El bono demográfico se acaba

18 Abril, 2011
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Jaime Hernández Gómez

Escrutinio No. 66

Uno de los principales problemas de nuestro país, que se suma a los muchos que ya tenemos, es la disminución del bono demográfico, aquello que se denomina cuando existen más niños y jóvenes que personas de la tercera edad, o en otras palabras, cuando el trabajo de las personas que se mantienen por sí mismos es mayor al de aquellos que no lo pueden hacer.

Hablando de promedios, de los 0 a los 15 años, y después de los 65 años es cuando las personas necesitan del subsidio de alguien más, los niños necesitan de sus padres, quienes deben invertir en la educación de sus retoños, y los adultos mayores de sus hijos quienes deben destinar un porcentaje de sus recursos para la salud de quienes les dieron existencia.  

En México, del año 1950 a 2000 la población entre 0 y 14 años representó más del 35% del total, y se mencionó que una de las esperanzas del cambio en México eran los niños. Se dijo que cuánto estos crecieran, estudiaran y se pusieran a trabajar la situación sería diferente pues al ser bastantes la producción aumentaría, se generaría mayor riqueza, y disminuiría la desigualdad.

De acuerdo al Censo de Población y Vivienda 2010 esa realidad demográfica hoy es una realidad. Las personas que tienen entre 15 y 64 años en 1990 representaba el 57.2%, en el 2000 el 60.9% y en 2004 el 64.4%.

Fuente: INEGI, Censo de Población y Vivienda 2010.

De acuerdo a las estadísticas de población, México se encuentra en el mejor de los escenarios porque como nunca antes, tiene jóvenes que pueden marcar la diferencia hacia el futuro. Quienes en los años 80 y 90 representábamos la promesa, ahora somos una realidad con la disposición de producir, trabajar, ahorrar e invertir.

Sin embargo, la situación que actualmente existe en nuestro país debe preocuparnos y ocuparnos, porque existe la clara evidencia que el bono demográfico no se está aprovechando, y como lo señaló el rector  de la UNAM, José Narro, lo que es bono puede convertirse en 20 años en un pagaré demográfico (El Universal, 28 de febrero de 2011).

Más de 7 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, los salarios pírricos que existen en el campo laboral, y los planes de estudio de varias carreras universitarias que no están acordes al mercado de trabajo son indicadores de que las cosas andan mal.

Y debemos preocuparnos porque los que ahora estamos en la franja de los 20 a los 30 años, en dos décadas estaremos en la de los 40 a los 50, y es en esta edad cuando nuestra fuerza física comienza a disminuir, por lo tanto la productividad comenzará a descender, la salud a deteriorarse, y no obstante, demandaremos el mismo consumo en alimentos, agua, vestido, vivienda, etcétera.  

Uno de los indicadores que en 20 años el México de jóvenes se convertirá en uno de adultos de mediana edad es el promedio de edad que refleja el Censo de Población 2010. En 1990 la media era de 19 años, en 2000 de 22 años, y en 2010 de 26 años. Así como vamos en 2020 será de 31 años, y en 2030 de 37 años.

Del escenario negativo del país todos somos responsables, pero algunos tienen más culpa, y ellos son los gobiernos que tienen la función de aplicar políticas programáticas para avanzar en cada rubro de lo que concierne el país (educación, seguridad, empleo, infraestructura) y sin embargo, no lo hacen, o por lo menos, no con la eficacia que la realidad demanda.

Empero, como lo mencionó Manuel Castells en la conferencia que impartió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la acciones deben venir de la sociedad, y no de los gobernantes (Reforma, 16 de abril de 2011), y nosotros como jóvenes debemos sensibilizarnos con el problema y comenzar a actuar.

El panorama es bastante complicado, pero un buen inicio es comenzar a hacer cada quien lo que nos toca. El estudiante aprovechar al máximo el tiempo en las escuelas para aprender idiomas, practicar algún deporte, y profundizar al máximo su conocimiento sobre diversas áreas de estudio.

Mientras se está en la escuela es preciso realizar prácticas profesionales en diversas áreas para adquirir experiencia y al mismo tiempo, el capital social (contactos) que en México es lo que mejor funciona (aunque no debería de ser).

Ya inserto en el campo laboral, es importante tener claro que los años pasan rápido y en poco tiempo nuestra juventud física comenzará a terminar. Es por ello que debemos pensar trabajar para lograr una pensión (aunque hoy en día este método de sobrevivencia se está extinguiendo), ahorrar para emprender un negocio propio, o lo que algunos recomiendan como la mejor alternativa, el invertir en algo que al mediano y largo plazo genere ingresos adicionales.

A todo lo anterior, debemos ser siempre exigentes con nuestros gobiernos para que apliquen medidas que realmente propicien mejores condicione de vida para los habitantes.

Es importante que entendamos la realidad que atravesamos como sociedad, que nos preocupemos por los grandes problemas que que cada vez se agudizan más, pero sobre todo, actuemos (en la medida que nos sea posible) para cumplir con nuestra parte en la construcción de un futuro promisorio.

Vale la pena ser optimistas, aunque con los pies bien puestos en la realidad, pues de lo contrario nos lamentaremos de aquello que pudimos hacer y no hicimos, y de ello, ni lamentarse vale la pena.

Espero sus comentarios. 

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Comentarios

  1. 1

    28 ABRIL, 2011

    OMAR

    ¿de dónde sacas que hay 7 millones de jóvenes que no estudian no trabajan? ni son los 7 millones que dijo el rector, ni los 200,000 que dijo lujambio. aguas

  2. 2

    28 ABRIL, 2011

    JAIME

    Es un dato que dio el rector de la unam, josé narro.

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