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Receta bicentenaria: un poquito de justicia con una pizca de ciudadanía
Escrutinio No. 54
Escrutinio No. 54
Lorena de la Barrera*
La señora, madre de familia busca con angustia a su hijo adolescente detenido por agentes estadounidenses en la frontera, al preguntarle porqué lo detuvieron, la señora contesta: “lo detuvieron por traer un poquito de droga”. El ejecutivo conduce por vías rápidas del Distrito Federal y le aplican el alcoholímetro; tras ser enviado a la barandilla, se le pregunta porqué está ahí: “por un poquito de alcohol en la sangre mientras manejaba a un poquito de exceso de velocidad”. Y así, como espiral este “poquito” de ilícito va escalando a toda la estructura socioeconómica. Al servidor público lo suspenden, porque se robó “un poquito de presupuesto público”. En entrevista a un connacional homicida recluido en una prisión estadounidense, dice estar ahí por “por hacer un poquito de daño”, el señor ahorcó a su esposa y arrojó el cadáver en el desierto. Los altos mandos también aportan sus raciones en esta receta nacional, un poquito de desvío de recursos por aquí, un poquito de tráfico de influencias por acá.
Para un país que auto justifica sus crímenes, faltas y pecadillos con "un poquito" de mal, para una sociedad que se miente a sí misma, temerosa a la diversidad, al otro, al marginado y a la realidad, nada mejor que un "UN POQUITO DE BICENTENARIO". Para una ciudadanía que no se ha involucrado en 100 años, para una sociedad civil que no ha querido despertar, para gente que tolera la corrupción y el crimen y que no denuncia abusos de derechos humanos, ilícitos y todo acto castigado por la ley. Pero no puedo ser parcial y confundir “justos por pecadores”, si la analogía católica me lo permite, hay mucha gente que es consciente de que la pobreza no se acaba al bajar el vidrio y regalarle piadosamente 5 pesos al lava vidrios, que el hijo no deja de drogarse porque se le suspenda la mesada. Hay gente con iniciativa, con compromiso y con vocación que no lavan penas a medias, que enfrentan sin máscaras la cruda realidad urbana y rural del México actual. Profesores, voluntarios, gente que educa, que nutre, que brinda oportunidades dignas. Y no hago referencia a la campaña mediática de Televisa para ponernos una máscara ahora color amarillo con rayitas anaranjadas, sino a los actos cotidianos, constantes y valientes de mexicanos que creen en un país mejor y actúan en consecuencia. Porque si los hay y deben ser reconocidos.
Es injusto que mientras se nos pide hacer un esfuerzo especial para salir de la crisis, por “unirnos como mexicanos contra la delincuencia” o por celebrar las fiestas patrias, ha quedado al descubierto que hay cotos vedados de discrecionalidad e impunidad en los cuales corren ríos de dinero a disposición de funcionarios y altos mandos: nada nuevo. Por eso, el discurso oficial para combatir a la pobreza y sacar a México de la recesión en la que se encuentra suena hueco. No todos jalamos parejo. El peso de la crisis y la miseria la soportan como de costumbre en América Latina, los pobres y la clase media, mientras que la alta burocracia y los grandes empresarios no pierden empleos ni dejan de ir a la escuela, ni ven afectada su calidad de vida. Esto no es ni poquito justo, ¿cierto?
Un acto indebido no se soluciona mirando hacia otro lado, el crimen no se soluciona creando guerras, la violencia no se soluciona con violencia. Ayer en la noche, tras la coronación de la segunda reina de belleza mexicana, alguien tuiteaba: “Felicidades México! tienes lo que te mereces: una reina de belleza. País de máscaras, de fachadas que esconden la putrefacción nacional” (sic).
No es cuestión de pesimismo, es una cuestión práctica y mundana: preguntemos a un niño en edad escolar su definición para dos palabras clave en este asunto. Martín, de 3° de primaria, ¿qué es para ti corrupción?, segundos después sin asentir ni castigar preguntemos y, ¿qué es para ti la justicia? Les aseguro que la definición de corrupción la tendrá fresca, viva, ejemplificada en lo que vive, en lo que escucha y lee. En cambio, para la justicia me encantaría saber que es lo que se imagina por justicia, al menos, por descarte con la primer pregunta no podrá nombrar a los cuerpos policiacos del país.
En este circo de la pseudo guerra contra el narcotráfico, lo primero que hay que hacer es evitar que los mexicanos sólo tengan al narco como su salida natural para poder seguir comiendo, que los sembradíos ya no den amapola o mariguana sino maíz, calabaza, frijol, chile, etc. Ingredientes cada vez más escasos de la dieta nacional (y que suponen una remuneración raquítica).
