La deuda revolucionaria

28 Noviembre, 2010
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Alejandro Rosas Marín

Escrutinio No. 59

Atisbo del poder

Alejandro Rosas Marín*



El centenario de la Revolución mexicana es uno de los mejores pretextos para pensar y repensar México. Para escuchar a los estudiosos de estos temas, pero sobre todo para reflexionar sobre el país que vivimos y el país que queremos.

En esta entrega, quisiera recomendar el libro “México a 100 años de su Revolución. Visiones y Proyecciones Progresistas” que se presentó el miércoles 24 de noviembre en Casa Lamm. Coordinado por Elisa Gómez y por convocatoria de la Fundación Friedrich Ebert en México, reúne a 37 jóvenes autores y autoras los cuales presentan su visión particular sobre el proceso revolucionario y sobre lo que les parece debería ser México. A propósito de este texto, algunas reflexiones.

A pesar de los avances que se han tenido en materia de participación política, de espacios en la vida partidista, de transparencia y rendición de cuentas, de libertad de expresión y de pensamiento, de desarrollo institucional; también nos enfrentamos a grandes retos y limitantes: la economía mexicana –que llegó a estar entre las diez principales del mundo– se estancó en la década de los setentas del siglo XX y no ha vuelto a caminar; los y las jóvenes de hoy solamente conocen las condiciones de crisis y de superviviencia; pero además, en la primera década del siglo XXI la violencia se ha desatado en el país haciendo que la incertidumbre y los riesgos de salir incluso a la calle se eleven. Como si esto fuera poco, la falta de entendimiento para echar adelante las reformas profundas que se adapten a las nuevas realidades de México siguen en la antesala de la discusión y el consenso tanto de legisladores como de la sociedad civil.

La Revolución Mexicana con toda su violencia –considerada una de las revoluciones más sangrientas de la historia–, alianzas, traiciones, planes y proyectos, llegó a consolidar un modelo de país que quedó plasmado en la Constitución de 1917. Sin embargo la más grande promesa de la Revolución, y por tanto tal vez la más grande deuda sigue siendo la justicia social.

Sesenta millones de pobres y veinte millones en pobreza extrema no son cifras para presumir y sí para preocupar.


 

 


La pobreza limita todas las actividades humanas. Se genera un círculo vicioso donde las oportunidades van disminuyendo en la medida en la que no se logra conseguir metas tan básicas como la vivienda digna, salud o la educación. Una persona en condición de pobreza se alimenta en no pocas ocasiones de cualquier cosa, su dieta no es nutritiva y el riesgo de enfermarse es alto. Una vez enfermo o enferma, el acceso a servicios de salud también es complicado. Los trabajos no se consiguen fácilmente y la población no está capacitada.

Además como sociedad, los talentos son ignorados y por tanto desperdiciados, son resta en el proceso de generación de ideas y desarrollo nacional. La pobreza genera sentimientos de impotencia y desilusión frente al mundo. El horizonte no alcanza más que para enfocarse en el día a día dejando de lado sueños y metas. Los padres heredan estas condiciones a sus hijos quienes desde que tienen consciencia se ven afectados por esta condición.

La pobreza presente en más de la mitad de la población de cualquier país es el síntoma más claro de un sistema social, político y económico que no funciona de forma adecuada para la mayoría, que por definición es excluyente.

La pobreza vista día a día desensibiliza a los espectadores, la constante genera indiferencia y se olvida de las afectaciones que como individuos sufren y como país padecemos. Pero si la pobreza lastima, la desigualdad es lo que desgarra.

La desigualdad crea rencores y odios, abre una brecha emocional entre los que tienen y los menos afortunados. Genera la incapacidad de pensar y buscar un México para todos pues en las condiciones y servicios más básicos no somos iguales y por tanto no esperamos del futuro cumplir con las mismas metas.

 




Incluso los números de mexicanos que viven en pobreza ha aumentado, en particular durante este sexenio según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Este año seguramente tendrá el mayor número de pobres de toda la década, sobre todo a partir de la crisis económica desatada en 2008 y que se prolongó hasta 2009, además de la casi inexistente recuperación económica reflejada en los bolsillos de los mexicanos.

Las mediciones multidimensionales que hizo el CONEVAL en 2008 (Ver mapas de pobreza multidimensional) dan una buena perspectiva sobre la condición real de la pobreza en México y contrastan con los datos aislados y poco significativos que el gobierno federal promociona para hablar del “combate a la pobreza”.

La disminución en los índices de pobreza solamente se pude dar con reformas y planeación de Estado, de largo plazo, pensando en la forma en la que celebraremos los 200 años de la Revolución mexicana y no en un esfuerzo sexenal, ahí el gran reto, ahí la deuda revolucionaria.




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Es de llamar la atención lo poco nutrido del festejo del Centenario de la Revolución en contraste con la celebración del Bicentenario de la Independencia. Más que por una cuestión de mayor o menor importancia, pareciera que al partido en gobierno no encuentra demasiadas razones para festejar el acontecimiento a partir y por el cual su contario partidista, el Revolucionario Institucional, se entiende y se explica. Si esta especulación fuera cierta, estaríamos ante un desatino que confunde a la historia de un país con la mera competencia electoral.

 


*Alejandro Rosas Marín es politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM con estudios en Derecho también por la UNAM. Tiene estudios sobre política en la Universidad Pontificia de Salamanca. Actualmente se desepeña como analista político en el despacho Miguel Alemán y Asociados S.C. Participó en el Grupo de Observadores Electorales Mexicanos (GOEM) para las elecciones presidenciales en 2008 Estados Unidos con trabajo de campo en el estado de Florida. Fue asistente de investigación con el Dr. Jean François Prud´homme en la Coordinación General Académica del Colegio de México. Ex Consejero Académico del Área de las Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Se interesa en temas como la socialdemocracia, partidos políticos y derecho constitucional.

a.rosasmarin@gmail.com

Twitter: @AleRosasM

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