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¿Quién es el verdadero Juanito?
Escrutinio No. 61
Quien se asome a estas líneas hará bien en no recordar a ese singular personaje que cimbró la esfera política mexicana en el año de 2009, luego que para evitar una turbia maniobra en contra de Andrés Manuel López Obrador, la ciudadanía iztapalapense votó por Rafael Acosta, Juanito, para evitar la imposición de la candidata chuchista-calderonista en la demarcación.
Luego de ganar gracias al empuje de AMLO, Juanito mostró su verdadero rostro, el de la veleta oportunista y ambiciosa, que en nada se diferenciaba ya de los chuchos y sus huestes. Al declarar que no iba a cumplir su palabra de renunciar a favor de Clara Brugada, tal como lo había acordado públicamente ante la gente que por él sufragó, pasó de ser un hombre clave dentro de una estrategia política, a una sabandija corrompida.
Olvidable y espantable fue el breve lapso de fama de Juanito, a quienes los medios calderonistas atacaban sin piedad cuando era cercano a AMLO y luego alababan sin pudor cuando le volteó bandera. Su nombre quedó inscrito en letras de azufre en las hediondas cavernas del basurero político nacional.
Sabedor de esto, y regurgitando un amargo odio contra AMLO, el canciller
Jorge Castañeda alzó la voz recientemente, para calificar a Alejandro Encinas, virtual candidato del PRD, a la gubernatura del Estado de México como un nuevo Juanito, para así tratar de retratarlo como un títere del tabasqueño, y de paso señalar a éste como el gran manipulador de la política nacional y tutelar superior de la vida partidaria tanto del PRD como del PT y Convergencia.
Primeramente debe decirse que Encinas cuenta con una extraordinaria y sólida carrera política. Surgido de las fuerzas casi marginales del Partido Comunista, fundador del PRD y hombre congruente toda su vida, ni siquiera las derechas más fascistoides podrían calificarlo de “violento”.
Un botón de muestra refleja lo anterior: cuando la lucha postelectoral de 2006 cruzaba sus más candentes momentos, Encinas era Jefe de Gobierno del DF, y le tocó bregar contra los grupos neonazis (panistas, seudoempresarios como Alberto Núñez Esteva o dirigentes patronales como José Luis Barraza del Consejo Coordinador Empresarial) que histéricamente gritaban que el plantón de Reforma debía ser levantado mediante la violencia policial.
Encinas supo cómo dirigir la Ciudad en esos agrios momentos, respetando la lucha pacífica y hasta escuchando a las intragables voces de los agresivos mastines derechistas, que pedían estúpidamente que se derramara sangre en Reforma.
Antes de ocupar el que hasta ahora ha sido su máximo cargo, la titularidad del ejecutivo local en la capital, Encinas se había desempeñado como diputado federal, Secretario de Desarrollo Económico, subsecretario de gobierno y Secretario de Gobierno en la administración perredista del GDF.
Había participado también como candidato a la Jefatura Delegacional en Álvaro Obregón (elección que perdió ante el delincuente panista Eduardo Zuno, autor de numerosos fraudes en la demarcación en colusión con Carlos Ahumada de 2000 a 2003); y había sido, claro está, candidato a gobernador del Estado de México en 1993, contienda que perdió ante el priista Emilio Chuayffet (gestor de la matanza de Aguas Blancas).
Los calderonistas y chuchos que hoy ladran enfebrecidos que Encinas no cumple el requisito de residencia para ser candidato de esa entidad, deberían explicar cómo fue que en el año 93 Encinas sí pudo validar su candidatura y, además, aclarar por qué en esos años no armaron el mitote que hoy hacen. La razón es clara: como ahora Encinas pertenece a un movimiento ciudadano,como el de AMLO, le brincan a la yugular, enceguecidos por el odio enfermizo y cerval que le profesan al tabasqueño.
Por otro lado, Alejandro Encinas es un académico notable, otrora investigador en la Universidad Autónoma Chapingo y actualmente profesor titular de la Facultad de Economía de la UNAM donde imparte la cátedra de Desarrollo sustentable. ¿Son estas las credenciales de un títere o un patán ignorante y corrupto como Juanito?
Al señalar de esa forma a Encinas, Jorge Castañeda, más que insultarlo, parece describirse a sí mismo. El ex canciller pasó también a las cuevas fétidas de la historia, al fungir como un canciller mexicano vergonzante y arrogante.
