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Observaciones al hígado de un alcohólico de un consumidor de esteroides.
Escrutinio No. 71
Por Marco Velázquez
Había una vez una región llamada Europa, y un apéndice conceptualmente totalizador llamado Occidente que aspiraba a tener un hígado robótico. Esta región había sido presa de sí misma por haber abusado, en la producción mercantil, de todo lo divino y lo sagrado. Europa, después del alcoholismo de todas sus guerras, decidió fortalecerse a sí misma con anabólico esteroide… para intentar salvar su hígado.
En la sala de un hospital en Oslo, Noruega, intentan reponerse del shock de un atentado. Sin querer hacer un símil de su experiencia con Afganistán o alguno de los territorios de Palestina ocupados por el gobierno terrorista de Israel, los muñones sanguinolentos de los heridos les recuerdan las guerras mundiales que los gobiernos de Europa, sus colonias en Norteamérica y la Asia Imperial promovieron para repartirse un pedazo de algún órgano mundial.
Mientras tanto, Scotland Yard se avergüenza de sus errores palaciegos, y con su vena infinita de justificaciones mediáticas, el M-16 asegura que ha muerto Edipo, porque todo se puede espiar menos la entrepierna de la reina. Y, de esta manera, los medios anglosajones hacen pensar a la opinión pública que la muerte de Amy Winehouse se debió a querer salvar su hígado…
Pero si acaso había una duda, el imperio mediático de Charles Foster Kane-Rupert Murdoch quedará incólume, al igual que el escándalo de las escuchas impune, porque el Tea Party Movement y la Fox Broadcasting Company seguirán trasmitiendo las noticas del mundo como si se tratara de la última temporada de Los Simpsons en las Trece Colonias. David Cameron se presentará ante las Cámaras y asegurará que los problemas son del hígado, de la misma manera en que Barak Obama sigue negando el burdel de su economía de casino.

¡Francia está absorta en la comedía de su propia tragedia! La democracia francesa se corroe frente a un laberinto de espejos. Desde los Campos Elíseos se escuchan los gemidos de las libertades del pasado. ¡Ha quedado olvidada la Revolución, la Comuna, la República! Dominique Strauss-Kahn, su mayor capital político actual, estelariza una película de París frente a New York; la trama es elocuente: ¿Cuál es la verdadera “Capital del Mundo”, cuál la cuna de la democracia moderna? ¿A quién le importa?
Alemania no se inmuta con los estelares de los espectáculos. Alemania mira a Grecia, a Portugal, a Irlanda; de alguna manera, y con su habitual frialdad evaluadora, a España e Italia. Ya se escapó Islandia de la deuda… ¡Viva el Tratado de Maastricht! ¡Viva la Unión Europea!, pero que no se les olvide que seguimos hablando de la vieja Europa, y Alemania sigue siendo Alemania.
Y España, que se proyecta como paradigma democrático contemporáneo para Hispanoamérica después de su eterno Medievo, se lanza a recolonizar sus mercados “naturales”. Telefónica, Iberdrola, BBV, Santander, Real Madrid, Barcelona, Zaragoza. San Messi, San Cristiano Ronaldo, San “Chicharito” Hernández, todos son agentes mediáticos de una nueva empresa de conquista, ¿o será necesario que nos encontremos al Vaticano para entender su alcance financiero? ¡Pero por sobre todas las cosas está Franco y el Papa!
Y sí, ahí están los indignados es sus plazas más representativas de Europa. En todas sus hermosas ciudades se rebelan los plebeyos, los siervos, los no bienvenidos. Europa, que ha vivido tiempos de estabilidad en ocasiones y de conflicto, como premisa, en otras, se ha olvidado que la bonanza en la que vive actualmente se debe al saqueo de África, de Asia, de América Latina, de Oceanía y de los polos. No, los países subdesarrollados no somos los pobres del mundo, somos los que hemos aceptado que el esquema de saqueo se instaure entre nosotros; es decir, los que hemos pagado con el hígado las borracheras y la resaca de los países “civilizados” y de las putas que les administran el garito.

El borracho, con una cirrosis hepática a cuestas, mira el mundo con ojos vidriosos: frente a sus costas observa levantamientos populares, democracia directa, vientos de revolución incendiaría; con su experiencia en conflictos, este alcohólico de marras se cree con la obligación de intervenir, ya que la explosiva situación no le es tan ajena, pues muchos de las condiciones políticas y económicas de la región las ha provocado desde los tiempos en que inició su aventura etílica. Piensa para sí mismo, y en su fuero interno pronuncia la siguiente sentencia: -Son demasiado jóvenes, bárbaros, incontinentes; pueblos de miserables que no saben apreciar las mieles del placer y las delicias de la felicidad, carecen de la exquisitez suficiente para degustar un buen licor y de la capacidad analítica para guiarse por sí mismos. ¡La libertad no se hizo para ellos: la miel no es para los asnos!
Así, deciden intervenir en el conflicto tunecino, después de olvidarse de que ese país vivía sumergido en la inopia y el ostracismo democrático hacia décadas, sólo la manifestación masiva de los jóvenes tunecinos obligó a los gobiernos europeos a sugerir transformaciones en el sistema político de aquel país; pero sus sugerencias no se dirigieron, en lo más mínimo, a contemplar transformaciones de fondo en el ámbito económico, ni, mucho menos, a establecer un modelo alternativo al capitalismo depredador.
Después se propagaron las protestas en un socio comercial “mayor”. Los más de 80 millones de habitantes de este país, geoestratégicamente imprescindible en la región, resultaron ser más importantes que las 10 millones de almas tunecinas; pero, lo más importante, no hay que llamar a engaño, es que a los borrachos europeos les preocupó el futuro de las inversiones comprometidas con Hosni Mubarak y los barriles de petróleo que todos los días salen de este país rumbo al viejo continente.
Las manifestaciones de inconformidad pronto se dispersaron por toda la región, y las posiciones occidentales se empezaron a ver más endebles: Argelia, Bahréin, Yemen, Siria fueron la mecha incandescente que amenazaba con hacer estallar el barril de petróleo de las petromonarquías árabes. El alcohólico se decidió a actuar, y eligió Libia para poner el ejemplo: Muamar el Gadafi, un antiguo conocido de los negocios europeos y estadounidenses, fue el blanco elegido para “curarse en salud”. Bajo la consigna romana del “César ha muerto viva el César”, se busca hacer caer al tirano, buscando mantener los privilegios que durante bastante tiempo han gozado en ese país y en la región.

A la guerra como solución le fallaron los serafines que debían tocar en las exequias del fin de la historia. El modelo corrupto de acumulación capitalista deja ver por todas partes las averías del hígado dañado de un alcohólico terminal. Para colmo de males, el Capitán América no ha podido reponerse de una resaca crónica, y los anabólicos que le fueron recomendados para mantener su musculatura terminaron por destruirle lo que le quedaba de hígado. Habrá que esperar un poco más en el quirófano de la historia, pero podemos tener la certeza de que el problema no ha sido del hígado, sino las constantes borracheras y el abuso de esteroides.

