¿Estrategia? de Comunicación. Algunas consideraciones y una propuesta para que funcione.

01 Septiembre, 2010
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Federico Ling Sanz Cerrada

Escrutinio No. 54

Escrutinio No. 54

Psicoanalizando al Leviatán

Federico Ling Sanz Cerrada*

 

El Presidente Felipe Calderón ha nombrado en días recientes al Dr. Alejandro Poiré como vocero para toda la estrategia de seguridad. Con esta acción ha intentado dar un viraje importante a la estrategia de comunicación gubernamental. El dilema que habrá de enfrentar ahora es el de romper la inercia de los dos primeros tercios de la administración donde la agenda comunicativa se presidencializó casi en su totalidad.

 

Algunos antecedentes

Es importante destacar que la agenda de comunicación del Gobierno Federal se encontraba hasta cierto punto estancada; especialmente en el tema de la seguridad, donde había un número importante de frentes abiertos, de canales de comunicación establecidos (formales e informales) y de información asimétrica, en el sentido de que no existe un flujo claro y continuo sobre el tema, o bien tampoco era abordado de forma integral. Ante tal déficit, el Titular del Ejecutivo Federal ha hecho un movimiento interesante al nombrar a un vocero. Sin embargo, se debe decir que no es propiamente con la creación de un vocero la manera en que habrá de resolverse el déficit del que estamos hablando. Si los problemas de la agenda de comunicación no van en solitario y presentan matices de diversa índole, entonces se requiere una estrategia clara, eficaz y sobretodo integral para corregirlo.

 

Primero. La creación del “vocero de guerra”.

Cuando la comunicación falla, tiene problemas de origen y de fondo y no transmite el mensaje que desea, equivale a que entonces, no existe la misma. Si la comunicación es mala o no sirve, entonces, no es comunicación. En todo caso habrá una serie de malas interpretaciones, de informaciones que fluyen sin sentido ni objetivos y mucho menos habrá precisión en aquello que se quiere transmitir. Si la idea es precisamente modificar en los ciudadanos ciertas percepciones a través del proceso cognitivo de la comunicación, y ésta falla, entonces, no solamente no podremos corregir las fallas en las percepciones, sino que además, estaremos creando aún más confusión en las personas.

En cierta medida esto es lo que estaba ocurriendo con los mensajes del Gobierno Federal en torno al tema de seguridad. No había una estrategia definida para comunicar el mensaje preciso. Los canales de comunicación oficiales eran hechos menos por los informales (como los trascendidos en la prensa) y el mensaje estaba o totalmente presidencializado o pulverizado en una infinidad de actores que solamente estaban desgastando la agenda pública del tema. La creación de un “vocero de guerra” puede generar el canal de comunicación eficaz que permita una buena comunicación y el posicionamiento adecuado del tema entre la población. Al final del día sirve como para-rayos, es decir, focaliza la agenda, emite mensajes claros, absorbe la tormenta comunicativa del asunto y la conduce hacia la tierra donde habrá de tomar otros rumbos.

 

Segundo. El timing. Forma y frecuencia de la comunicación.

La gran ventaja de contar con un vocero es que la comunicación puede mejorar en términos de tiempos y formas. No es lo mismo salir y reaccionar ante ciertos hechos en materia de seguridad con uno o dos días de retraso, que asumir un papel proactivo y generar contenidos y notas desde antes, tratando de adelantarse a los hechos. De esta forma se puede mejorar mucho el proceso mediante el cual se lleva a cabo la comunicación. Cuando un vocero asume la responsabilidad de informar puntualmente, siempre podrá tener herramientas a su alcance como la manera de comunicar. Si lo hace de forma breve o abundante, o lo hace de forma inmediata o retrasada, seguramente será de forma intencionada y con un propósito claro. El timing juega un papel relevante para la comunicación y a veces dice mucho más que el mensaje mismo. En este orden de ideas se aplica la máxima del viejo político que dice “la forma es fondo”. Si el mensaje no dice totalmente lo que se debe o puede decir, la forma de emitir el mensaje lo puede completar. En este sentido, el factor de tiempos, formas y frecuencias puede ser un mensaje mismo, igualmente poderosos para efectivos comunicativos y para aquella  percepción que se busca generar en la población.

Fotografía: Presidencia de la República

 

Tercero. El uso de la comunicación oficial.

Hemos visto una infinidad de ocasiones los trascendidos en columnas y periódicos que adelantan la información oficial que sería dada a conocer después. ¿De qué sirve que el Presidente salga ante los medios de comunicación para emitir un mensaje a la nación, si ya todo mundo sabe lo que va a decir? Y peor si lo saben por medio de fuentes no oficiales, trascendidos o chismes políticos. La información en materia de seguridad, dado que es un tema bastante delicado, no puede fluir por dichos canales. Requiere todo el peso de la seriedad, la contundencia y la exclusividad y no acepta otra forma como medio. En este sentido se hace indispensable que la comunicación fluya a través de un vocero institucional que pueda satisfacer todas las demandas de información. Puesto de otra forma, “la satisfacción del demandante evita la – infidelidad – para que busque otras fuentes donde satisfacerse” Y ese punto lo encontrará en el “vocero de guerra”.

