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Estos mexicanos
Escrutinio No. 57
Escrutinio no. 57
Eluzaí Morales Ortega
Nuevamente es sábado, pero aun mi cabeza no puede descansar; por mis entradas circulan animales, máquinas y gente que busca mil respuestas que no ha de encontrar a las cosas.
De nuevo y para colmo de males, he amanecido con frio, resequedad en la cara junto con algunas manchas de la edad, no mi elegante cuerpo han circulado el jet-set, la clase fina desde hace mucho tiempo, en una palabra he visto crecer a estos Mexicanos desde que circulaban en carrosas, cuando Francia era la moda y mi nada envidiable estilo se igualaba a otras naciones: Incluso había gente que me comparaba a los campos elíseos, que tipos; de seguro no saben que yo soy más que una avenida, soy la avenida.
Para no variar, de nuevo estos Mexicanos se han puesto a celebrar; me han dejado como la más fea del lugar, desde hace días no escucho más que mentadas acompañada de el estruendo de una sinfonía de cláxones o algún señor que me escupe, se orine o incluso maltrate mi territorio. Si lo he de saber yo, que convivía con los Rivera, Corcuera, Díaz o Limantur, esos sí que eran caballeros; pero ahora no me siento tan mal. He escuchado que viene un tal Michael…Phels quien viene a nadar por mis escuadras amplísimas; de seguro eso fue lo que me produjo jaqueca durante 2 días antes, cientos de pasos, un poco de obras bonita, el retoque como un calor insoportable.
En una esquina, veo un hombre acompañado de su esposa, cuelga el número 8 en sus espaldas, la primera impresión es que es un jugador de futbol americano llamado Eickman acompañado por un joven de playera blanca nombrado Ronaldo con el dorsal 7 ¿Acaso será competencia para ver quién se acerca al 10?
Más tarde, miles de personas se juntan frente a mi Ángel, aquel que todas las tardes me cuenta sus aventuras, de como un buen día cayó del cielo y confesó sus secretos o que en ocasiones se pavonea de ser el guardián de los héroes de la patria que en este instante se encuentran afuera, a unos cuantos metros de aquí. Unas barras de aluminio separan a los hombres de los Dioses.
Los atletas se esfuerzan por ser los mejores, todos se encuentran realizando ejercicios, pienso que si ganamos en alguna disciplina, no habrá necesidad de caminar largas distancias, pero aun la fiesta no termina; todos participan: Algunos niños juegan a ser ellos “¡Mírame, mírame; aquí estoy!” Responde un niño abrazado a los hombros de su padre cuando ve al campeón de boxeo saludar a la multitud, mientras a unos pasos, la gente abraza a un tal Rómel Pacheco, un tipo que ganó unas medallas, la gente se le desborda en flases virtuales acompañada de autógrafos y él desnudo con un minúsculo traje de nadar se dispone a ejecutar un clavado “Ya tengo que ir a la plataforma” contesta con la humildad necesaria para triunfar, lo entiende la gente.
Más tarde los periodistas pasan realizando entrevistas, los policías se dedican a cuidar el orden; que no les han dicho que sean más finos que aprendan de los extranjeros, esos sí les pueden enseñar cosas interesantes y con clase.
La puesta del sol ha hecho que todos se vayan. Creo que he comido algo que me cayó mal pues mis intestinos sienten el vibrar por miles de kilómetros, como un gusano anaranjado; de nuevo.
Por una noche puedo al fin descansar, estos mexicanos; tan bueno para celebrar, pero no para recoger sus cosas. Me doy por satisfecho.

