Elecciones 2010: El fenómeno del ‘tapado’

06 Abril, 2010
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Omar Granados

Escrutinio No. 46

 

Además de ser el antecedente de las elecciones federales del 2012 y de estar inmiscuidas en coyunturas locales y nacionales, las elecciones que este año renovarán doce gubernaturas, acarrean los problemas estructurales del sistema político mexicano. La sucesión de estos gobernadores ha exhibido la poca voluntad de democratización por parte de los mismos.

Una constante en las elecciones para elegir gobernador en México, es la figura del ‘tapado’ o ‘delfín’, sucesor electo desde el poder que sin importar el partido, la entidad o la ideología, es escogido por el gobernador que está por terminar su mandato por medio del histórico dedazo, para lograr -por este mecanismo- mantener diversos cotos de poder, complicidades, impunidad, presupuesto, y apoyos para continuar su carrera política.

De esta forma, presenciamos la adaptación y evolución del sistema del ‘tapado’ presidencial, que mantuvo el orden institucional vertical y piramidal durante siete décadas del siglo pasado. Sin embargo, la modificación de la herramienta tiene diferentes matices, tomemos en primera instancia el caso del priismo, quienes desde el año 2000, con la derrota de Labastida, encuentran por primera vez un panorama político no controlado desde la cima de la pirámide que representaba el presidente.

El priismo, como mucho se ha analizado en estos diez años, perdió la cabeza tradicional que imponía y/o negociaba todos los candidatos en conjunto con el presidente del PRI, un ciervo más (también impuesto) del dirigente sexenal en torno al cual se construyó el priismo clásico que acabó -o al menos se vio interrumpido- al final del Siglo XX.

Por lo tanto, los principales dirigentes del PRI se han refugiado en las gubernaturas y en las principales posiciones del Congreso tras dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales. Incluso, el número de gobernadores priistas hace de la Comisión Nacional de Gobernadores (Conago) una fuerza dominada por una mayoría priista, encabezando casi dos terceras partes de los gobiernos estatales.

Siguiendo esta lógica, es visible el camino por el que los gobernadores priistas adoptan el mecanismo del ‘tapado’ e imponen así al candidato de su partido a sucederle en el puesto, otorgando las más de las veces, apoyos desde el poder. Los casos actuales más a la mano son Jesús Vizcarra en sinaloa, Eviel Pérez Magaña en Oaxaca, Javier López Zavala en Puebla, aunque no podemos ignorar casos recientes como la relación Montiel-Peña Nieto.

Los priistas están renovando para sus tiempos aciagos la vieja institución del presidencialismo, que ha formado cotos de poder locales en torno al gobernador, aunque los legisladores, son electos desde la dirección nacional del partido, que por lo tanto sigue ejerciendo gran poder de facto, importantísimo para negociar al interior y al exterior del PRI (como ejemplo el pacto Paredes-Nava).

Para resumir, habría que decir que este cambio en la operación política del PRI ha sido una forma pragmática de organización para la búsqueda de la presidencia, es decir, las rupturas y desbandadas hormiga como las de Sinaloa o Durango en las que el candidato opositor al tapado sale del partido para encabezar la coalición opositora, son necesarias. La elección del candidato por parte del gobernador, es la manija que da el control de la sucesión y de la política, a los caciques locales y a la cúpula partidista.

El delfín de Amalia

Lo extraño, como vemos, no es esta adaptación del PRI a la alternancia, extrañas son en cambio las sucesivas transformaciones del PAN y PRD en la misma dirección, pues en muchos de los estados que este año cambian de gobernador, se ha observado la velada o abierta imposición del candidato de estos partidos desde los gobiernos locales, haciendo una calca del PRI.

Un caso de este tipo, es la imposición de Antonio Mejía Haro  como candidato del PRD a gobernar Zacatecas. La imposición en tal caso, provocó la salida de militantes del partido de Amalia García y por unos meses creó la posibilidad de una unión entre el PT y el PRI para conseguir derrotar al sol azteca. Esta alianza hubiera sido única en estos días en los que el PRI se había mantenido lejos de la izquierda a diferencia del PAN, que si se alió con PRD, Convergencia y PT en varias entidades.

Aunque las alianzas con PAN y PRI son repudiadas por AMLO, el senador Ricardo Monreal Ávila intentó aliarse con el Revolucionario Institucional, que finalmente y contra el pronóstico rechazó la alianza y buscará aprovechar  la división de la izquierda; el PT zacatecano que pertenece a los Monreal, ya tiene un candidato propio; y el PAN será el cuarto en discordia buscando aprovechar las desbandada del PRD local.