 

Cuarto. El uso de indicadores para medir las cosas

Hasta la fecha no se han utilizado los indicadores para medir los asuntos públicos y se ha basado todo en la mera percepción del “círculo rojo”, tanto en sentido positivo como negativo. Si dicen que las cosas en México están muy mal, lo hacen apoyando toda su hipótesis en su propia percepción. Esto no quiere decir que esté equivocada, pero resulta mucho más certero utilizar indicadores confiables. Cuando el Gobierno Federal desmiente dichas versiones lo hace con el discurso, pero a veces no ofrece indicadores más audaces para que sean éstos los que hablen, más allá del discurso. Los duelos discursivos entre percepciones para ver quién tiene la mejor, o la más acertada es algo profundamente estéril. No conlleva ningún tipo de ejercicio que parta de los puntos de realidad más sólidos. Si estamos a punto de afirmar algo sobre la situación en México, que al menos podamos sostener nuestros dichos de acuerdo con nuestra realidad propia, sin asumir costos que no nos corresponden o bien, sin eximirnos de la propia responsabilidad. Como lo anterior es tan complicado de juzgar, para eso utilizamos los indicadores que además, constituyen una fuente legítima de medición para todos.

 

Quinto. Estrategia integral y rumbo definido.

De poco o nada sirve hablar de seguridad si no hablamos además de empleo, de educación, y de tantos indicadores de desarrollo humano que van de la mano con el asunto de la Seguridad Pública. Mientras el nivel de empleo siga cayendo, las condiciones socioeconómicas empeoren y la educación siga siendo de pésima calidad, será complicadísimo hablar de mejoras en el largo plazo y de profundidad en asuntos que atañen a la Seguridad. Conforme esos indicadores no ofrezcan muestras sensibles de que las cosas pueden marchar hacia otro lado, será terriblemente difícil corregir el rumbo. De igual manera sucede si no se tiene claro hacia donde queremos caminar. La certeza en la definición del rumbo es algo definitorio en las estrategias actuales. En la medida en la que sepamos hacia dónde queremos transitar, será mucho más sencillo ponerse en marcha.

 

Los riesgos

La estrategia planteada anteriormente puede enfrentar intensos forcejeos si no se toman en cuenta dos factores clave que podrían influir de manera negativa en la toma de decisiones cotidianas: el primer riesgo proviene de la posibilidad existente de mantener la agenda pública presidencializada en torno al tema. Es decir, tener a un “vocero de guerra” pero negarse a utilizarlo como canal de comunicación para “no bajar el nivel” y seguir manteniendo la presidencialización del asunto. Esto generaría enormes costos – incluso mayores – porque además, la situación se volvería más vulnerable. El otro riesgo que se corre es que se hegemonice el discurso en torno al tema (ya no la figura) y entonces se monopolice con el asunto de seguridad. Llegado a un punto donde solamente se habla de seguridad y combate a la violencia, la gente deja de escuchar y se vuelve en contra. Por ello la importancia de saber a dónde vamos y qué estamos haciendo para conseguirlo.

 

Conclusiones

La estrategia de comunicación del Gobierno Federal en torno al tema de seguridad y combate a la violencia no está dando los resultados esperados. La percepción en la población sobre el asunto es francamente mala y no creen en los resultados que se ofrecen todos los días en medios. Probablemente se deba a una estrategia de comunicación totalmente desvinculada y con graves fallas estructurales. El nombramiento del vocero para asuntos de seguridad pretende remediar dicha falla canalizando y focalizando en él toda la comunicación del tópico en cuestión y busca hacer el proceso mucho más fluido. En este sentido, tiene el reto de blindar los flujos oficiales de información, ofrecer datos duros e indicadores y complementar la estrategia con los multiples temas que atañen al asunto, como el empleo, la economía y la educación. No obstante, por su parte, el Titular del Ejecutivo tendrá el difícil reto de dejar que toda esa comunicación fluya por el canal que él mismo estableció y tendrá que complementar los temas con todos los asuntos que naturalmente deben hacerlo de forma integral. De otra forma será una estrategia fallida.

 


*Federico Ling Sanz Cerrada es Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y politólogo de carrera por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como asesor en la Secretaría de Gobernación y como Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. También ha sido coordinador de campañas electorales al Congreso. Actualmente trabaja en el Gobierno Federal como Director de Análisis. Ha escrito algunos artículos para la revista “Palabra” de Acción Nacional y “El Cotidiano” que edita la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa. Es columnista nacional del periódico “El Sol de México” donde publica todos los sábados un artículo de opinión política y personal. Aficionado al jazz y al vino tinto, es un fiel creyente del psicoanálisis.

http://federicoling.wordpress.com

Twitter: @fedeling

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