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García Luna: el cineasta fallido
Escrutinio No. 67
¡No más sangre!
Hace algunos ayeres, en el no tan lejano año de 2008, el equipo de futbol de la Universidad Autónoma de Guadalajara (Los entonces tecos) presentó su nuevo uniforme para competir en el torneo de Clausura, mismo que incluía un anuncio del estado de Nayarit, con alguna modificación en su redacción para que recordara en sí mismo el nombre del gobernador, que es Ney González. El espantajo resultante era un muégano que decía “Neyarit”.
Se criticó en este espacio que los políticos con aspiraciones (o ambiciones), usaran subterfugios a veces hasta cómicos con tal de generar una idea propagandística. La intención de Ney era, como se ve, tratar de que, con la sola mención de su nombre, se promoviera su efigie como si se tratara de un gobernador de altas tablas.
Quien recurre a técnicas tan burdas de propaganda con tal de obtener ciertos réditos electorales es porque sabe que su trabajo político se reduce no a satisfacer necesidades y cumplir con la función pública, sino a la promoción y a los hábitos trepadores. Por otro lado, nadie es tan tonto como para sentir simpatías por un gobernador sólo porque su nombre aparece en las playeras de un equipo e futbol que ni siquiera despunta en el torneo local.
Pero nuestros medios de difusión audiovisuales, como actuales partícipes y grandes electores en las bregas políticas de nuestro país, así actúan. Hacen loas, condenan, difaman, calumnian, mienten, opacan, ningunean y enturbian, ya sea a favor de sus aliados o en contra de sus adversarios.
Las apariciones en los contenidos de los medios (no en la plataforma comercial, a la que se tiene acceso a través del pago o a través de los tiempos administrados por el IFE a partir de la reforma electoral de 2007) no son casuales, gratuitos ni fortuitos.
Igual en 2008, ocurrida la matanza hecha por Álvaro Uribe en Sucumbíos, Ecuador, según esto contra las FARC, perecieron varios estudiantes de la UNAM que se hallaban ahí, y aun cuando fueran simpatizantes de ese grupo guerrillero no tenían por qué ser abatidos en una táctica fascistoide del gobierno colombiano.
En México, algunos graciosos comentaristas trataron de generar la estúpida idea de que la UNAM es un semillero de guerrilleros y vándalos. Televisa, en una maniobra nada gratuita, retransmitió un programa seudocómico de Eugenio Derbez sobre la huelga en CU acaecida… ¡nueve años antes! ¿Qué vigencia podría tener ese programa, con sus chistes insípidos y fuera de contexto, en un momento donde se atacaba brutalmente a la Máxima Casa de Estudios?
En suma, ningún contenido televisivo será gratuito, posee una intensión y un fin. Por eso, en estos días no puede oler peor la pretensión de gestar una serie llamada El Equipo, que versará sobre cómo la Policía Federal lleva a cabo el combate contra el “crimen organizado”.
La tutela de los policías será de uno de los protagonistas: Gabriel Gómez Lara (cuyas iniciales, GGL, son un guiño al actual secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna), y se dejará de lado, en ese programa, la participación de soldados y marinos en el supuesto combate a las bandas delictivas.
¿Alguien podría pensar que un sujeto como García Luna es un íntegro y probo prócer digno de ser deificado y pintado como héroe en una serie policíaca? Se han señalada hasta el cansancio sus transas y corruptelas, mismas que lo hacen tener decenas de propiedades en Morelos y el DF, valuadas en una fortuna que no se justifica con el sueldo que percibe. Por otro lado, la periodista Anabel Hernández lo vincula a un cártel del crimen organizado y lo acusa de nepotista al tener a su hermana Esperanza García Luna trabajando en la SSP con un sueldo gigantesco.
Muchos de sus muchachos, los policías federales, no cantan mal las rancheras. Están entrenados por agentes estadounidenses (quienes no hacen nada gratuitamente en términos políticos, no monetarios), como lo señaló un documental en el Discovery Channel; y su sustento jurídico como organización policíaca se reduce a ser un cuerpo que “combate al crimen organizado” (trate usted, lector, de buscar el reglamento del actuar de la Policía federal y no encontrará nada).
Son decenas las denuncias hechas en contra de muchos de estos sujetos por su prepotencia, salvajismo, incapacidad de aplicar criterios y por su talante extorsionador. No obstante, ahora serán pintados como héroes y valientes combatientes dispuestos a salvar su patria aun a costa de su pellejo. La verdad es que muchos de ellos amedrentan sólo a ciudadanos desarmados (como consta en denuncias ante la CNDH) y, como ha citado la prensa nacional, a veces huyen cuando los criminales los atacan.
No se pone en duda aquí la existencia de policías federales decentes, que de verdad tratan de proteger a la ciudadanía, pero un indicio tan fuerte como las denuncias en su contra ante diversas instancias debería ponernos a pensar cuál es el papel que juegan y qué clase de entrenamiento reciben.
Asimismo, y aún más grave, se debe recordar que cuando Florence Cassez, la secuestradora de origen francés, fue capturada por este cuerpo policial, García Luna pidió que se actuara la escena de la captura para que esta fuera grabada por las cámaras de Televisa en pos de hacerse propaganda de un “exitoso operativo”.
Semejante imprudencia ha sido la causante del diferendo diplomático reciente de México con el gobierno francés, pues aunque Nicolás Sarkozy sea un político imprudente, que sólo desea defender a Cassez para hacerse también propaganda, tiene todo el derecho a sospechar que las acusaciones contra la secuestradora son falsas, al basar su argumento en el hecho de que la mujer en cuestión fue retenida para hacer un montaje televisivo y no para ser procesada conforme a derecho.
Pronto, en mayo, veremos el ensalzamiento de este individuo que es García Luna, sujeto que, si viviéramos en un país de instituciones sólidas y vocación democrática, habría renunciado a su puesto luego de sus barbaridades y tras evidenciarse las dudas de su patrimonio.
Pero, como se ve, lo suyo es el despliegue mediático, aderezado de mentiras, trastupijes, chicanas y corruptelas. Ni qué decir de la “guerra” que su jefe emprende, con él como alfil, contra el crimen organizado, que ha bañado de sangre al país y ha abatido a miles de inocentes, cuyo deceso debería significar un proceso penal contra los responsables y no una simple mención por parte de éstos, de ser “daños colaterales”.
Si el gusto de García Luna es la ficción y la trama sangrienta, debió seguir la carrera de cineasta, donde la violencia de sus filmes seria la envidia de Tarantino yEli Roth. Pero en su puesto como funcionario en el gabinete federal en la cartera de Seguridad Pública no tiene derecho a actuar con irresponsabilidad ni menos aún con sevicia.
Televisa, por su parte, quedará en entredicho una vez más al exaltar una guerra que no debió ser y cuyo precio, por su corte humano y no monetario, tiene mucho que se tornó impagable.
