gigantes (o “Cricetomys gambianu”, de acuerdo a su nombre científico) para desarrollar esta labor de suma importancia para la seguridad social. La ONG  Holandesa Anti-Persoonsmijnen Ontmijnende ProductOntwikkeling (o Anti-Personnel Landmines Detection Product Development en inglés), también conocida como Apopo y fundada por el mismo Weetjens, se ha valido del singular sentido del olfato de estos animales para identificar la ubicación de  minas antipersonales a lo largo de todo África.

Estas ratas (que pesan entre 0.7 y 1.5 kg y cuya longitud corporal varía de los 30 a 40 cm, excluyendo su cola de 40 cm de longitud)  son entrenadas con el modelo de estímulo-respuesta empleado por Pavlov a sus tan famosos perros. La única e importantísima diferencia es que a las ratas se les hace asociar el estímulo de comida con el olor del Trinitrotolueno (TNT). Cuando llega el momento de la verdad, las ratas son equipadas con un arnés que es a su vez sujetado a un cable que es dirigido por dos miembros del grupo antibombas de Apopo. Una vez que las ratas ubican el olor de una mina, éstas se detienen, olfatean el suelo y comienzan a cavar. Estas señales permiten a los miembros de Apopo saber que existe una mina que se debe desactivar.

El utilizar ratas para la desactivación de minas tiene diversos beneficios de acuerdo con Apopo. Primero que nada, estas son mucho más rápidas que cualquier hombre con un detector de metales. Una sola de las también llamadas HeroRATS puede limpiar 100m2 de terreno en 20 minutos, lo que equivale a dos días de trabajo para un profesional.  A su vez, las ratas no se distraen por ningún tipo de metal que pueda interferir con la señal de un localizador de minas y, todavía mejor, a comparación de los perros entrenados, estas son más fáciles de manejar, mucho más ligeras, baratas, y menos propensas a sufrir alguna enfermedad tropical.

Es más, estos animales han expandido su área de trabajo al campo médico. El olfato de las HeroRATs ha sido también de gran utilidad para detectar tuberculosis pulmonar (TBC) en muestras de esputo humano. La tuberculosis, de hecho, mata a más jóvenes y adultos que cualquier otra enfermedad infecciosa en el mundo, siendo África el primer lugar de casos letales per cápita en el mundo. Actualmente, una de estas ratas puede evaluar 40 muestras en siete minutos, lo que equivale a un día entero de trabajo en microscopios de un técnico de laboratorio.

Redefiniendo la belleza

Si bien las HeroRATs resultan un enorme avance para evitar que continúen existiendo víctimas de minas antipersonales en África, ¿Qué puede hacerse con aquellas víctimas que ya fueron afectadas? Es aquí donde entra la otra categoría de lucha antiminas que mencioné anteriormente: concursos de belleza para mujeres víctimas de dicho armamento. El controversial proyecto de Miss Landmine comenzó a forjarse a mediados de 2003 en la mente del artista Noruego Morten Traavik cuando éste viajó a Angola y se percató de las consecuencias dejadas por este tipo de explosivos. Los concursos de Miss Landmine, donde participan mujeres de cada una de las 18 provincias de Angola, obviamente van más allá de un simple concurso de belleza ya que éste busca generar un impacto tanto político como humanitario.

De acuerdo con su creador, lo que hace al concurso Miss Landmine algo especial es el hecho de que es una mezcla entre las artes y el servicio público.  De acuerdo con su página oficial, lo que el concurso busca transmitir a sus concursantes es la importancia y empoderamiento del orgullo femenino y de la discapacidad; dar mayor información y alertar al mundo sobre el peligro global y local de las minas antipersonales; desafiar la inferioridad o complejos de culpa que oprimen a la creatividad de todo tipo; cuestionar los conceptos establecidos acerca de la perfección física para celebrar a la verdadera belleza y, finalmente, reemplazar al término pasivo de “víctima” por el término activo de “sobreviviente”.

El proyecto de Miss Landmine busca ser una red de mujeres sobrevivientes a minas a través de un programa de rehabilitación comunitaria, siendo guiados y apoyados por autoridades nacionales y ONGs internacionales. Dependiendo del nivel de compromiso de las autoridades, cada una de las participantes de Miss Landmine  puede convertirse en una representante del movimiento antiminas que promulga el certamen, teniendo como principal responsabilidad el coordinar, brindar información y asistencia a otras mujeres que se puedan encontrar en la misma situación que ellas. A su vez, pueden monitorear maneras de engrandecer el proyecto a través de la educación o cuidados médicos especializados. La finalidad de este proyecto es, dicho de otra manera, funcionar como catalizador para Angola y otras naciones del extranjero que sufren por estos explosivos para que así pueda crecer y desarrollarse, brindando a más mujeres la posibilidad de ayudar y de sentirse mejor con ellas mismas sin importar su apariencia o discapacidad.

¿Y luego?

Dentro de nuestra cultura occidental siempre caemos en el error de estereotipar al continente africano como un gran conglomerado de tragedias. Es cierto, es de las regiones más conflictivas del planeta, pero eso no significa que la gente que lo habita viva en caos perpetuo y no busque, como todos, hacer algo para mejorar su entorno y modo de vida. A pesar de que falta mucho para realmente hablar de un África (no se diga mundo) libre del terror de las minas, puede verse la existencia de ideas que alcanzarían dicho objetivo si contaran con mayor apoyo. Por supuesto que no puede esperarse que grupos empresariales de relevancia simplemente resuelvan el problema dando dinero, pero sin duda alguna son capaces de brindarles espacios a estos proyectos de desarme con el fin de extender su alcance a gente interesada en marcar la diferencia. Sea como sea, este tipo de actividades demuestran que el espíritu humano es capaz de sobrepasar todo tipo de límites para alcanzar metas formidables; sin embargo, lo único que necesitan estas ideas para triunfar es que todos volteemos a verlas y les demos la valoración y comprensión que merecen.

Referencias

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