Podría pensarse que el gobierno zacatecano midió mal, pensando que valdría la pena la pugna interna con tal de imponer al candidato, aunque al final parece haber costado más que en otros casos este acto de imposición y el sueño de mantener el poder se ha convertido en una pesadilla para la gobernadora.

La imposición en coalición

Algunos casos muy particulares son las elecciones de candidatos para competir por una alianza opositora, en las que los descontentos que abandonaron el PRI acusando imposición, son impuestos al frente de la coalición opositora. En coincidencia con lo descrito, el PAN sinaloense rechazó la candidatura de Malova lo más que pudo, pero al final el acuerdo cupular entre César Nava, Manuel Camacho Solís y Jesús Ortega pudo más.

No fue muy diferente el caso de Aispuro en Durango, que luego de acusar los dados cargados a favor del delfín del gobernador priista, fue rápidamente electo candidato de la alianza opositora. El pragmatismo en este caso es radicalmente distinto del priista que busca guardar el poder electoral ya consolidado en un grupo cerrado. Las coaliciones arriesgan la manutención del poder al aliarse con otros partidos y  a elegir candidatos ex priistas, a cambio de la posibilidad de ganar la gubernatura, arrancándosela al PRI.

Caso similar es el de el senador con licencia Mario López Valdez, mejor conocido como Malova, quien abandonó su militancia priista para buscar el gobierno de Sinaloa al tiempo que denunciaba la sucesión mecánica dentro del PRI, debida a la elección de Jesús Vizcarra como sucesor de Aguilar Padilla. Malova toma la decisión de abandonar su partido ante la posibilidad de una alianza entre el PAN y la izquierda partidista para enfrentar a Vizcarra.

La negociación de la coalición, llevada a cabo por Jesús Ortega, y Manuel Camacho Solís fue más poderosa que la oposición del panismo localque se opusieron a Malova proponiendo precandidatos panistas locales como Manuel Clouthier y Héctor Cuén. El líder estatal del PAN - Sinaloa, Francisco Solano, dirigió a la prensa varias declaraciones donde rechazaba la candidatura de Malova, sin embargo, días después, las negociaciones entre los líderes de PAN, PRD, PT y Convergencia determinaron una alianza a través de Malova, en detrimento del panismo local.

El pragmatismo en el contexto de las coaliciones, la razón de ser de las mismas, obliga a elegir un candidato de unidad partdista (entre ideologías contrarias) que tenga preferencias electorales suficientes para enfrentar al priismo inamovible aún del poder local después de ocho décadas. La decisión es tomada en grupo por los representantes de los partidos, relegando las pretensiones del partidismo estatal a candidaturas de nivel municipal.

El regreso del ‘tapado’ de Los Pinos

Otra de las curiosidades del folclor político mexicano es la contienda veracruzana, en la que el PAN sufrió una fuerte desavenencia que enfrentó a los precandidatos Miguel Ángel Yunes y Gerardo Buganza, quien eventualmente perdió la candidatura, motivo por el que renunció al PAN y esperará –dicen- seis años.

El análisis en este caso nos obliga a decir que Yunes, flamante candidato panista a gobernar Veracruz, es producto de una imposición desde Los Pinos, aunque hace falta agregar que Yunes ha sido uno de los incondicionales operadores de Elba Esther Gordillo en la larga saga de adulterios y engaños entre la maestra, el PRI y el PAN.

En este caso, se puede observar la puesta en práctica por parte de Calderón, de una institución siempre criticada por el PAN desde el inicio de los años 40 del siglo pasado. El pragmatismo en este caso, obligó a Calderón, e indirectamente al PAN, a buscar la alianza con la operadora electoral más eficaz para el grupo del presidente, aún a pesar de dejar fuera a Buganza, quien llevaba la ventaja en las preferencias de la militancia.

Con este panorama, difícilmente podemos esperar la democratización de la política local sólo por que se realizara una eventual alternancia política en los estados que renuevan gobierno. Lo anterior, debido a que, con sus prácticas, los partidos ‘de oposición’ han calcado al PRI, y mientras piden votos para arrebatarles el poder, incluso por medio de un candidato ex priista-ex profeso, llevan el pesimismo a los ciudadanos.

Sin cambios en lo previsto, la victoria la podría obtener el abstencionismo, venciendo a todos los candidatos juntos, pues frecuentemente obtiene más del 50% de los votos, como viene sucediendo frecuentemente, y aunque tal vez la alternancia no democratice automáticamente, la lucha cerrada por el poder nos permitirá ver finales de fotografía y escenarios que podrían ir minando la legitimidad de las autoridades político-electorales locales con posibles escenarios críticos.

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