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Las razones y respuestas del poder
Escrutinio No. 58
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Psicoanalizando al Leviatán
Federico Ling Sanz Cerrada*
El poder es algo inestable. Siempre tiene que cuidar su propia supervivencia y para ello, tiene que ser capaz de otorgar una respuesta para aquellos que se la demandan; de otra manera corre el riesgo de quebrarse. El poder se encuentra en constante renovación y cambio. Cualquier político debe saber que todos los días tiene que luchar para mantener el poder porque siempre habrá alguien tratando de quitárselo (justa o injustamente). En este sentido, la estabilidad del poder se logra con sus respuestas: las políticas públicas por ejemplo.
Anotaciones diversas del poder. Una sencilla definición
El poder tiene muchas definiciones, pero hay una que me gusta especialmente y es aquella que se precisa en el “Diccionario de Política” de Norberto Bobbio: la capacidad de “A” respecto de “B”, para que “B” haga la voluntad de “A”, incluso en contra de su propia voluntad. Esta definición es sencilla, pero explica claramente en qué consiste el poder. También se podría mencionar, como una característica fundamental del poder, su neutralidad moral. El poder no es bueno ni malo, y por tanto, es amoral. El poder siempre ha existido en la humanidad, y todo grupo humano tiene estructuras de poder y de jerarquía. Siempre habrá alguien que administre el poder y por ello jamás será un ente vacío. Pensemos en los grupos primitivos, donde el poder era conferido al más fuerte, o bien, en las guerras medievales donde la lucha por el poder era tremendamente encarnizada. Incluso en grupos de nuestra moderna sociedad, donde no hay un rol de poder claramente definido “de iure”, siempre lo habrá “de facto” y en los hechos, alguien jugará el rol de poder, cualquier tipo de poder que sea.

Tipología del poder y sus fines
El poder puede ser de diversa índole: moral, religioso, militar, político, social, económico, etc. La característica del poder en cualquiera de sus facetas es la que se menciona al inicio: la capacidad de alguien para que otro haga su voluntad incluso en contra de la suya propia; y esto puede suceder en la religión, donde un superior le ordena a un miembro de la comunidad que realice tal o cual actividad, o donde el dueño de una empresa ordena a sus empleados, o donde un Presidente ordena a su Gabinete.
No solamente el poder tienen diversas caras o facetas, sino que además, tiene una característica importante: el criterio instrumental con el que se utiliza. El poder puede ser una herramienta o puede ser un fin. Si es utilizado como un instrumento, entonces, hay otros fines que trascienden al poder y por tanto es meramente un vehículo o un canal para conseguirlos o bien, en algunas ocasiones, el poder en sí mismo es el fin. Thomas Hobbes en su libro “El Leviatán” expone claramente que una de las razones por las que el ser humano desea tener el poder (en este caso político) es por la satisfacción que supone utilizarlo y poseerlo, así como el prestigio que le da a una persona gobernar y ejercer el rol de autoridad.
Patologías (personales) del poder
El poder genera diversos sentimientos y emociones en el ser humano. Como respuesta natural, todas las personas tenemos el fondo el deseo de ejercer este rol de autoridad y administrar el poder. Como bien lo señala Hobbes, es una condición natural y el poder se impone, ya sea en el Estado de Naturaleza mediante la ley del más fuerte, o bien, en una república civil mediante la lucha política por ejercer el rol mencionado. El poder es algo atractivo. Sin embargo, utilizando el primer criterio por el que se establece que el poder es amoral y por tanto, es neutral, se deben tener claros los fines y los objetivos para los que se utiliza. De otra manera se corre el altísimo riesgo de usarlo en beneficio propio y con fines poco éticos. El poder no es bueno ni malo; es una mera herramienta, no obstante cuando ésta es utilizada para dañar al otro, entonces opera en la ruta equivocada.
Justamente Aristóteles hace una diferenciación entre las formas puras e impuras de gobierno: Monarquía – Aristocracia - Democracia o Tiranía – Oligarquía – Oclocracia. En este sentid la diferencia radica en que las formas puras utilizan el poder en beneficio del pueblo y las formas impuras, quien o quienes ejercen el poder lo utilizan en beneficio propio.