Y si tenemos tanto crimen y falta de justicia social, se debe a que nuestro poder judicial no sirve a la gente, no tiene poder coercitivo, y no asegura ni imparte justicia. Es decir que es un órgano atrofiado del sistema democrático mexicano. No es que haya necesidad de ejemplificar o defender este punto, los linchamientos de los últimos años tiene cabida porque el Estado no cumple con la parte de justicia que le corresponde, y como una sociedad primitiva, donde el contrato social es roto, la gente se defiende y aplica la justicia bajo la Ley del Talión y con sus propias manos.
Definición de Justicia
Muchos en Twitter reclamaban lo justo, como es que el Presidente FCH le dedica unos minutos a felicitar a la recién coronada Miss Universo Mexicana 2010, pero escatima el tiempo para atender a los padres de familia afectados en el penoso caso del incendio de la guardería ABC.
Como súbditos gobernados por el gobierno mexicano estamos secuestrados (ya no solo por la injusticia sino por la violencia), desde que esta batalla contra el narcotráfico empezó, ya que el estado se empezó a debilitar, a caer al fondo de un abismo, como proa post naufragio mirando el fondo del océano desde la superficie. La ciudadanía (o mejor dicho, el pueblo…) forma parte de una sociedad así, atada de manos, dependiente del capital ilícito, con recesión económica, y sobre todo con la incesante demanda de droga en 3,600 kilómetros fronterizos.
Justicia viene del latín “Iustitia” y es una de las cuadro virtudes cardinales, la responsable de otorgar a cada quien lo que le corresponda o pertenezca, basada en el derecho, la razón y la equidad. En México, esta utopía se ve lejos, ya ni siquiera hablando de la equidad sino meramente del bien común y no es cuestión del color del partido en el poder, no es que el PAN no pueda con el paquete, porque el PRI sufrió una erosión importante con los múltiples narco asesinatos hacia el final del siglo XX que no lo exonera tampoco.
Según los teóricos de la justicia, ésta se basa en dos fundamentos, el cultural y el formal. El fundamento cultural de la justicia está basado en el consenso de la sociedad sobre lo bueno y lo malo. Evidentemente tenemos una crisis de valores. El fundamento formal es el que se encuentra en disposiciones escritas, bajo la custodia de jueces y magistrados que se encargan de aplicar estas normas en la práctica. Evidentemente sufrimos un déficit en el aparato formal de justicia.
Bien, pues si le preguntamos al mismo niño Martin, de 3° de primaria sobre sus aspiraciones cuando sea adulto, puede contestar que tiene una gran vocación para ser sicario, que desde los 3 años practica el tiro al plexo solar de sus hermanitos y que ya está ahorrando para comprar su primera pistola. Esta es la realidad y la escala de valores (o falta de ellos) o antivalores en ciudades fronterizas del norte del país.
Y cuando no es este grado extremo de violencia (pero no por eso menos cotidiano), tenemos el cuento de los changos que son puestos en un cuarto cerrado con una escalera al centro como parte de un experimento. En la cima de la escalera se encuentra un penca de plátanos. Los científicos descargan un chorro de agua helada cada vez que algún changuito intenta escalar la escalera y conseguir los plátanos. Así, cada que un changuito intenta subir la escalera es atacado por el resto de los changuitos forzándolo a mantenerse hambreado y “a salvo” entre el grupo desnutrido. Los científicos, avanzan a la segunda fase del experimento, ahora reemplazan un changuito y meten un simio al cuarto. El grupo de changuitos, menos fuertes pero más numerosos, bajan a golpes al simio que intentaba conseguir su alimento. Los changuitos son reemplazados uno a uno por simios. Los científicos han dejado los plátanos en la cima, y ya no suministran agua helada cuando alguno intenta escalar. A pesar de esto, los simios se atacan unos a otros cada que uno intenta escalar. No hay nada ni nadie que les evite subir, ya no hay agua helada; los simios nunca fueran bañados con agua helada. Y aún así, evitan que alguno de ellos llegue a la cima y alcance los plátanos.
De representar esta fabula anterior a la sociedad mexicana por un lado, y por el otro lado, al definir a la justicia como lo que cada quien merece…unir los puntos ya no resulta una cuestión filosófica sino una necesidad y al mismo tiempo una autocrítica para abrir los ojos. Si esta alegoría es válida para la sociedad mexicana y la justicia se define como lo que cada quien merece, la realidad nacional, desde una perspectiva autocrítica nos llevaría a las siguientes preguntas: ¿Tendremos entonces el tipo de justicia o injusticia que merecemos? ¿Que tipo de receta queremos, qué platillo necesitamos? ¿Queremos llegar a la penca de plátano o seguir con un poquito de apatía, miedo, represión, marginalidad?
Y más aún, ¿cómo dosificar las raciones de justicia, ciudadanía, o justicia social por querer ponernos más gourmet?

*Lorena de la Barrera es candidata al grado de Maestra en Administración Pública y Políticas Públicas por la Universidad de Carleton, y por el Tecnológico de Monterrey. Cuenta con experiencia de campo en temas migratorios y especialización en relaciones gobierno-sociedad civil.
Twitter: @LoreDelaBarrera
