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Las limitaciones de la política
Escrutinio No. 59
Reseña del libro: Los límites de la política en la globalización de Germán Pérez Fernández del Castillo (UNAM-FCPyS/ M.A. Porrúa, 2009)
Edgar Baltazar Landeros
El último libro del politólogo Germán Pérez Fernández del Castillo, destacado investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional, es una referencia invaluable para el debate actual sobre los alcances de la política en el contexto de la globalización neoliberal. El autor busca ilustrar cómo la política de nuestros tiempos ya no brinda certezas, de modo que el Estado-Nación se desdibuja en el lienzo posmoderno.
A lo largo de su texto, Germán Pérez describe a detalle los alcances de una política entendida en su fase global, donde sus principales actores son de carácter no estatal. Ahora bien, dichos actores son identificados principalmente con las figuras de las empresas y organismos internacionales, ignorando la importancia de los actores locales. Incluso, el autor llega a identificar como “subpolítica” el actuar de los movimientos sociales (p.44).
En este libro no se aborda la política en los bordes del liberalismo, como sí lo ha analizado recientemente, por ejemplo, Benjamín Arditi. Germán Pérez identifica una privatización de la política, pero omite que este proceso también ha sido acompañado por un desbordamiento de la política hacia un espaico público no estatal, donde los actores locales de la sociedad civil juegan un papel primordial. Lo que para autores como el ya mencionado Benjamín Arditi, Patricia Ramírez Kuri o Lucía Álvarez sería un espacio público no estatal donde se ejerce la política por actores de la sociedad civil, para Germán Pérez merece un status menor: se trata de “subpolítica”.
Este libro ofrece una visión restrictiva de la política, se está dentro o fuera del Estado, pero no se puede estar en los bordes del mismo. Esta restricción impregna el aparato conceptual del autor, quien por ejemplo califica irónicamente como “flamantes democracias” a México y Centroamérica (p.14), pero al mismo tiempo, apoyándose en Bobbio, reconoce las promesas incumplidas del régimen democrático realmente existente. De esta forma, la democracia que reconoce este autor es sólo en su versión de forma de gobierno, no como una práctica social.
El descontento y desafección hacia la política que identifica el autor, se circunscriben a esa esfera restringida de lo político anclado a lo estatal. De hecho, de la perspectiva de este libro no se desprende la imagen de una sociedad civil autónoma, pues el autor siempre la concibe en relación con la estructura estatal. Este tipo de restricciones también son evidentes en la categorización que retoma el autor respecto a la ciudadanía: modelos liberal y republicano. Ignorando que la ciudadanía no es sólo una construcción respecto a la institucionalidad estatal sino también referente a las relaciones cotidianas de poder. Así, ante el debate entre la democracia participativa y la representativa, Germán Pérez toma partido por esta última (p.127). Incluso, llega a reconocer que en las últimas décadas “se tornaron democráticos países previamente dictatoriales” (p.129) y que “se ha consolidado el ciudadano cosmopolita”. (p.132)
Las limitaciones de la política expuestas por el autor se deben en buena medida a su amplio manejo de la teoría posmoderna. Esta teoría muestra un carácter ahistórico cuando señala que hoy en día “lo que no se adapta al cambio, muere” (p.135). Desde este enfoque, el libro parece mostrar que para el posmodernismo todo es ambiguo e indefinido, de modo que las categorías clásicas del análisis político ya no sirven para entender la política de nuestros tiempos. Ahora bien, a pesar de que, por ejemplo, las categorías de izquierda y derecha sean consideradas imprecisas en la llamada posmodernidad, el autor sigue empleando esos referentes para clasificar las posturas ante la crisis del Estado de Bienestar; así pone, entre otros, a Habermas en la izquierda y a Luhmann en la derecha.
Otra paradoja es que a lo algo del texto el autor parece usar los términos modernización y globalización como sinónimos, quedando imprecisa la ubicación de lo posmoderno. ¿Acaso propondrá que moderno y posmoderno son también sinónimos? Es una de las interrogantes abiertas, donde también se puede ubicar la indefinición del término semiglobalización, empleado en la introducción del texto.
