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Futbol y juventud

16 Julio, 2011
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Héctor Alejandro Quintanar Pérez
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Escrutinio No. 70

A la memoria de don Lorenzo Pérez,

quien en su eterna juventud trazó los dos

pilares de una vida plena: rectitud jovial y disciplina amorosa

 

Cuando las malas noticias anegan el panorama nacional, esperanzadores y frescos son  los hálitos  del triunfo.  Y  no me refiero a las propagandísticas victorias que emite a diario el Gobierno Federal  sobre sus “avances” en la “guerra” “contra” el “crimen organizado” en comerciales mentirosos.  ¿Qué imbecilidad dirá ahora el señor Alejandro Poiré, vocero de asuntos sanguíneos de Calderón,  sobre el anuncio televisivo donde se afirma que se han “detenido o abatido” a personas como “El Mayo” Zambada o Heriberto “El Lazca” Lazcano, cuando éstos siguen en libertad e impunes?

¿Dirá que la Secretearía de Seguridad Pública federal posee diagnósticos tan precisos que se da el lujo de predecir inminentes detenciones? ¿Dirá que fue un error de dedo que causó daños colaterales a la veracidad? ¿Dirá que los publicistas de Los Pinos estaban de buen humor y adelantaron seis meses el día de los Santos Inocentes?  En un sujeto como Poiré, que ha hecho de la mendacidad su modus vivendi, el repertorio  de respuestas tontas es la especialidad de su lengua.

Mientras tanto la historia enseña: si en un país no tan atrasado como el nuestro un político miente  y se descubre, pasa de inmediato  al basurero de la ignominia (como en el Watergate en Estados Unidos). En México, un gobierno obligado por Ley a no mentir,  tiene el desparpajo de engañar cínicamente a los  ingenuos y a los tarados  y no pasa absolutamente nada.

Pero de  espots farsantes  y voceros de la  justificación de lo injustificable se hablará con mayor profundidad en otra entrega.  Ahora nos ocupa  un tema que no por ser  grato  deja de pasar por el cariz político: la victoria de la selección mexicana Sub-17 en el Mundial de su especialidad.

Para el aficionado balompedestre, nada más  exquisito que ver  a una de sus selecciones  ganar los siete partidos de un mundial de su especialidad, aun cuando se jugara en casa. Así, los chavos guiados por la tutela de Raúl Gutiérrez (otrora defensor lateral del América, Atlante y Selección Nacional) dieron cuenta en la primera ronda de la selección norcoreana, de la del Congo y la holandesa. Ya en octavos de final derrotaron a Panamá,  para luego hacer  lo propio ante Francia en cuartos. En la antesala de la final, y en un partido ensoberbecido y emotivo, vencieron a la poderosa Alemania, que fue su sinodal previo a  los finalistas uruguayos.

 

 

México obtuvo siete victorias en siete encuentros. Que un  equipo sede en un mundial ganara todos los juegos de la competencia es algo que no se ve a menudo. En selecciones mayores, la única distinción en ese rubro la logró la selección uruguaya en el primer mundial disputado, allá por el año de 1930 en tierras charrúas, cuando la  azul celeste ganó sus cuatro compromisos. Ni siquiera la selección italiana de 1934, jugando en su país y con el apoyo  ilegítimo del dictador fascista Benito Mussolini logró vencer a todos sus rivales en el torneo.

El domingo pasado los jóvenes mexicanos dieron una lección de temple  y madurez,  que sólo  se vio opacada por los ridículos festejos del señor Felipe Calderón, ahí presente en un palco del Estadio Azteca, quien bailaba con la gracia de un poseído cada vez que México anotaba un gol. 

Y es  precisamente la obsesión calderonista de colgarse de triunfos ajenos la que se debe destacar.   Hace seis años, cuando México ganó por primera vez el campeonato del mundo Sub-17, las precampañas presidenciales vivían sus momentos álgidos. En ese entonces nadie daba ni medio centavo por Calderón, cuya imagen era opacada por la del delfín  foxista, Santiago Creel.

Así, Calderón se colgó del triunfo de los jóvenes en el Mundial de Perú, mediante el argumento de que él era el más joven de los precandidatos  y el que compartía sus “ganas de triunfar” y hacer un “México ganador”.  Una vez asentados  los candidatos principales, ya en la campaña formal en 2006, Calderón continuó con su comparación de sí mismo con la Selección juvenil, a pesar de que no había un solo punto en común entre ellos: los futbolistas ganaron a copa con juegos limpios y sin intervenciones ilegales. Calderón “ganó” los comicios mediante  recursos procedentes de la logística estatal y con artimañas sucias el día mismo de la votación.

Y hoy ya se ven los frutos de ese triunfo viciado del calderonismo:  un país cada día más endeble, carcomido por la corrupción y la impunidad, que ahora, además de sus añejos males de pobreza e ignorancia  debe hacer frente al engendro más lacerante de Calderón: el baño de sangre producto de una estrategia  “anticrimen” sin ton ni son ni rumbo.

Pero en este lamentable contexto, Calderón se da el lujo de, otra vez, meterse en triunfos donde  él no tiene nada que ver, para así limpiar un poco su maltrecha imagen. Al menos en ese tenor el antecesor Vicente Fox fue menos cínico y arribista, pues  se recuerda cómo éste ninguneó a un equipo nacional infantil de beisbol mexicano, luego de que  en 2005 también,  ganara un campeonato mundial derrotando en la final nada menos que a Estados Unidos.

Calderón, en año previo a la elección presidencial,  continuará  colgándose de todo tipo de triunfo. La razón es sencilla: el actual habitante de Los Pinos no sabe ganar limpiamente. ¿O no acaso en la actualidad está haciendo todo lo posible para lograr que su hermana Luisa sea la próxima gobernadora de Michoacán? Entre sus ejemplares estrategias  electorales  se encuentran  el escarmiento a los rivales políticos que osen no apoyar  a la sujeta de marras y bombazos propagandísticos como el de “haber acabado” con el cártel de La Familia.

Calderón, con sus armas de siempre (o sea las corruptelas, las engañifas y las transas), continuará sus luchas electorales. Y eso es injustificable aunque sea entendible, pues  con juego limpio, árbitro imparcial y condiciones equilibradas, Calderón y su runfla no ganan ni un triste volado.

 

P.D.  Diversos estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM  alzan la voz para protestar lo que ellos califican como una detención   arbitraria e injusta de la alumna Mariel Solís, acusada de participar en el homicidio de dos investigadores de la Máxima Casa de Estudios en 2009.  Las autoridades  tomaron como  prueba la grabación del banco del que salían los académicos ultimados y los nada confiables dichos de los asesinos materiales.   Dice la Procuraduría capitalina que Mariel, a partir de ese año,  cambió su imagen y domicilio en pos de  evadir la justicia, cuando la realidad es que ella durante dos años ha continuado su vida con plena normalidad, exhibiendo cuando es necesario sus datos reales y  sin tener parecido alguno con la persona que aparece en el video del banco.

Y, sobre todo, Mariel continúa, como desde mucho antes de 2009, con lo que ha hecho: dedicar sus esfuerzos por sobresalir escolarmente, sin esconderse de nadie y actuando siempre  de manera recta.

Señor Miguel Ángel Mancera, procurador capitalino, desde hace 14 años  en el Distrito Federal se respiran aires diferentes esperanzadores en la impartición de justicia. Revise el caso, para que no se enturbie con los fétidos alcances de la injusticia. 

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