Apuntes sobre la juventud

05 Noviembre, 2010
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Alejandro Rosas Marín

Escrutinio No. 58

Escrutinio no. 58

Atisbo del poder

Alejandro Rosas Marín*

 

Hace unos días, Carlos Fuentes Macías durante su participación en la octava edición de México Cumbre de Negocios en Toluca, se hacía (y hacía al público) la pregunta, para un joven mexicano del 2010, existe el crimen o el empleo ¿qué van a escoger? Y como sociedad ¿qué vamos a hacer para que escojan el empleo?

Ambas reflexiones son más que pertinentes en un momento en el que México cuenta con más de 34 millones de personas de entre 12 y 29 años de edad, 14.9 millones de hombres y mujeres jóvenes en pobreza (poco menos de la mitad de los jóvenes mexicanos viven en estas condiciones); de éstos, 3.3 millones se encuentran en condición de pobreza extrema y 12.1 millones son vulnerables por carencias sociales según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Nunca han existido tantos jóvenes en México como ahora, y sin embargo esta condición no se ha podido traducir en potencial de desarrollo personal (para ellos) y para el país ya que existen ocho millones de personas jóvenes que no estudian y tampoco trabajan.

Y es que las preguntas nunca habían calado tan hondo ¿qué hacer? Y ¿con qué fin?

El y la joven del México moderno salen del núcleo familiar, como entes nuevos e independientes, con su voluntad y decisión y ¿qué los recibe? Un sistema basado en la búsqueda del dinero y la fama con reglas sumamente dispersas y poco claras.

Un sistema social que premia la corrupción y aplaude al que busca las oportunidades –legales e ilegales, éticas y no éticas– para cumplir con sus metas de corto plazo. Basado en el dicho popular de “chingas o te chingan” recordando a Octavio Paz con su Laberinto de la Soledad, el mexicano sabe que puede darle la vuelta a las leyes y mantener el sistema de normas informales que a largo plazo nos estanca como sociedad.

Un sistema que promueve de forma sutil pero efectiva el ensimismamiento de las personas y que disipa toda concepción de comunidad y ayuda mutua; que promociona la cultura de la mentira y la ilegalidad, de los pretextos y del desvío de culpas.

Un sistema social, educativo y, sobre todo, laboral que no premia los méritos y las capacidades como indicador único y fundamental, sino que tiene como norma el enramado de conexiones y “palancas” para poder crecer y desarrollarse. El y la joven que por mucha capacidad, compromiso y responsabilidad que tenga, sino tiene “amigos” que lo recomienden y/o promocionen, encontrara mayores dificultades que el que sí los tenga, aún careciendo de las primeras cualidades mencionadas.

Ejemplos hay muchos y muy conocidos en la cotidianidad: “por no quererse meter en problemas” los usuarios del transporte público observan o desvían la mirada ante el acoso sexual que sufre una compañera de viaje; la mordida al agente de tránsito que detiene a un automovilista; pasarse la luz roja del semáforo alegando prisa; tirar basura a la calle de manera sistemática y luego quejarse por las inundaciones, y un largo etcétera.

También los jóvenes el día de hoy se encuentran con pocas probabilidades y oportunidades de ahorro, con sueldos que ni siquiera alcanzan para llevar una vida digna o que fueran la base  para comenzar a construir un patrimonio. Empleos mal pagados, si es que se encuentran, violencia e incertidumbre son la constante.

Los jóvenes, precisamente por esa condición, suelen tener mayores esperanzas en el futuro; hoy, el país y el sistema social que tenemos van en contra de esta predisposición. Los jóvenes despertaron en un sistema que ofrece poquísimos esquemas de superación personal, pocos incentivos para esforzarse y ser honestos y que en cambio premia las marrullerías y el abuso.

Al final de su presentación, Carlos Fuentes, llamó a los jóvenes a elaborar el cambio que queremos y no ha esperarlo. Los jóvenes somos víctimas y cómplices de este sistema, la primera batalla es interna.

 


*Alejandro Rosas Marín es politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM con estudios en Derecho también por la UNAM. Tiene estudios sobre política en la Universidad Pontificia de Salamanca. Actualmente se desepeña como analista político en el despacho Miguel Alemán y Asociados S.C. Participó en el Grupo de Observadores Electorales Mexicanos (GOEM) para las elecciones presidenciales en 2008 Estados Unidos con trabajo de campo en el estado de Florida. Fue asistente de investigación con el Dr. Jean François Prud´homme en la Coordinación General Académica del Colegio de México. Ex Consejero Académico del Área de las Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Se interesa en temas como la socialdemocracia, partidos políticos y derecho constitucional.

a.rosasmarin@gmail.com

Twitter: @AleRosasM

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Comentarios

  1. 1

    16 NOVIEMBRE, 2010

    FER SALDAñA

    Que buen tema y muy bien estructurado y resumido felicidades.....

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