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Para Haití no son suficientes las buenas intenciones
Escrutinio No. 41
Escrutinio No. 41 | Miércoles 20 de enero de 2010. [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/qjkmyf5.jpg[/img] Devastación.[/center] Hasta que la madre naturaleza propinó un golpe a la humanidad, los focos se pusieron en rojo y el imaginario colectivo se dio cuenta que existe un tal Haití, una tal pobreza, una tal desigualdad y una tal solidaridad. Los principales responsables de la decadencia haitiana (Estados Unidos), despertaron un 13 de enero con la noticia de que una isla se encontraba devastada, entonces sobre su bandera se restregó la nota que Engels dejó pendiente hace casi tres siglos en donde mencionó que la naturaleza tomaría venganza por su propia cuenta. Hoy sus palabras rezumban en cada rincón del mundo. Como era de esperarse, los oportunistas tomaron la catástrofe para conseguir adeptos a sus causas, tal es el caso de Pat Robertson, ex candidato republicano de los Estados Unidos y actual evangélico de ultra derecha, quien adujo que Haití había sufrido el terremoto por haber pactado con el diablo su independencia a principios del siglo XIX ¿Usted va creerle? Al contestar que sí, olvidaría que Haití se convirtió en la nación más pobre del mundo debido a los impuestos que le dio a Francia una vez independizada; al loco que obligó al país a pagar un tributo a Alemania por encarcelar a su esclavo, y por supuesto, como principal culpable, a Estados Unidos, nación que de la mano de Jeffersón bloqueó comercialmente a Haití por siete años; y quien a partir de 1915, controló a la isla por medio de su ejército (durante 19 años); a esto sumémosle que en 1994 el imperio de las barras y las estrellas intentó instaurar el orden, deponiendo al presidente golpista Jean Bertrand Aristide, sin lograr su objetivo, ya que contradictoriamente, terminó por reconocerlo. Hoy, Estados Unidos pretende ser bueno y de la mano de su nobel de paz (Barack Obama) y otras naciones confiere ayuda a la isla, sin embargo, la solidaridad debe ir más allá de unos cuantos días o meses, de no ser así, se convertirá en un recuerdo más (como Indonesia después del Tsunami), la naturaleza ha lanzado una advertencia, depende de todos tomarla en cuenta o no hacer caso de ella, a sabiendas que muchos Haitís aguardan su explosión. Ricardo Alemán, columnista del diario El Universal señala: “la tragedia que vive Haití y el desamparo en que se encuentran los sobrevivientes del terremoto, reclaman mucho más que la solidaridad de los primeros días (…) El Gobierno y el pueblo haitianos se han quedado sin nada, reclaman todo para hoy —alimentos, medicamentos, servicios básicos de salubridad y seguridad—, pero lo reclamarán durante semanas, meses, años. (…) Las naciones líderes del mundo, los países ricos, las democracias consolidadas están ante la obligación de promover un plan de reconstrucción material, institucional y social que rescate de la nada a Haití y los haitianos. De lo contrario —si el día después vemos que Haití y los haitianos son abandonados a su suerte por pueblos y gobiernos—, sólo estaremos viendo un grosero espectáculo mediático de solidaridad y caridad, propio de quienes pretenden lavar sus conciencias con migajas. Y en esa historia los mexicanos y su Estado tienen mucho que aportar.” [center][img]http://www.escrutinio.com.mx/intranet/uploads/lwuv4iq.jpg[/img] Tragedia.[/center] [b]Mueren más pobres que ricos[/b] ¿Quiénes tuvieron más daños, los ricos o los pobres? La pregunta resulta obvia (por no decir burda), la respuesta es: todos por igual, el desastre no midió clases sociales. Sin embargo, no fue así, por increíble que parezca, la clase alta sufrió muy pocos daños, los mayores daños, fueron que los hijos de éstos quedaran sin escuela y sus empleados murieran (pagarles el funeral), así lo atestiguan las palabras de Elsa Baussan, directora del hotel Ilo Lelé: “los disturbios callejeros por el hambre nunca llegan a la zona”. En el lado opuesto, los centros médicos se encuentran infestados de heridos, en ocasiones resulta insuficiente el personal que labora en ellos y los pobladores se pelean por comida. ¿Por qué lo hacen si ésta es suficiente? Gran parte del alimento es vendido y los habitantes tienen que luchar por la que es gratuita. Un simple garrafón de agua (simple para nosotros) es un gran ejemplo; después del temblor subió su precio al doble. Vicent Cendval, sobreviviente de la tragedia menciona en entrevista para El País: "compramos pan, sí. Pero no es fácil. Hay que encontrar una tienda que esté abierta, hacer la cola y volverte a tu campamento. Una vez aquí, en vez de comérmelo, lo vendo. Con el beneficio, compro especias y hacemos arroz. Podría comprar directamente el arroz con especias, que es lo que hacen los de la chabola de al lado, pero así me sale más barato”.
20 ENERO, 2010
MR. BOJANGLESEs claro, el compromiso que asuman las naciones en la ayuda a ahití debe ser de fondo hasta ayudarlos a recuperarse institucionalmente, si no, como dice alemán, estaríamos ante un grocero espectáculo mediático. no perdamos la vista a este tema y al papel que haga estados unidos. gracias por esta otra visión...