Al asumir su cargo de Secretario de Relaciones Exteriores foxista, Castañeda llegó con una idea singular: según él, la diplomacia mexicana del pasado había sido ejemplar y de brazos abiertos con los demás países debido a que el priismo buscaba que las miradas internacionales no se asomaran a las constantes vejaciones a los derechos humanos en el interior.
Cual chivo en cristalería, Castañeda logró dar al traste con la historia de solidaridad latinoamericana y no intromisión belicista (elementos que para Castañeda olían a “priismo”), al despotricar y actuar en contra de naciones históricamente aliadas (el caso más sobresaliente es el vergonzosísimo “comes y te vas” propinado a Fidel Castro en la cumbre de Monterrey de 2002, del cual Castañeda fue cómplice).
Pero lo que mejor retrata a Castañeda fue el improperio emitido luego del ataque a las Torres Gemelas en septiembre de 2001. Más allá de que cualquier ataque terrorista es injustificable y digno de castigo ejemplar, el pacifismo es la única arma digna y válida que puede esgrimir la diplomacia mexicana. Castañeda olvidó esa tesis fundamental y comentó el siguiente exabrupto: “Estados Unidos tiene derecho a vengarse”.
Desde esos meses, los analistas avezados notaban que la administración de George Bush era un lastre y un peligro para la humanidad por su beligerante ambición y su impío talante, que lo llevó al delirio de incluso legitimar la tortura como medio de “investigación” de delitos. Castañeda, ignorante de estas cuestiones, se ponía de tapete ante la sed de sangre e Bush y su mastín Collin Powell.
¿Dirá Castañeda, para justificarse, que su condición de guiñapo se da en ligas mayores de la escoria mundial? Vale recordar que en 2006 El Güero estuvo muy cerca de ser el abanderado presidencial de Elba Esther Gordillo, vía Nueva Alianza, a pesar de haber declarado que le daba “hueva” hacer campaña debido a que no le gustaba que la gente “lo tocara”. Respondón ante el público resultó el guiñapo Castañeda, que sólo se deja mangonear por gente proba e íntegra como Powell o la maestra.
Además, en un pasaje nunca desmentido, la periodista acapulqueña Manú Dornbierer denunció en su libro Foxtrot el comportamiento intelectual del ex canciller mexicano: en una visita oficial a Xian, la sede China donde se halla el portentoso monumento de los guerreros de Terracota, tanto Vicente Fox como Martita Sahagún y Jorge Castañeda se metieron a jugar a las escondidillas entre las milenarias figuras de piedra, en un increíble gesto de cretinismo.
Por otro lado, en 2005 el doctor Hugo Sánchez Gudiño (profesor e investigador de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM) ironizaba que tras casi veinte años de dar clases en esa facultad, jamás se había notado la presencia de Castañeda, quien figura como académico titular del plantel.
La de Encinas y la de Castañeda son trayectorias que van en sentido contrario,y portan credenciales diametralmente opuestas. Uno es un hombre comprometido con su país y que por la vía de la prudencia y la honradez ha ejercido el mando en los puestos públicos. El otro es un pelele que disfraza de arrogancia su ánimo rastrero y su desprecio por la gente.
¿Quién es, pues, el verdadero Juanito?

20 ENERO, 2011
ADáN CASTRO Dijo:Felicidades. ya se extrañaba esta pluma y su tono firme, directo, en escrutinio.
completamente de acuerdo: como candidato, encinas reúne cualidades políticas que lo aventajan incluso frente al mismo amlo y a ebrard. muy difícil debe ser para la derecha urdir calumnias contra uno de los políticos más congruentes y probos que pueblan hoy la escena nacional, y por eso no es de extrañar el desbarre tan ridículo del inefable castañeda.
22 ENERO, 2011
JAIMEHey, muchas felicidades por su regreso al doctor héctor. saludos
22 ENERO, 2011
QUINTANARDoctores adán y jaime, les agradezco su atención. adán, totalmente de acuerdo contigo, y aunque todos tienen derecho a discrepar de encinas, no se vale golpearle sin argumentos, como ha sido la constante desde hace 9 años contra amlo y sus cercanos.
25 ENERO, 2011
SAMIRExcelente artículo doctor. para avalar su argumento, el domingo 23 el doctor arnaldo córdoba publicó en su artículo de la jornada la diferencia jurídica entre residencia y domicilio. http://bit.ly/f70wft