Siempre no rodarán cabezas en el PRD

13 Julio, 2009
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Edgar Adán Castro Acosta

Escrutinio No. 29

 

Nada puede afirmarse con total certeza del PRD y los impredecibles ánimos de sus corrientes internas, que un día parecen al borde de la ruptura inminente y al siguiente se encuentran en la mesa de negociaciones, en continuamente fallidos pero perseverantes intentos por “refundar” o “salvar” el partido.

Por el momento, y a una semana de celebradas las elecciones federales para renovar las cámaras legislativas, comienzan las señales de que nuevos acuerdos podrían evitar que rueden cabezas, se efectúen expulsiones de militantes o se originen más divisiones.

Este sábado 11 de julio, en un cónclave llevado a cabo en Morelia, Michoacán, importantes personalidades del partido, líderes de corrientes y gobernadores, concluyeron tras horas de discusión: “Todos somos útiles y por lo tanto no se seguirá la ruta de las destituciones ni de las expulsiones, absolutamente de nadie”.

Amenazas de expulsión vs. exigencias de renuncia

 Como se recordará, en más de una ocasión el actual dirigente del PRD, Jesús Ortega, advirtió que tras las elecciones del 5 de julio se procedería a considerar la expulsión de quienes hubieran apoyado a otros partidos en las campañas.

No obstante que nunca lo llamó por su nombre, cual si fuera palabra tabú, nunca hizo falta mucha inteligencia para saber que el mensaje llevaba una dedicatoria muy concreta hacia el excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador.

En efecto, el exjefe de gobierno de la Ciudad de México contribuyó a restar una considerable suma de votos al PRD mediante su apoyo al PT y a Convergencia. En el momento más álgido de la disputa que mantuvieron él y Ortega a través de los medios de comunicación, éste lo llamó “traidor” al partido (siempre sin nombrarlo).

 Y sin duda, la derrota más dolorosa para el PRD atribuible directamente a la acción de López Obrador es la que sufrió la candidata a delegada Silvia Oliva en Iztapalapa a manos de Rafael Acosta “Juanito”, abanderado del PT, por más de nueve puntos porcentuales de diferencia.

 Como se reseñó en la edición anterior de Escrutinio, la contienda en dicha delegación quedó marcada por el encono entre las corrientes antagónicas del PRD. El pintoresco candidato del PT, que registraba una intención de voto de alrededor del 5% antes de la intervención de López Obrador, ganó la jefatura delegacional con más de 32% de la votación.

Este ascenso y la considerable ventaja sobre su contrincante perredista resultan asombrosos si se toma en cuenta 1) que se deben fundamentalmente a una campaña de última hora efectuada en sólo 15 días, y 2) el importante obstáculo que fue el galimatías de las boletas electorales, donde votar por Clara Brugada era en realidad hacerlo por Oliva.

Así, pues, se confirmó con creces el enorme poder de convocatoria que sigue teniendo el líder tabasqueño, que no ha mermado tanto como afirman a menudo sus malquerientes políticos y mediáticos. Aunque la estrategia de López Obrador pueda calificarse de grotesca o estrafalaria —por requerir la renuncia inmediata de “Juanito” Acosta y la anuencia de Marcelo Ebrard y la Asamblea Legislativa para establecer como delegada a Clara Brugada—, es innegable que funcionó.

No es poca cosa arrebatarle al PRD uno de sus bastiones más importantes en la Ciudad de México, la delegación con el padrón electoral más amplio, donde la corriente Nueva Izquierda (NI) del PRD tiene colocados grandes e importantes intereses políticos. Perder dicha demarcación representó, para el partido que aún mantiene la hegemonía en la Ciudad de México, una derrota humillante, y más cuando dicha derrota fue a manos de un “minipartido” como el PT.

El significado de semejante descalabro electoral quizá explique la furibunda reacción de Jesús Ortega en un primer momento, la noche de la jornada electoral, cuando los resultados preliminares expresaban la victoria irreversible de Rafael Acosta en Iztapalapa.

Esa noche, el líder del partido y de la corriente NI fue tajante en su conferencia de prensa: “Aquellos que desde las filas del partido hicieron trabajo de zapa, los que fueron apoyando a otros partidos y proyectos, fuera están, ésa fue su decisión y que cada quién asuma las consecuencias”.

Las corrientes afines al lopezobradorismo no hicieron esperar su respuesta. Desde diversos frentes, exigieron la renuncia de Ortega a la presidencia del partido. Atribuyeron a su dirigencia pésimos resultados: a nivel nacional, la votación por el PRD osciló alrededor del 12%, un descenso de 3% en relación con la elección anterior.

Asimismo, dejaron claro que de ser expulsado López Obrador, habría una salida masiva de militantes del partido. La renuncia de Germán Martínez a la presidencia del PAN dio la pauta para los reclamos. Se le exigió al dirigente del sol azteca que actuara con congruencia así como su par panista y, en vista de los resultados de su gestión, dimitiera también del cargo.

Sin embargo, Ortega dejó claro desde un principio que no dejaría la presidencia del partido: “no estoy en ese ánimo”, dijo. En señalar su mal desempeño al frente del partido coincidieron hasta las candidatas antagónicas en Iztapalapa, Silvia Oliva y Clara Brugada, así como Alfonso Ramírez Cuéllar, excandidato a la presidencia del PRD, quien propuso llevar a cabo un referéndum en el Consejo Nacional perredista para decidir si Jesús Ortega debía seguir en el cargo. Hasta “Juanito”, militante del PT, se sumó al reclamo.

