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El panóptico de Los Pinos
Escrutinio No. 56
Escrutinio no. 56
Psicoanalizando al Leviatán
Federico Ling Sanz Cerrada*
En Los Pinos hay cámaras de seguridad. Y la idea es vigilar la Residencia Oficial. ¿Habrá algún rincón de dicha casa que no esté vigilado? Me atrevo a asegurar que seguramente sí lo hay. Imaginemos ahora que un ojo que todo lo ve nos vigila siempre. Todo lo que hacemos, decimos o interactuamos. Imaginemos al país como si fuera la Residencia Oficial, pero en lugar de tener un panóptico, son los propios Pinos quienes nos vigilan. ¿Habrá algún recóndito lugar que quede oculto a los ojos de éste? Claro que sí. Por tanto, el ideal del panóptico en la modernidad pasa por la sensibilidad social y política para verlo todo siempre. ¿Y si no fuera así?...

Los Pinos: la vigilancia
Tal como se anunció al inicio del artículo, imaginemos a la Residencia Oficial de Los Pinos con todas sus cámaras de seguridad y vigilancia. Ni más ni menos que en ella habita el Presidente de la República y por tanto, dadas las cosas en el país con el creciente clima de inseguridad y violencia, las medidas de vigilancia de este lugar no deben ser menores. Al contrario, cuando llega un visitante a la casa seguramente es sometido a múltiples revisiones, chequeos, identificaciones y no es hasta que pasa por todo ello que puede ingresar. De igual forma pensemos en los rincones internos de dicho lugar, donde con certeza habrá cámaras de seguridad. Todos aquellos espacios vigilados por alguien a la distancia que, a través de una cámara de video, está observando con detalle los movimientos de todos los habitantes o visitantes de la Residencia. Pero estoy seguro que en algún punto, de alguna manera y en algún rincón de la casa más custodiada del país, hay un espacio (o varios) que no están vigilados; ya sea porque la cámara de video se descompuso, porque el guardia no prestó atención, o simplemente porque en esa precisa ubicación la cámara que todo lo ve no puede cubrir con seguridad lo que sucede. Por supuesto que existen puntos débiles y vulnerables, pero la importancia y el poder del “panóptico” es que el vigilado no lo sabe ni tiene idea de la vulnerabilidad de dicho espacio. En esta relación asimétrica entre custodio y vigilado, se juega un rol de poder y control de quien observa. O al menos eso hace creer y en ello radica su fortaleza.
La necesidad de vigilar y sentirse vigilado
De manera un tanto burda, todos los seres humanos tenemos la necesidad de vigilar, de controlar, de establecer límites y desde esta posición es mejor ejercer el rol de poder. Sin embargo, en algún lado de nuestra psique, también tenemos la necesidad de sentirnos vigilados y custodiados. La cárcel o la prisión, no solamente limitan la libertad, sino que también, de forma patológica, crea un entorno de seguridad en donde nos sentimos protegidos. A veces esta es la causa para crearnos cárceles a nosotros mismos. Nos imponemos barreras y límites que solamente existen en nuestra mente y con ello jugamos el rol que nos corresponde. Por ejemplo, el custodio que cuida a “Los Pinos” tiene la necesidad de controlar todas y cada una de las acciones de quienes están en el interior de la residencia, y su poder está directamente relacionada con el grado de control que ejercer. No obstante, el límite de su contraparte está puesto en aquella sensación o necesidad de sentirse observado. Y por ello hace o deja de hacer algunas cosas. Y sentirse observado le hace sentirse importante. La indiferencia de pasar desapercibido es demasiado dura para un ser humano, en donde antes que pasar inadvertido o sin hacerse notar, prefiere sentirse o saberse vigilado y observado. Su importancia frente a sí mismo radica en el grado de vigilancia que se ejerce sobre él. Es el mismo caso de quien es multicitado y criticado por diversas personas, porque al mismo tiempo que resulta molesto que todo mundo lo critique, estas habladurías de tanta gente lo vuelven importante y lo hacen sentirse como tal. Es un doble juego.
La importancia de ser un “panóptico” de la política.