Ahora bien, quizá la más grande interrogante que plantea este libro sea si en verdad el Estado-Nación alguna vez fue proveedor de certezas, sobre todo en el llamado tercer mundo, donde no se constituyeron estados de bienestar. Una de las líneas argumentativas fundamentales de este libro es que el Estado sí era proveedor de certidumbre en ámbitos como la soberanía, el trabajo, la familia y la educación (p.28). Si bien el autor atina al describir impecablemente la crisis de la política estadocéntrica (sobre todo en su otrora monopolio jurídico y económico), no trata el supuesto de que en países como los de América Latina, la soberanía, el empleo, la familia y la educación no han sido ámbitos precisamente dotados de certeza.
Desde la perspectiva limitativa de la política, Germán Pérez brinda en su libro un esbozo del caso mexicano. El autor concibe la posibilidad de un “corporativismo sano” (p.151) que no se construyó en México, así mismo reconoce un déficit de cultura política (p.154). Esto se contrapone a la perspectiva de una política en los bordes del liberalismo, donde el corporativismo no solo incumbe a entes de interés público, sino privados; además de que la complejidad política impide hablar de un modelo único de cultura política, dada la existencia de diversas orientaciones subjetivas respecto a la multidimensionalidad de las relaciones de poder. Aquí resalta nuevamente la perspectiva estrecha de concebir solamente una práctica política dentro o fuera del Estado, nunca en el espacio borroso de ese tránsito. De esta manera, el autor atina al reconocer la embestida contra los trabajadores en el neoliberalismo, pero paradójicamente considera que desde la última década del siglo pasado ha habido procesos electorales limpios y transparentes en México (p.159). En esa misma disyuntiva, se reconoce que “todos los <poderosos> son económicamente poderosos” (p.162), pero poco se habla de un empoderamiento de una sociedad civil que no se distingue precisamente por su riqueza económica.
Textualmente, el autor se manifiesta a favor de “crear nuevos mecanismos que simplifiquen la complejidad” (p.25). Esa visión anticompleja también se manifiesta en su propuesta de autonomía de lo económico frente a lo político. Al parecer, Germán Pérez trata a lo complejo como lo complicado, y no como el tejido de relaciones entre conceptos interdefinibles, a la manera de teóricos de la complejidad como Edgar Morin o Rolando García. Desde este par de autores, Pérez representaría una propuesta política simplista, sin una actitud interdisciplinaria que le permita ver más allá del marco teórico epistemológico de la posmodernidad.
Al eludir la complejidad se asume una postura ahistórca, de modo que, por ejemplo, para el autor resultan novedosas las nuevas formas trasnacionales del crimen organizando, ignorando procesos históricos como el tráfico de esclavos o la piratería. Este libro va a contracorriente de los sistemas complejos, pues propone una autonomía entre los sistemas político, social y económico. Esta simplificación se enfrenta a una realidad compleja donde las barreras entre dichos sistemas son borrosas y en ocasiones ni siquiera existen. Desde una visión histórica y compleja, el problema no sería la unión entre el poder económico y el político, sino las relaciones de los sujetos respecto a dicho proceso.
El libro aquí reseñado aporta fuertes argumentos que evidencían una privatización de la política, no obstante, deja de explorar las posibilidades de ejercicio de la política más allá del ámbito institucional. Más que tratar los límites de la política, parece que este libro se ocupa de las limitaciones. Al asumir referentes posmodernos, se da primacía al desencanto pero no se proponen salidas al mismo. Salidas que, por ejemplo, sí han propuesto recinetemente autores como González Casanova y Flores Olea, quienes en sus últimas obras han identificado al compromiso, la utopía y la esperanza (tres elementos ajenos y hasta contrapuestos a la visión posmoderna) como elementos imprescindibles para la construcción de otro mundo posible. Pérez acierta en mostrar la oscuridad del tunel, pero brinda pocos elementos para encontrar la salida del mismo. Las limitaciones de la política recaen en la dicotomia estatal-no estatal, pero los límites reales llegan hasta donde el arte de lo posible es capaz de dirigirse.
