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200 años de Latinoamérica
Escrutinio No. 60
Atisbo del poder
Alejandro Rosas Marín*
Hace 200 años las naciones latinoamericanas iniciaron la lucha de independencia de los viejos imperios monárquicos. En este año de conmemoraciones el tiempo es el correcto y la situación la incorrecta.
Latinoamérica es una región inacabada en el reto de su historia; es la síntesis de los mundos y de las culturas que dieron origen a esta gran y prodigiosa variedad de pueblos hermanados por el idioma, por su historia y, lamentablemente, también por sus problemas y carencias.
Se están cumpliendo 200 años del inicio de las luchas independentistas de Latinoamérica, iniciadas en 1810. Es de gran importancia revisar los planteamientos que, en su momento, hicieron Hidalgo, Morelos, Sucre, Bolívar, San Martín, Moreno, O’Higgins y Artigas en sus respectivas luchas de independencia y en sus respectivos ideales de las nuevas naciones que estaba generando la América Latina independiente. Todos coinciden en temas como la visión unificada de las Repúblicas hermanas como un bloque de naciones que unidas deben de surgir para resolver, de una vez por todas y para siempre, sus limitaciones y su periodo colonial de sumisión y mansedumbre.
Este origen independentista de la América Latina es también el origen de la identidad de las naciones y de los pueblos que hoy somos; es en esos documentos fundadores de nuestros pueblos en donde se puede percibir como punto de partida la equidad y el imperativo legal como mecanismo de la justicia y de la búsqueda de un modelo político que dé viabilidad económica para encontrar el progreso individual y colectivo a través del trabajo, la superación y el conocimiento.
Desde 1810 Latinoamérica comenzó su proceso de independencia de las naciones europeas; sin embargo desde el siglo pasado hemos creado nuevas relaciones de dependencia: en la tecnología, en la ideología, en los planes económicos externos, para combatir la pobreza y el subdesarrollo.
Es importante reflexionar que algo estuvo mal en el camino: el diseño original de la América Latina independiente, hoy día, se presenta como una tarea inconclusa, la batalla que no ha ganado Latinoamérica, la transición fallida. Aún estamos en la búsqueda de un modelo económico y político que permita el progreso con equidad democracia, libertades y paz social.
Ante esa grave carencia, las soluciones han sido parciales, drásticas, violentas e incompletas. Por ello, ante la incapacidad de los gobiernos y de los Estados para resolver estas necesidades, el ciudadano independiente ha optado por marcharse a otros países con sus necesidades a cuestas.
Estas corrientes de personas que van en sentido contrario de lo que debería ser una corriente de inversión, comercio y progreso está generando una de las más grandes distorsiones sociales en el continente. Por una parte, la falta de equidad en la forma de gobernar de las naciones; por otra, la xenofobia que entre naciones hermanas existe y entre hermanos de nación fuera de su nación, lo que es también otro de los grandes choques de nuestra época.
Doscientos años después de la visión de la América Latina unida, esta sigue fragmentada, avasallada y con la tarea de consolidación institucional inconclusa. Muchas son las teorías y las razones que pueden explicar nuestro pasado: enfrentamientos ideológicos, crisis económicas, presiones externas y ambiciones de bloques de poder sobre la región, factores que han destruido, una y otra vez, las pocas edificaciones sólidas y de progreso que nuestras naciones han acumulado.
A pesar de ello, hoy tenemos ante nosotros un escenario y una oportunidad de renovación, una oportunidad para reconstruirnos integralmente y así, poder promover democráticamente la reconstrucción y la consolidación de las instituciones, del imperio de la ley, de la preeminencia y permanencia de las democracias civiles para lograr un modelo económico adecuado a las necesidades de la región, un modelo económico que no sea de importación y, mucho menos, de imposición, un modelo económico que resuelva, por sus causas, los grandes problemas de pobreza que se siguen acumulando en esta región.
Si bien la pobreza lastima, la desigualdad es la que desgarra; en Latinoamérica tenemos los peores niveles de desigualdad. Para muchas regiones de nuestro subcontinente la falta de esperanza entre pueblos hermanos y entre ciudadanos acerca no sólo de su futuro sino de su presente inmediato es tema de todos los días.
