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Diez años de FSM: Otro mundo es posible
Escrutinio No. 42 | Lunes 1 de febrero de 2010.
[b]Edgar Baltazar[/b]
Del 25 al 29 de enero se llevó a cabo en la ciudad brasileña de Porto Alegre la décima edición del Foro Social Mundial (FSM). Esta cumbre antineoliberal reunió en esta edición conmemorativa a cerca de 30 mil asistentes (entre quienes se encontró Luiz Inácio Lula da Silva) bajo el lema “diez años después: desafíos y propuestas para otro mundo posible”.
Este espacio de diálogo altermudista dio cabida a discusiones sobre temas vitales para la construcción de ese otro mundo (el rol de los gobiernos progresistas, el golpe de Estado en Honduras, la causa palestina, el cambio climático, entre otros). Destacó la ineludible referencia a la catástrofe humanitaria padecida por Haití y la concomitante ocupación militar por parte de los Estados Unidos. En el FSM surgió la propuesta de un control ciudadano sobre la reconstrucción del primer país independiente de nuestra América.
Para la agenda latinomericana se reconoció la importancia de encontrar mecanismos de combate en contra de la militarización de la región. Ante un golpe militar solapado por Washington y el eje derechista de la zona, así como ante el entreguismo del régimen narcoparamilitar de Álvaro Uribe (quien aprueba la instalación de siete bases militares de Estados Unidos), poca duda cabe de la recargada embestida imperialista en contra de los movimientos populares de la región. Ante esto es reconocible, como lo ha advertido Raúl Zibechi (La Jornada, 15 de enero de 2010), una “urgencia por frenar a las derechas”, las cuales se han visto fortalecidas con el reciente triunfo del pinochetismo bajo la representación del multimillonario Piñera.
Retomando al mismo Zibechi (La Jornada, 9 de enero de 2010), a una década del primer FSM y de la batalla de Seattlle, el movimiento en contra de la globalización neoliberal se encuentra en una nueva etapa. Una etapa donde los movimientos no pueden abandonar la crítica, aún ante aquellos gobiernos progresistas que no han logrado una reforma estructural y que en cambio han pretendido cooptar a los movimientos por medio de programas sociales clientelares. En esta etapa también es importante distinguir entre movimiento social y organización social. El movimiento existe por el conflicto que articula “la conciencia de los de abajo”, la organización existe por su financiamiento (por medio de la cooperación internacional o hasta gubernamental) y su burocratización.
En el proceso de construcción de otro mundo posible se ha presentado una evidente deslegitimación del modelo neoliberal. Igualmente, según Zibechi (La Jornada, 29 de enero de 2010), puede atribuírsele al movimiento altermundista la aceleración de la transición de la hegemonía estadounidense a un mundo multipolar. En el nuevo orden mundial ya destacan países como Brasil, Rusia, India y China. Aunque mundialmente no existe una realidad poscapitalista, a nivel local sí son evidentes los esfuerzos por construir una sociedad alternativa. Rescatando las palabras de Immanuel Wallerstein en este último FSM (citadas por Zibechi), en los próximos 15 a 25 años las fuerzas de izquierda reconocerán que “la cuestión central no es poner fin al capitalismo sino organizar un sistema sucesor que estará en proceso de construcción”.
El movimiento popular mexicano no es ajeno al proceso vislumbrado por Wallerstein. Los grupos mexicanos que participaron en el décimo FSM destacaron la importancia de la unidad y solidaridad para hacer frente a los gobiernos de derecha (La Jornada, 29 de enero de 2010). Mientras Calderón remata en Davos la riqueza petrolera nacional, el movimiento encabezado por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) demuestra multitudinariamente que a la ofensiva del poder hegemónico le corresponde la reacción del poder popular.
Tras estos diez años es fundamental abrir paso también a la autocrítica, destacando por ejemplo, como señala Esther Vivas (ALAI, 28 de enero de 2010), los peligros de la rutinización, la hegemonía de las ONG y la cooptación de movimientos sociales (aspectos que deberán ser rediscutidos en la próxima edición del FSM en Dakar 2011). Esto sin perder el optimismo ante la incertidumbre, según una de las lecciones que ha dejado Howard Zinn, destacado intelectual, historiador y dramaturgo progresista que falleció el pasado 27 de enero a los 87 años de edad. Zinn se preguntó “¿Cómo consigo mantener el compromiso y aparentemente también la ilusión?”, respondiéndose él mismo: “tal vez no tenga la seguridad absoluta de que el mundo vaya a mejorar, pero sí de que no deberíamos abandonar la partida antes de jugar todas las cartas” (Howard Zinn, Sobre la guerra). No está de más enfatizar que este juego es abajo y a la izquierda.
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