Más leidas en Opinion
Artículos relacionados
Artículos más comentados
Artículos más comentados (histórico)
Puntadas para el Bicentenario
Escrutinio No. 55
Escrutinio No. 55
Psicoanalizando al Leviatán
Federico Ling Sanz Cerrada*
El festejo del Bicentenario ha llegado al país con un cierto desánimo. Las calles están cerradas y toda la propaganda oficial habla de ello; pero más allá de los festejos, ¿dónde radica la capacidad de un país para celebrar y construirse durante los años? Probablemente hemos obviado aquel tejido que, puntada a puntada construye la nación que queremos. Y ¿si damos oportunidad en el bicentenario de hilvanar algunas de ellas? En una de esas avanzamos.
Para tejer fino
La imagino perfectamente a ella. Está tratando de tejer una bufanda para su novio y me pregunta: ¿de qué grueso y de qué color se ve mejor? Mi respuesta le satisface a medias pero yo hago otra pregunta ¿cómo puedes determinar el grueso de la bufanda?, ¿qué no el hilo o el estambre es exactamente igual y tiene un grosor determinado? Su respuesta me deja aún más impresionado: “no, todo depende del número de hilos y de la puntada que yo decida”. Luego entonces, cada puntada y las vueltas del estambre en cada una de ellas son determinantes para que la bufanda quede bien. Siendo así, puntada a puntada la bufanda se va tejiendo. No se puede obviar ninguna de ellas y es importante que todas vayan entrelazadas, aunque no lo parezca así.
Podría imaginar a una pareja que teje su relación paso a paso. Más sutil y metafóricamente, cada acto que realizan juntos es una puntada para fortalecerse mutuamente. Se preguntará alguien: ¿por qué le llama todas las mañanas para saber cómo llegó a su trabajo?, o ¿por qué todas las noches le prepara cierto tipo de cena o le manda cierto tipo de mensajes? La respuesta es sencilla: porque cada una de estas cosas representa una puntada que va tejiendo fino. Por separado pareciera que no tiene ningún sentido hacerlo, pero al momento de ponerlo todo junto, resulta que tenemos una bufanda, metafóricamente hablando.
Una relativa puntada
Si despreciamos todos los pequeños actos de nuestra vida porque no son suficientemente grandes o significativos, entonces, dudo que en algún momento podamos llegar a concretar grandes cosas. Quien quiera bajar 34 kilos de peso, tiene que bajar el primer kilo y posteriormente el segundo y así hasta completar su meta. Pero la tentación del desánimo es grande. Pero así es nuestra vida. Está plagada de cotidianidad y de pequeños eslabones todos los días. El reto consiste en saber construirnos a partir de ellos. Podemos ser capaces de tejer una bufanda, de fortalecer una relación o de construir algo para nosotros mismos. Bien podríamos estar hablando incluso de una comunidad, de una sociedad, de una cultura, o de un país.
¿Por qué habría de ser diferente la construcción de algo en colectivo? Justamente también se requieren pequeños actos cotidianos para construirnos en sociedad. La valía y fortaleza de una sociedad, del tejido social, de la comunidad nacional, no vendrá de forma espontánea de grandes y mágicos actos que un Presidente de la República pueda realizar. La corresponsabilidad nos atañe a todos y tenemos tareas específicas que realizar.

Las puntadas de México
Estamos a punto de festejar 200 años de la Independencia y 100 de la Revolución. Muchas cosas están escritas ya respecto a estas fiestas y otras más se han quedado en el tintero. Pero es una excelente oportunidad de voltear la vista atrás para tratar de descifrar cuáles son las puntadas que nos han llevado hasta el lugar donde estamos.
El diagnóstico para unos puede ser terriblemente malo: una guerra contra el narcotráfico y la violencia que no ha dado, al menos perceptivamente, los resultados esperados; niveles de criminalidad y una mala imagen internacional que crecen constantemente. Impunidad y estancamiento político. División social y desigualdad. O bien, se puede ver desde el otro punto de vista: un país que ha transitado hacia la democracia, que ha crecido, que se ha modernizado, que a pesar de todo se defiende con una economía a escala de cierta relevancia en el “top” mundial, etc. Ante ello, ¿podríamos identificar las puntadas que han tejido estas realidades en paralelo?, ¿fuimos acaso conscientes de ellas?, ¿o nos tomaron por sorpresa y no tenemos idea de dónde salió todo?
La invitación en realidad de estas fiestas bicentenarias, es para que analicemos detenidamente la ruta que nos ha traído hasta acá. Todas las puntadas se han hilvanado poco a poco y todos hemos sido copartícipes de ello. Por ejemplo, cada acto pequeño de corrupción, como darle “mordida” a un policía, pagar por obtener más rápido un trámite oficial, o sobornar a un funcionario para obtener algún permiso mercantil en el municipio contribuye en la ruta de la descomposición de la sociedad y la vulnerabilidad del Estado de derecho. ¿Qué clase de policías queríamos si nosotros mismos somos los encargados de corromperlos? Pero las quejas no se hacen esperar. No somos capaces de hacernos cargo de nosotros mismos en cada uno de estos detalles que nos atañen cotidianamente y por ende, tenemos los resultados ya conocidos. Si tejemos este tipo de prendas, cada puntada de la que somos responsables pero no queremos asumirla contribuye para esta ruta de colisión y podredumbre. En cambio, una actitud que promueva conductas de transparencia, de responsabilidad, de seriedad o de respeto al Estado de derecho, podrá, por insignificante que sea hilvanar punto por punto un tejido distinto, por más ridículo que esto parezca.