Latinoamérica necesita reconstruir sus nuevos ideales, necesita replantearse metas comunes, necesita resolver problemas conjuntamente, y para ello no puede voltear la vista a otro lado dejando que los ciudadanos crucen fronteras escondidos en la noche para llegar a tierras prometidas que no siempre cumplen su promesa. A veces dejan familias y, en otras ocasiones, en el trayecto, dejan la vida.
Hoy Latinoamérica debe de hacer la reflexión para encontrar un camino que solucione, no que nos enfrente; un camino que proponga, no que destruya; un camino que nos una, no que nos divida; un camino que nos haga retomar y desempolvar esos ideales originarios de la Independencia latinoamericana que concebían a esta región como a una gran fuerza de poder económico y de desarrollo intelectual y cultural.
Es momento de pensar en soluciones y de analizar que varios países pierden diariamente cerebros y mano de obra que cruzan fronteras en busca de oportunidades en otras partes del mundo. También es importante identificar cuáles son las causas que orillan a los ciudadanos a emprender ese éxodo que cada día parece ser más grande.
Somos un continente que debe de dejar de tener la mano extendida pidiendo la dádiva para erguirse con sus propios recursos y generar con fuerza y con ingenio nuestras propias soluciones. La reconstrucción de América Latina es la reconstrucción de cada hombre y de cada mujer del continente; de sus valores, de su compromiso y, sobre todo, de su visión personal sobre la región.
Es necesario replantearnos nuestra misión como latinoamericanos, es necesario replantearnos nuestra misión individual como hombres y mujeres del siglo XXI en estas tierras generosas que, con mucha valentía y fuerza, defendieron nuestros fundadores y que hoy quizá vemos que el viento de la globalización erosiona entre nuestras manos y ante nuestros ojos. No es momento de erigir muros ni barreras en las fronteras ni en las actividades comerciales, es momento de definir la manera de progresar, de encontrar las acciones de complemento hacia el interior que nos hagan competitivos hacia el exterior.
América Latina no puede continuar -ni será viable como región- con las divisiones que hoy prevalecen. Ya lo decía el presidente de la República de Costa Rica, Óscar Arias, en Monterrey “…en América Latina fortalecer a los ejércitos es, casi siempre, debilitar a las democracias. Abandonar el recurso a la violencia, abrazar una cultura de paz, es esencial para el desarrollo de la región”[1].
Pero se requiere más aún, porque prevalecen también las limitaciones de carácter cultural que originan que el pueblo latinoamericano piense que las restricciones y las condicionantes que tiene son permanentes y no se pueden remontar. De ahí la importancia de cambiar nuestro patrón, nuestro sistema y de concluir nuestra Independencia inconclusa.
Compartir los problemas no significa tenerlos resueltos. Cuántas veces se ha pedido a Latinoamérica que despierte como si fuera una región aletargada cuando no hay ánimo más despierto que el hambre y la necesidad. Ese despertar que todos anhelamos debe ser tarea conjunta, misión compartida y esfuerzo corresponsable. Debe ser, ante todo, la forma de pagar la deuda histórica que tenemos con quienes derramaron su sangre en aras de una tierra independiente, fértil y próspera. Ese es nuestro reto.
[1] Óscar Arias, Conferencia Magistral “¿Quo Vadis América Latina?”, México Cumbre de Negocios, Monterrey, Nuevo León, noviembre 8, 2009.
*Alejandro Rosas Marín es politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM con estudios en Derecho también por la UNAM. Tiene estudios sobre política en la Universidad Pontificia de Salamanca. Actualmente se desepeña como analista político en el despacho Miguel Alemán y Asociados S.C. Participó en el Grupo de Observadores Electorales Mexicanos (GOEM) para las elecciones presidenciales en 2008 Estados Unidos con trabajo de campo en el estado de Florida. Fue asistente de investigación con el Dr. Jean François Prud´homme en la Coordinación General Académica del Colegio de México. Ex Consejero Académico del Área de las Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Se interesa en temas como la socialdemocracia, partidos políticos y derecho constitucional.
a.rosasmarin@gmail.com
Twitter: @AleRosasM
