Periodo de Ordinarios en Sesiones

05 Mayo, 2010
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Escrutinio No. 48

Escrutinio No. 48

 Alejandro Chanona Robles - @chanonarobles

 Como cada fin de abril, el Congreso de la Unión pisó el acelerador y votó reformas que bien pudo haber aprobado en los meses previos. Terminó el periodo ordinario de sesiones, y tanto senadores como diputados intentaron llegar a consensos para así maquillar la parálisis y el inmovilismo al que nos tienen acostumbrados. Las comisiones se reunieron, el Pleno abrió horas extra y legisladores trabajaron de manera apresurada, todo en pos de iniciar sin culpas el (nada corto) receso de verano. Pero, ¿qué tanto se trabajó durante el periodo ordinario? Por tres meses los representantes sesionaron martes y jueves, y en teoría, atendieron asuntos de vital importancia para el país. Iniciativas de ley, puntos de acuerdo, designaciones, conmemoraciones y ratificaciones fueron objeto de horas y horas de debate; estos párrafos pretenden hacer un recuento de lo ocurrido en el Congreso durante los últimos meses.

El recién concluido periodo consistió de 31 sesiones en la Cámara de Diputados y 28 en el Senado. Entre las reformas más importantes aprobadas en este lapso en la Cámara Baja se encuentran el establecimiento de la Agencia Espacial Mexicana, la creación de las acciones colectivas yla reforma a la Ley Federal de Competencia Económica, conocida como ley antimonopolios. Es importante señalar que de las tres reformas enviadas por el Presidente Calderón al Congreso en este periodo, la ley antimonopolios fue la única aprobada por el legislativo.

Mientras tanto, en el Senado se aprobaron la Ley de Seguridad Nacional, la reforma en materia de derechos humanos, la Ley Federal de Protección de Datos Personales, así como la ley antisecuestro. Pendientes quedaron la ley de medios y las reformas laboral y política, mismas que han prometido los legisladores, serán discutidas y votadas en el otoño. Huelga decir que el Congreso se había comprometido a sacar adelante estas propuestas durante el periodo que termina, pero a nadie sorprende que hayan extendido el plazo originalmente acordado.

De febrero a la fecha se presentaron 1021 asuntos en la Cámara de Diputados. De estos sólo se resolvieron 55, ya fuera aprobando o desechando los dictámenes correspondientes.  En el Senado se introdujeron 645 asuntos y se desahogaron 244, aunque cabe anotar que la gran mayoría de estos fueron ratificaciones de nombramientos. Este indicador evidencia el gran atraso que tienen en su agenda ambas Cámaras, pues la gran mayoría de las propuestas votadas son de años anteriores. Debido al poco dinamismo del Congreso, la “congeladora legislativa” crece periodo tras periodo, año con año.

Una vez más las elecciones de julio frenaron los posibles acuerdos en el Congreso. El debate partidario imperó sobre los temas de fondo, y tristemente la lista de pendientes sobrepasa al listado de logros obtenidos por ambas Cámaras. Como cada otoño, se prevé que la discusión y los jaloneos al interior del legislativo versen sobre las leyes de ingreso y egreso, comúnmente conocidas como el reparto del pastel. Por esta razón se antoja difícil que se retome la inercia del periodo que concluye, más aún si la clase política redobla esfuerzos en 2011 con miras a la elección presidencial.

Un periodo extraordinario para desahogar los pendientes se antoja improbable. Como siempre, los legisladores juegan con la idea de sesionar durante el verano, sin embargo la experiencia nos dicta que más que un acto honesto y responsable, los diputados y senadores barajean con esta posibilidad para atenuar los magros resultados del periodo ordinario. Esta realidad deja un sabor de boca amargo entre los electores, ya que aquí no tuvimos un periodo ordinario de sesiones, sino un periodo de ordinarios en sesiones.

El saldo del periodo no es alentador. Las votaciones más importantes se dejaron para el último minuto, el debate de coyuntura prevaleció por encima de la materia propia del Congreso, y la ciudadanía se quedó esperando las reformas de gran calado que tanto se habían cacareado. Hasta no cambiar los incentivos del juego político, no se tendrá un legislativo eficiente, pero esa es ya otra discusión. Por ahora nuestro entorno nos confronta con representantes que no quieren y no van a romper con el status quo.

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