 Incluso Ebrard, jefe de gobierno del Distrito Federal, quien se ha esforzado por mantener una posición lejana a las disputas internas del PRD, opinó el martes 7 que la dirigencia del partido cifró su estrategia política en la división interna y en privilegiar los intereses de un grupo por encima de los del partido.

 Asimismo, afirmó que en todos los sistemas democráticos del mundo, cuando el dirigente de un partido no tiene los resultados que esperaba o que eran de esperar, siempre hay un proceso de cambio. Aunque se refería al caso de Germán Martínez y evitó pronunciarse en el caso específico de Ortega, la alusión fue evidente.

“Acuerdos precarios, trágicos”

Con los ánimos todavía candentes dentro del partido, a finales de la semana pasada comenzaron a escucharse voces pronunciándose por el establecimiento de acuerdos. El senador Carlos Navarrete, miembro prominente de NI, opinó en varias declaraciones en los medios que sin López Obrador, el PRD no podría construirse como una opción viable para 2012, pero que el tabasqueño también necesita del partido y su estructura.

Con vistas al congreso que se efectuaría en Morelia, la mayoría de los miembros de NI —mejor conocidos como los Chuchos— comenzó a modificar sus posiciones, originalmente rupturistas, para mostrarse a favor de una “refundación” del partido, con base en la suma de fuerzas pese a las diferencias.

El mismo Jesús Ortega cambió el sentido de sus declaraciones y expresó que ni su renuncia ni la expulsión de López Obrador constituirían una solución a los problemas del partido. Finalmente, en el cónclave de Morelia se reunieron, entre otros personajes, Marcelo Ebrard, la gobernadora de Zacatecas Amalia García, el de Baja California Sur Narciso Agúndez y el de Michoacán Leonel Godoy; así como los coordinadores de bancadas de diputados y senadores, Javier González Garza y Carlos Navarrete, respectivamente.

En representación de Izquierda Unida (IU) asistieron Hortensia Aragón y Alejandro Encinas, y Dolores Padierna por Izquierda Democrática Nacional (IDN). Las grandes ausencias fueron las de Cuauhtémoc Cárdenas, “líder moral” y fundador del partido, quien se excusó debido al fallecimiento de su consuegro Antonio Ruano; y López Obrador, quien adujo la imposibilidad de ir debido a la celebración del triunfo en Iztapalapa.

Al final, y en voz de Amalia García, se leyó ante los medios un resolutivo de seis puntos, en el que las tribus del PRD acuerdan 1) buscar la unidad; 2) abandonar la vía de la expulsión de militantes; 3) crear una comisión que elabore una nueva propuesta integral de línea política; 4) asimismo, una agenda legislativa; 5) restablecer las alianzas fracturadas con los demás partidos de izquierda; y 6) integrar un equipo que defina la integración de la comisión para la reforma del partido.

Las abundantes predicciones en los medios sobre el apocalipsis del PRD tendrán que esperar a otra crisis del partido. Por el momento, conviene recordar unas palabras del especialista en el tema Víctor Hugo Martínez González, doctor en Ciencia Política y autor del libro Fisiones y fusiones. Divorcios y reconciliaciones.

La dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (1998-2004). Entrevistado el año pasado con motivo de la crisis interna originada por las elecciones para la dirigencia del partido, su opinión sigue siendo vigente: “Lo inusual, por no estar acostumbrados en el PRD, es que no pudieran darse acuerdos.

Si uno mira la historia del PRD del 89 para acá, se ve que su tradición organizativa nos indicaría que habrá un nuevo acuerdo; que lo inusual, lo extraño, lo sorpresivo, sería que no se pusieran de acuerdo. “Así es la historia del PRD.

Este conflicto que estamos viendo ahora, según nos indica la propia historia del PRD, terminará resolviéndose en otro pequeño acuerdo; en un acuerdo precario, un acuerdo contingente, un acuerdo trágico, pero que impedirá lo que están diciendo los periódicos, que el partido se vaya a romper en dos. “No se va a romper en dos, porque hay algo que los cohesiona mucho; más allá de la ideología, más allá de la misión política —que sí la tienen—, más allá de eso los cohesiona mucho el tema del financiamiento público, de que saben que juntos, aunque estén peleados y no se vean bien, son un partido que tiene (un gran potencial electoral).

 “Antes de que existiera el PRD, las izquierdas separadas, el máximo porcentaje electoral para ellas era de 4%. Entonces el poder sí está acompañado de dinero y financiamiento público que cohesiona, y cohesiona mucho”.

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Comentarios

  1. 1

    15 JULIO, 2009

    MR. BOJANGLES

    Tal parece que a chucho, como le decía marianita, no le gustaría vender pasteles, como en sus promocionales famosísimos de campaña, pues no fue capaz ni de expulsar a quien prometió, a los "traidores", ni renunciar a la presidencia del partido que hace mucho le da de comer.

    por ahora hay tregua (quizá para no hundir más de lo que ya está al descolorido partido del sol azteca) pero es factible que en cuanto se acerque más 2012, del chongo otra vez se agarrarán, dejando el camino muy libre para que, ahora sí, regrese el pri a la grande.

  2. 2

    15 JULIO, 2009

    PAOLA DíAZ

    Esto me recuerda una frese popular: "¿qué es lo que quiere un hombre con poder? más poder. sin embargo, la división dentro del partido terminó por ahuyntarlo y será muy difícil atraerlo nuevamente. al igual que ese personaje con mención tabú, en peligro de extinción, al prd sólo le queda mentenerse presente en la opinión pública para el 2012, eso claro, si dicho personaje no impone una candidatura y lo eche todo a perder.

    excelente artículo.

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