Puntadas bicentenarias: ¿cómo ver el bicentenario más allá de los fuegos artificiales?
El festejo bicentenario no es más que un pretexto en realidad. Pero no uno que vaya a cambiar la realidad nacional con un acto mágico. Muchas veces caemos en la trampa de la luminosidad de los fuegos artificiales. Podríamos quedarnos con que el Bicentenario de la Independencia es una excusa para enfiestarnos. Pero en realidad, la propuesta en esta ocasión, aquella que pretendo formular en el presente texto, es para que veamos el bicentenario como el resultado de una serie de actos individuales que dieron lugar a la realidad que poseemos ahora. Nuestro festejo de los 200 años es la suma de todos los festejos que año con año se fueron sumando a nuestra cultura nacional y a su vez, la suma de todos los actos de todos aquellos que año con año fueron construyendo la Patria que quisieron. Buena o mala, ya sea que lo hayan visto o no. En esta ocasión tenemos la oportunidad de echarle un ojo y hacernos conscientes de esto.
Nunca habrá rutas establecidas ni determinadas de antemano. Siempre se podrá echar a andar por un camino distinto. “No hay camino, se hace camino al andar” decía el poeta, por lo que siempre tendremos entonces un pretexto para hacer algo diferente. Si nuestra realidad es la suma de pequeñas puntadas cotidianas, ¿qué pasaría si día con día comenzamos a hacer algo de manera distinta? La realidad nos indica que se pueden lograr cosas buenas, cambiar aquello con lo que no estamos de acuerdo o bien, en el peor de los casos, hundirnos más en la problemática actual.
Celebrar festejos centenarios y bicentenarios es una excelente oportunidad de ver cómo el paso del tiempo y de cada año va hilvanando un siglo o dos de realidades nacionales. La ocasión es inmejorable, porque cada uno de nosotros tenemos muchas puntadas sobre las cuales volver la vista y analizar cuidadosamente hacia donde estamos caminando.

Conclusión: una puntada más
Realizar un examen propio de los actos que cometemos todos los días no es fácil. Entrarle de lleno a esto resulta difícil, porque a veces es más atractivo dejarnos deslumbrar por los juegos pirotécnicos, la fiesta o el pesimismo de que las cosas no pueden cambiar jamás. Y la enorme tentación de ver la meta tan lejana siempre se presenta, desanimándonos para hacer algo que valga la pena todos los días. A veces se requiere casi “un acto de fe” para creer que las cosas pueden ser distintas. Pero además de la fe se necesita la propia responsabilidad y humildad para aceptar que tenemos que cambiar algo.
La propuesta bicentenaria para el festejo de nuestra independencia en esta ocasión consiste en que volvamos un poco la vista atrás, para darnos cuenta que somos el resultado de una serie de puntadas cotidianas que han tejido la realidad presente. Y que estamos a tiempo – nunca será tarde para decidir estas cosas – para echar a andar por una ruta diferente. La propuesta consiste en ver el Bicentenario desde otra óptica interna. Si cada puntada teje una bufanda de cierto grueso y de determinado color, entonces, ¿cuáles puntadas requerimos para tejer el México, robusto y colorido que estamos deseando? No podemos despreciar ni obviar a cada punto, por mínimo que sea. Tampoco podemos ir más rápido. Si así son las cosas, entonces, manos a la obra.
*Federico Ling Sanz Cerrada es Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y politólogo de carrera por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como asesor en la Secretaría de Gobernación y como Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. También ha sido coordinador de campañas electorales al Congreso. Actualmente trabaja en el Gobierno Federal como Director de Análisis. Ha escrito algunos artículos para la revista “Palabra” de Acción Nacional y “El Cotidiano” que edita la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa. Es columnista nacional del periódico “El Sol de México” donde publica todos los sábados un artículo de opinión política y personal. Aficionado al jazz y al vino tinto, es un fiel creyente del psicoanálisis.
http://federicoling.wordpress.com
Twitter: @fedeling

15 SEPTIEMBRE, 2010
PEPEYo soy grinch del bicentenario, y de hecho me cae gordo que el gobierno haya desperdiciado la oportunidad histórica para hacer algo de provecho con estas simbólicas fiestas patrias. sin embargo, al leer tu artículo me dieron ganitas de poner mi granito de arena para limpiar, o más bien apagar, nuestra casa en llamas.
17 SEPTIEMBRE, 2010
JOSé LUIS ANTóN"puntadas" por esta condición milimétrica, cotidiana, casi imperceptible en el momento, que hilvanan empero una historia común. buena puntada
19 SEPTIEMBRE, 2010
JAIMEPocas veces hacemos un ejercicio de autocrítica, y tienes razón, cosechamos lo que hemos sembrado. es momento que en lo colectivo y en lo individual contruyamos hacia 2050 un méxico mejor, más informado, más educado, más seguridad,menos desigualdad, en conclusión, una mejora calidad de vida para la mayoría. felicidades por la reflexión. excelente.