Especialmente si se ejerce el poder. Aquél actor que está jugando una posición de poder tiene que entender la importancia de vigilar y observar, y también la importancia que tiene para el otro ser custodiado y observado. Más allá de la función psíquica de observar al otro, hay un asunto pragmático para hacer política: es mucho más fácil gobernar si se observa todo como “panóptico” y si el gobernado se sabe vigilado por éste. Ese es el principio del Estado: un ente superior a todos, con mayor fuerza que es capaz de imponer su ley (acordada por todos) y castigar a quien la incumple; de esta manera se brinda seguridad a todos los miembros que suscribieron tácitamente o no el pacto social. Luego entonces, si gobernar es controlar, vigilar, hacer cumplir, administrar o castigar, resulta mucho más eficiente partir del punto donde todo se observa. Y si el ciudadano se sabe vigilado y sabe que el Estado lo puede “meter en cintura” en cualquier momento, dudará de quebrantar la norma a la que sabe obligado. En términos básicos, así funciona el Estado de Derecho. Pero en la actualidad, el Estado no es solamente un ente que vigila y castiga. Además, hay otras cosas que debe de proveer, como por ejemplo, bien común, crecimiento, desarrollo, oportunidades, igualdad, derechos humanos, bienestar, etc. Y todo esto se consigue a través de herramientas mucho más específicas con las que cuenta el Estado, más allá de ser solamente un “panóptico” justiciero.
Un panóptico social
Todo Estado que quiera dar resultados reales y objetivos en materia de crecimiento y desarrollo de sus ciudadanos, tiene que atender dos cosas: cumplir la función esencial de ser el “ojo que todo lo ve y castiga a quien no cumple”, pero también, tiene que ser no solamente el “ojo de la justicia penal”, sino también el “ojo de la justicia social”. Un Estado que es incapaz de observar a sus ciudadanos y descubrir aquellos lugares donde hay pobreza, donde hay subdesarrollo, donde hay marginación, donde hay violencia, o donde no hay oportunidades, entonces es también un Estado ineficaz. Porque al final del día se vuelve sumamente importante refinar el “panóptico inicial” para que la sutileza de ser un “panóptico social” se convierta en realidad. Curiosa y paradójicamente, de esta forma, se garantiza que el Estado pueda ejercer su mando de forma mucho más contundente y profunda. Las necesidades de sentirse observado no solamente crean cárceles ficticias, sino también la necesidad social y de crecimiento, de erradicar la pobreza y la violencia, por ejemplo, claman con desespero su necesidad de que el “ojo del Estado” los voltee a ver y ponga atención sobre ellos, y como en el caso de la justicia penal, en este caso, les haga justicia social. No es lema de un partido, sino es razón de Estado. Generar bien común, se diría de otra manera. La generación de éste último es la función ulterior de un “panóptico” eficaz.
A manera de conclusión: o la importancia del funcionamiento del “panóptico social”.
Hemos establecido anteriormente que, es altamente probable que en “Los Pinos” existan rincones que no están vigilados por nadie y no son cubiertos por el “panopticon”. En este sentido, ¿cuáles son aquellas áreas del país que no están siendo observadas por el “panóptico” de Los Pinos? Resulta de suma importancia destacar que para que la función de gobierno alcance las metas deseadas, requiere de forma vital, que todos los rincones del país, es decir, que todas las peticiones, las demandas, los gritos de dolor, de inseguridad y violencia, de pobreza o de hambre, de marginación o subdesarrollo sean observadas por este “ojo que todo lo ve”. Y es más importante que quien clama por ello se sienta y se sepa observado y escuchado. Es una necesidad humana. Cualquier gobierno debe entender que la función no es solamente para castigar, sino para generar las condiciones que, puesto en un instinto de supervivencia le asegure su propia continuidad institucional y segundo, cumpla la función para la que fue creada y que en última instancia tiene como fin último generar bien común de todos aquellos que juegan dentro de los límites del Estado. Son funciones paralelas, pero al final del día, el Gobierno tiene que identificar estas prioridades, porque de no hacerlo, de no observar o de no ser el “panóptico” que debe, está condenado a consumirse y terminarse. Es un juego de todo o nada. Y además de todo es un juego sutil.
*Federico Ling Sanz Cerrada es Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y politólogo de carrera por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como asesor en la Secretaría de Gobernación y como Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. También ha sido coordinador de campañas electorales al Congreso. Actualmente trabaja en el Gobierno Federal como Director de Análisis. Ha escrito algunos artículos para la revista “Palabra” de Acción Nacional y “El Cotidiano” que edita la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa. Es columnista nacional del periódico “El Sol de México” donde publica todos los sábados un artículo de opinión política y personal. Aficionado al jazz y al vino tinto, es un fiel creyente del psicoanálisis.
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Twitter: @fedeling
