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¿Algo nuevo en El Infierno?
Escrutinio No. 55
Escrutinio No. 55
*Aldo Carrillo
Juan Rulfo retrataba parajes desolados y brumosos en su libro el llano en llamas. Historias de un México pasado, árido y doliente. El sudor de sus personajes podía sentirse correr por nuestras mejillas, cuando uno leía detenida e interesadamente esas líneas.
Recuerdo la trágica odisea de un padre llevando a cuestas a su hijo, un delincuente muerto por consecuencia de sus acciones. La desesperación del padre cargando a su primogénito por senderos de tierra suelta y tepetate a la buena de dios------------, le calaba hasta los huesos. Esta parte del libro plasma la integridad de las pautas nucleares en la familia mexicana, quizá, en cualquier familia. Esta historia, bien puede ser, la historia de cualquier familia.
Esta ligera introducción del amor sublime en la relación padre-hijo, revela el lado blando del macho mexicano. La reacción cultural del esfuerzo por el desvalido y el sacrificio del perdón divino. Del perdón puro.
¿Los cuentos de Rulfo pudieron tener un final feliz? Esto cada quien lo decide, pero el rasgo de aquel México de Rulfo se desdibujaba y solo era un ejercicio de ensueño. Sin embargo, con los festejos del Bicentenario una oleada de películas con tópicos muy patriotas y contextualmente cercanos están fluyendo por las salas de cine de todo el país.

Sin embargo, esta exhibición no deja de llamar la atención, porque en México la libertad de expresión se ha venido pagando con sangre; y los periodistas ven como se criminaliza su trabajo.
La película “El Infierno” de Luis Estrada aterra por que no tiene nada nuevo que contar. No, por lo menos para los que seguimos un poco las noticias o que tenemos “la suerte” de vivir en la ciudad de México; quizá tampoco para los que tenemos algún negocio y somos extorsionados; para los que conocemos a alguien que ha sido victima del crimen; y tampoco, creo, para las victimas del fuego amigo, la irresponsabilidad del Estado, el daño colateral o la indiferencia de las autoridades. No tiene nada nuevo que contar para ningún mexicano del pueblo.
Sus personajes emergen entre lo simbólico y lo significante. Del migrante al narco, del buen hermano al traidor, del botudo armado y gritón al crápula afeminado en la intimidad; del capo homicida al marido sumiso; en fin, de todo lo visto e imaginable a lo mediatizado. Un cuento en el que al final, se desdibuja la línea de los juicios morales: ¿quién es bueno, quién es malo?
Uno se pregunta si en verdad, el problema a juzgar es la persona o tal como lo garantiza el derecho: sean juzgados los hechos. Esta película derrama el epicentro moral ante el cual se da la conversión del simple ciudadano a delincuente: la necesidad, la pobreza, la familia, el dinero, la imitación, las tradiciones, el poder.
Una ambigua dramatización de lo que acontece todos los días y que tristemente nos deja un sabor a derrota en la boca. Una frustración por la mirada cómplice de las autoridades, que cada día suman más y más elementos con doble jornada de trabajo: no se delinea claramente si trabajan para una célula delincuencial, uniformados dentro de una patrulla o simplemente trabajan para criminales que les ofrecen esa posibilidad. Un proceso dialectico del significante de la seguridad publica.
¿Un final lleno de traiciones o una monografía criminal de la estructura de poder que se configura alrededor del narcotráfico? El Benny pregunta: ¿cuanto les van a pagar por mí?, 5 mil pesos.-Se escuchan risas-, les ofrezco 50 mil dólares…a cada uno y un kilo de coca de propina, si me dejan ir.
El águila -nuestro símbolo patrio- ensangrentada no pudo ser mas adecuada para el final de la película. Un renegado con carga de conciencia muere y mata un episodio de la vida. Una venganza y comienzo de un eterno retorno al estado de las cosas. Una lucha que se esta perdiendo. Un round de descanso, en el que los espectadores, ya no nos sorprendemos con películas de este tipo, por que ya no solo pasa a la distancia.
Lo único que queda claro es que el monopolio de la fuerza ya no es del Estado, pareciera que la lucha no es contra el crimen, sino un movimiento desesperado por recuperar esta fuerza coercitiva que era un privilegio del comandante supremo de las fuerzas armadas y sus colegas. ¿A quien le teme más la gente, al narco o al policía?


19 SEPTIEMBRE, 2010
JAIMEYo le sigo temiendo más al narco, pero es cierto que hoy en día, gran parte de la policia se encuentra coptada por el crimen organizado.