Centenario de la Revolución Mexicana

21 Noviembre, 2010
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Escrutinio No. 59

 

Gustavo De la Vega Shiota

La reflexión es una capacidad del ser humano proporcionada por su racionalidad, que le permite pensar en algo detenidamente a fin de lograr conclusiones.

Diariamente debiéramos recapacitar sobre la cotidianeidad para poder comprender mejor lo que nos sucede. Por eso este 20 de noviembre, la fecha nos debiera motivar a reflexionar sobre lo que han significado 100 años de vida nacional después del inicio de un movimiento armado al que se le ha llamado Revolución Mexicana, en vez de festejar con espectáculos triviales predestinados a borrarnos la memoria y conciencia de nuestra historia y esencia personal, colectiva y nacional.

Quizás veríamos que desde el nombre hay una exageración, pues ese movimiento social no concluyó con una transformación substancial de las condiciones económicas, políticas, ni sociales prevalecientes en la dictadura porfirista, tal como lo demandaría el concepto revolución. Ciertamente se derrocó a una tiranía, pero la clase en el poder continuó siendo la misma -desde luego con diferentes actores, propósitos e intereses  que también permanecieron-, únicamente que con un nuevo ropaje. Inclusive, recién han llegado al gobierno herederos naturales y sociales de aquella tiranía, afanados por reivindicar al dictador Porfirio Díaz y desdibujar la miseria en que se hallaba la inmensa mayoría de la población y el modo como se reprimía a quienes se inconformaban con la inhumana condición.

Un breve análisis de la Revolución Mexicana nos presenta a un movimiento popular de masas mayoritariamente rurales, aunque también de intelectuales como el grupo de Ricardo Flores Magón y de trabajadores, que lucharon por derrocar a un régimen proclamado por los “científicos” de esa época como modernista, que permitía y fomentaba las  relaciones de explotación y exclusión, pugnando por instaurar un Estado que garantizara la igualdad y la justicia.

El movimiento abrazó principios fundamentales de la democracia, entre los que destacan la elección periódica e irrepetible de gobernantes a través de voto directo e igualitario de todos los ciudadanos. Del mismo modo, ante un creciente capitalismo mundial ante el cual Porfirio Díaz era proclive. El movimiento reclamó igualmente el principio de soberanía, a fin de garantizar el poder absoluto de la República y así, expresar ante las demás naciones que México se adjudicaba  el poder de decisión y creaba sus propios estatutos y no aceptaba recibirlos de otro.

No sólo por el volumen de afectados, sino porque era un problema que se originó desde la conquista española. El campesino fue el principal detonador del movimiento, pues en el país existían grandes haciendas sobre tierras arrebatadas a los pueblos originarios, en las que los indios pasaron a ser de propietarios a peones en modelos cuasi esclavistas. De ahí el legítimo liderazgo de Emiliano Zapata y Francisco Villa, caudillos agraristas de la Revolución Mexicana, asesinados por el gobierno a quienes el pueblo recuerda con respeto y admiración, pese a las innumerables campañas por denostarlos.

Emiliano ZapataEn el Estado de Morelos la gente sabe que Zapata sentenció que “La tierra es de quien la trabaja con sus propias manos”, pero que la historia oficial cortó la última parte de la frase, pues así se permite que cualquier capitalista la explote. Francisco Villa ha sido considerado por los pobres como hombre generoso, pese a la interminable campaña de agravios en su contra, particularmente producida por encabezar al único ejército que ha invadido territorio norteamericano.

A cien años  del inicio de la Revolución Mexicana, el país arrastra muchos rasgos similares a los prevalecientes en 1910, en especial en los pueblos indios. Precisamente ellos afirman que tras esos acontecimientos históricos en los que participaron, su situación social, económica y política y su relación con el Estado mexicano no cambió, y que hoy el surgimiento y consolidación del sistema capitalista mundial se sustenta en la violencia, el despojo, el sometimiento y la explotación de una parte de la población mundial, en países en los que los gobernantes son incondicionales de tales intereses internacionales.

Hoy los mexicanos debemos reflexionar sobre la crítica situación de marginación, exclusión, explotación, racismo y discriminación en la que subsisten las mayorías del país en todos los ámbitos de la vida nacional. Y que lo más importante por hacer ahora mismo es trabajar y luchar por la materialización de aspiraciones e históricas reivindicaciones de autonomía, justicia, desarrollo y reconstitución que deberán concretarse en un nuevo pacto político y social.


*Profesor de la FCPyS

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Comentarios

  1. 1

    22 NOVIEMBRE, 2010

    TANIA ARROYO

    Excelente refelxión, creo que aún tenemos una deuda pendiente con méxico y con nuestra revolución.
    saludos...

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