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Hacer algo
Escrutinio No. 61
A propósito de un año nuevo…
Del otro lado no habrá noción de lo que sucede, no sabrán que es año nuevo y el mañana no se afrontará como un nuevo reto. La historia figurará como casual, no como causal. ¿Quiénes están acá? Los hijos del sol no iluminado, quienes difícilmente comerán pavo o caviar, quienes piensan más en una miga de pan que en una letra que escribir, quienes cambian vivienda por sobrevivencia y educación por miseria.
Si usted piensa un poquito, -no pensar en un futuro lleno de gracias de un Dios que no considera las injusticias y las pobrezas, o pensar en su propio bienestar sin importarle lo que le pase al de a lado-, puede dilucidar, quizá, si su educación se lo permite, la buena vida de los niños cocidos en el comal del libre mercado, imaginar que en cada rincón del mundo juegan tranquilamente, sin esperar que una bomba destroce los corazones de sus países, sin esperar que la muerte entre por sus estómagos y se expanda por sus hogares, sin esperar que el olvido se apodere de sus historias, y las historias de sus propias vidas.
Al sabernos parte de esta realidad, y como seres sensibles en esta insensibilidad, nos gustaría que las nobles intenciones que ha albergado este mundo se materializaran y la gran marcha cumpliera su meta; que la memoria histórica residiera en cada ser humano, que la sociología no sólo hablara de individuos sino actuara por ellos, que la filosofía no sólo contemplara el mundo sino que lo transformara, que la política fuera usada para el bien colectivo y no para satisfacer los bolsillos de unos cuantos.
No digo esto que no se haga, pero si digo que muchas veces nos contentamos, como dice el maestro Eduardo Galeano, con “ver, oír y callar”, padecemos ese terrible mal de la verborrea: hablamos mucho y hacemos poco.
Pareciera que el hacer juega a las escondidillas y en este nuevo año se esconden tantas necesidades que aquejan al país, al continente, al mundo. El somos se pierde en el yo, y para lo único que nos unimos es para ser indiferentes al malestar del otro.
Si nos ponemos un poco más idealistas (o si así lo quiere ver, materialistas históricos autocríticos y renovados), nos encantaría que en este nuevo año, cada ser humano, en cada parte del mundo, pudiera gritar libertad, fuera capaz de escribir lo que siente a la hora que lo desea, y posea una vida en la que la poesía, la buena música y el teatro no fueran un lujo.
Que las letras fueran conocidas por todos y la educación no se convirtiera en el lujo de los hijos del sol iluminado. ¿Alguien dijo que la educación sigue siendo un lujo?
Cambiaría (y creo que muchos más lo harían), al país más poderoso del mundo por un poco de pan para “los nadie”, para los indigentes, los niños de la calle, los presos políticos.
Pienso que 2011 sería el año adecuado para que por fin, su servidor (y muchos servidores más) aceptaran el fin del imperialismo, el fin de las dependencias económicas. El fin de la explotación a la que por más de 500 años han sido vejados los indios en México y toda América Latina. El fin de ideologías que buscan sodomizar a los que no piensen como ellos. El fin de animales que creen ser dueños de animales. El fin de la palabrería. El fin de fundamentalismos contra fundamentalismos.
Sin duda nos gustaría que los vinos importados que degustan los excéntricos millonarios fueran repartidos en forma de comida, para ellos: los afectados por las guerras en medio oriente, las víctimas de dictaduras comunistas/capitalistas, los desempleados por la reducción del Estado de bienestar, los estudiantes rechazados de las Universidades…
Sería el año apropiado para pensar en El fin del fin del mundo, no para ponernos sentimentales y catastrofistas, sino para HACER ALGO.
Nos gustaría que la vida dejara de ser un martirio y el bienestar obra del destino.
En fin… 2011 puede ser el inicio o el final. Puede sonar el despertador y despertarnos o dejarnos dormidos. Puede ser el espacio para que el artista cree libremente o se someta a absurdos estatutos.
Puede ser el punto en el que las acciones vuelen y aterricen en forma conjunta y finalmente, la contorsión de las voces disloque, aunque sea un poquito, la quebrada estructura que por más que intenta sostenernos, parece derrumbada desde hace ya mucho tiempo.

23 ENERO, 2011
JUAN MAYORGAAsí sea