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La refinería, botín político
Escrutinio No. 23
El gobierno federal anunció que Tula, en el estado de Hidalgo, será la ciudad donde se construirá la refinería prometida por el presidente Felipe Calderón, tras la aprobación de la reforma petrolera del año pasado como parte de una estrategia encaminada a paliar los efectos de la crisis económica.
También se tiene contemplado el municipio de Salamanca, en Guanajuato, como sede alterna en caso de que el gobierno hidalguense no cumpliera con el requisito de adquirir los terrenos ofrecidos en su propuesta, de 700 hectáreas de extensión, en un plazo de 100 días naturales contados a partir del miércoles 15.
La decisión de construir una refinería fue, con mucho, la más importante consecuencia de la reforma petrolera del año pasado, calificada por casi la totalidad de los actores políticos y sociales de pobre e insuficiente.
Pocos quedaron satisfechos del todo, pues no atendió demandas y necesidades sustanciales, a pesar de que, en su momento, todos coincidieron en lo crucial que resultaba una reforma —energética de preferencia, y no sólo petrolera— para el destino del país, incluso para su viabilidad.
Así pues, la decisión de que México cuente con una nueva refinería, tras 30 años de no haber construido ninguna, fue recibida con aprobación incluso por la oposición política.
Durante el debate de la reforma petrolera, los expertos no se cansaban de señalar el gran absurdo que implica extraer y producir petróleo para venderlo barato al extranjero y después comprarle la gasolina ya procesada en un precio sustancialmente más alto.
La solución, apuntaron, reside en la modernización de las refinerías existentes en México y, de preferencia, la construcción de una totalmente nueva, porque es necesario el aumento de la capacidad para procesar el petróleo y sus derivados. Sólo de ese modo se puede iniciar el camino que lleve a reducir la dependencia con el extranjero en materia de energía.
Por supuesto, la construcción de una refinería tampoco es una panacea y, por lo demás, está lejos de satisfacer los requerimientos que México tiene en este rubro. Así, por ejemplo, el experto en la materia Víctor Rodríguez Padilla, investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, ha señalado que para satisfacer las demandas del mercado interno y lograr prescindir de la importación de gasolinas, se deberían construir tres refinerías y no sólo una.
De momento, y tras el anuncio de la nueva refinería hecho el año pasado, no se hizo esperar la polémica respecto a la ubicación de ésta. Después de todo, la puesta en marcha de un proyecto de semejante envergadura implica un considerable beneficio económico regional, que se traduce en creación de empleos, aumento de la actividad económica e, indirectamente, capital político.
En el caso de Tula, y de concretarse el proyecto, como todo indica que ocurrirá, habrá una derrama económica de nueve mil 123 millones de dólares (ocho mil 264 para la refinería y 852 para infraestructura de logística) y se calcula que se crearán entre 41 mil 400 y 48 mil 300 empleos directos e indirectos durante la construcción, y de mil a mil 400 de forma permanente.
Por dichos motivos, la disputa entre gobernadores de varios estados por la ubicación de la refinería adquirió visos de gran intensidad en meses pasados, aunque haya sido tras bambalinas.
Estas circunstancias fueron las que causaron que el 18 de marzo pasado, durante la conmemoración del aniversario 71 de la expropiación petrolera, Calderón pospusiera la decisión sobre dicha ubicación, que supuestamente se daría a conocer en esa fecha.
Al realizarse dicho anuncio, varios gobernadores expresaron su contrariedad y hasta ira, como en el caso de Andrés Granier, de Tabasco, quien reclamó porque, a su decir, su entidad merecía dicha la inversión, después de todo el crudo y gas que ha aportado.
Leonel Godoy, de Michoacán, exigió que se hagan públicos los documentos con los detalles técnicos que justifican la elección de Tula como sede de la refinería.
La inconformidad fue patente en la mayoría de los casos. Incluso Juan Manuel Oliva, gobernador de Guanajuato, enfatizó las posibilidades que aún tiene su estado en caso de que Hidalgo no cumpla con los requerimientos solicitados, a pesar de que incluso si los cumpliera, se ha propuesto la reconfiguración de la refinería de Salamanca con una inversión de tres mil 076 millones de dólares.
En esta encarnizada pelea por la refinería, lo cierto es que Tula y Salamanca son las únicas ubicaciones que tienen proyectos de reconversión de residuales derivados de la producción de combustóleo, y la primera es la que requeriría menor inversión para llevarlo a cabo.
En el caso de Michoacán, por ejemplo, ni siquiera cuenta con una infraestructura previa, ventaja con la que sí contaban los otros nueve estados con propuesta.
Desde hace tiempo, Tula se vislumbraba como la mejor opción, debido a su cercanía simultánea con las fuentes de procesamiento del petróleo y los mercados de consumo, así como el hecho de que su infraestructura parece ser la mejor opción técnica en términos de logística.
Dudas pertinentes
Sin embargo, nunca está de más el “sospechosismo” y cabe preguntarse, como lo hizo el columnista Miguel Ángel Granados Chapa en Reforma el miércoles 15, qué tanto podrían tener que ver los intereses del líder petrolero Carlos Romero Deschamps con la elección de la sede para la refinería.
Esta posibilidad tiene sustento si se considera que la Sección 35 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, que es donde tiene su plaza laboral el controvertido representante laboral y secretario general del sindicato, se encuentra situada precisamente en Tula, y a él mucho le podría convenir que se ampliara dicha sección con más trabajadores, los cuales representan, al fin y al cabo, fuerza política.
El factor Romero Deschamps explicaría la aparente omisión de una de las grandes desventajas de Tula: el daño al medio ambiente.
Jesús Reyes Heroles, director de Pemex, soslayó en la conferencia de prensa realizada con motivo del anunció de la sede la importancia de dicho impacto ambiental, pero los problemas de contaminación de Tula constituyen un hecho innegable que a simple vista puede comprobar quien pase por ahí.
Varios factores contribuyen a dicha problemática, entre ellos la refinería actual, la central termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad y las cementeras.
El hecho es que hay buenas razones para dudar de la conveniencia de Tula para ubicar un complejo industrial del tamaño del bosque de Chapultepec y sumarlo a la lista de factores de contaminación ambiental.
Por otro lado, este domingo 19, La Jornada -en su versión en línea- difundió la versión de algunos campesinos del comisariado ejidal de Bominzhá, en Hidalgo, quienes aseguran que el gobierno estatal pretende pagarles entre cinco y diez pesos por metro cuadrado de sus tierras.
Aunque varios personajes, y entre ellos Reyes Heroles, han descartado que ocurra un atencazo en Hidalgo, los ejidatarios del lugar exigen un precio justo por los terrenos, y aseguran que su valor es de por lo menos un millón de pesos cada hectárea.
