Más leidas en Opinion
Artículos relacionados
Artículos más comentados
Artículos más comentados (histórico)
El centro histórico
Escrutinio No. 73
Por Joel Gallegos Legarreta
Una placa que dice: “aquí se filmó la película el revoltoso con Germán Valdez Tin Tan” se puede ver en la plaza Seminario, a un costado de la catedral metropolitana en la ciudad de México. El centro histórico es simplemente admirable y pasmoso, dicen que no puede haber ciudad que lo iguale, algún día lo comprobare o moriré en el intento. Lo cierto es que mi alter ego vive una vida alterna en el Distrito Federal, venero esa ciudad, encierra aires de distintas épocas y a quienes nos gusta contemplar la huellas del tiempo, sencillamente resulta necesario y ineludible admirar los monolitos que yerguen en los alrededores de la segunda plaza más grande del mundo.
Cuando trabajé en ciudad Juárez ahí por los noventa me gustaba comerme una torta cerca del monumento que se le erigió al “pachuco de oro” atrás del mercado Juárez, me parecía entonces un homenaje mínimo que el pueblo de Juárez (como dice la placa) le hacía al mejor cómico de México, y coincidentemente en algún momento de la vida estuve en la ciudad de los palacios para presenciar otro homenaje. Es increíble como el país se reedita en distintos rincones de la patria.
Recorrer el centro histórico de la capital ha sido una de las grandes sergas de mis estancias por allá. A Quien le gusta la historia y la contemplación de la grandeza no hay mejor lugar.
He estado horas con la mirada en el zócalo. A veces ahí mismo y otras desde el restaurante que se ubica justamente enfrente y a lo alto entrando por el hotel Majestic, donde en un buen día se pueden apreciar los volcanes que coronan el palacio nacional. En especial recuerdo el espectáculo de luces que el gobierno de la ciudad realizó para celebrar el día de muertos, francamente es una cosa descomunal, mexicana, auténticamente mexicana. En esos días en especial el zócalo es misticismo mismo, el entorno está en un grado en el que el alma humana se acerca a lo terrenal, a lo ancestral, y lo mestizo.
Ahora su puede andar en la antigua calle de Plateros por la vía que antes se destinó a los automóviles, la calle se llama desde 1916 Francisco I. Madero, cuando el mismísimo General Francisco Villa, montado en una escalera y con la cacha de su pistola colocó el letrero que bautizó la vía con el nombre del apóstol de la democracia.
Me dicen que igual se van a cerrar a la circulación diez calles más, para ahora si contemplar con su esplendor todos los edificios que le han dado el alias de ciudad de los palacios a nuestra siempre erguida metrópoli.
Ciertamente se me pude acusar de redicho y enfático o tal vez de cursi, pero quien no contempla la grandeza del pasado no merece el crédito de la historia, ¿en qué momento dejamos de hacer cosas descomunales y elocuentemente grandes para regalo póstumo?, ¿en qué momento nos divorciamos de la arquitectura monumental?
Cuando existe cultura se incrementara el fervor por el pasado y por los testigos monolíticos que gritan sucesos que nos dieron terruño, vida y patria. Ojalá en los municipios que aun pueden presumir del pasado, no se infecten con el síndrome de de la innovación mal entendida, que en aras de sus ideas nacidas del ocio y ayunas de conciencia universal, acaso el mayor enemigo de los monumentos históricos: la ignorancia.