Pero todo ello parte de una patología personal respecto del poder. Cuando el poder se busca como fin y no como medio, entonces es probable que quien lo busque, en realidad está buscando un satisfactor personal a su propia problemática. El poder que se ejerce en beneficio propio, ya sea político, social, religioso o económico, en detrimento del bien común y con fines poco éticos, en realidad es parte de un complejo sistema patológico de la persona, que a través del poder busca resolver esos asuntos. O al menos, “cobrarle la factura” a otros y el ejercicio del rol de poder lo encubre legítimamente. Allí está el “quid” del sano ejercicio del poder.
El poder como búsqueda constante y la respuesta
La realidad nos indica que en muchas ocasiones, las razones por las que alguien busca el poder están determinadas por este complejo sistema de razones internas (patológicas o no) y por ende, la búsqueda es constante. Más allá de la razones para ello, debemos ser capaces de identificar que siempre habrá personas que buscan ejercer el rol de poder (sin importar las razones por las que lo hacen) y por esa misma circunstancia, quien ejerce el poder debe ser consciente que su propia supervivencia es una batalla que se libra día con día. La búsqueda no tiene pausas y por esta razón, quienes ejercen un rol de poder deben otorgar las respuestas esperadas para que esta condición de inestabilidad se vuelva manejable o más estable, en la medida de lo posible. Quienes ejercen un poder religioso, social o económico, al igual que el poder político, tienen que ser lo suficientemente hábiles para dar las respuestas a quienes las esperan, especialmente a aquellos a los que se deben.
En el ámbito político, los términos de la respuesta del poder, para el caso que nos ocupa, le debe su respuesta a los ciudadanos y al país. Tiene que responder adecuada y expeditamente a las demandas de aquellos que lo eligieron, que en este caso, como en la antigüedad aristotélica, es el pueblo. De este modo se legitima su ejercicio. Cuando el poder no responde a los ciudadanos adecuadamente, dada la condición de la búsqueda incesante del mismo, se vuelve sumamente quebradizo. Y podría poner en riesgo la supervivencia misma de sí y de su ejercicio. Siempre habrá alguien que busca derrocar al que gobierna para ocupar su lugar. Es la condición natural, por la razón que sea, incluso patológica. Pero el poder, administrado por el gobernante en turno, tiene una forma de defenderse: la respuesta que le da a los que se debe, que se expresa como política pública, o bien, todo esto que hace el gobierno para tratar de responder las demandas ciudadanas y garantizar el bien común, con la participación en conjunto de todos.
Algunos esbozos de conclusiones
El poder es algo inestable y los seres humanos tenemos deseos de ejercerlo y utilizarlo. La tentación de hacerlo en beneficio propio es grande y muchas veces, la búsqueda de éste tiene antecedentes personales patológicos que determinan esta circunstancia. Esto se da en todos los niveles y formas de ejercicio del poder; especialmente en el poder político. Por esta razón, quien gobierna a un país debe saber que siempre habrá alguien tratando de arrebatarle el poder y debe luchar por mantenerlo día con día. La mejor forma de defenderse es a través de respuestas efectivas para aquellos que las están esperando y además, a quienes les debe su lugar: los ciudadanos, el pueblo. De esta forma no solamente logra defenderse de los embates de quienes buscan derrocarlo, sino que al mismo tiempo legitima su ejercicio.
El poder es una condición inherente al ser humano y a su organización grupal. Luego entonces, vale la pena mencionar la naturaleza misma de éste, las razones para su existencia y las respuestas que se pueden dar ante las amenazas que tiene. Es un tema complejo y sumamente interesante que vale la pena seguir desmenuzando.
*Federico Ling Sanz Cerrada es Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y politólogo de carrera por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como asesor en la Secretaría de Gobernación y como Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. También ha sido coordinador de campañas electorales al Congreso. Actualmente trabaja en el Gobierno Federal como Director de Análisis. Ha escrito algunos artículos para la revista “Palabra” de Acción Nacional y “El Cotidiano” que edita la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa. Es columnista nacional del periódico “El Sol de México” donde publica todos los sábados un artículo de opinión política y personal. Aficionado al jazz y al vino tinto, es un fiel creyente del psicoanálisis.
http://federicoling.wordpress.com
Twitter: @fedeling
