Felipe Calderón y la Caja Negra: otro enfoque para el Gabinete.

20 Julio, 2010
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Federico Ling Sanz Cerrada

Escrutinio No. 52

Escrutinio No. 52

Psicoanalizando al Leviatán

Federico Ling Sanz Cerrada*

 

Imaginemos, por un momento, que pudiéramos conocer a fondo las razones para designar a los nuevos integrantes del Gabinete, y el procedimiento para llegar a tal conclusión. ¿Qué pasaría si aquellas teorías que hemos elaborado sobre los cambios presidenciales están equivocadas?

 

Un cuento para empezar

Había una vez un joven, de entre 25 y 30 años, que trabajaba en la Cámara de Diputados. Su carrera política ya había iniciado desde algunos años atrás y como parte de su crecimiento profesional mudó temporalmente sus aspiraciones al Congreso Federal. En el Parlamento fue encargado por su jefe – quien presidía una comisión, de esas que se especializan en algún tema en particular – para fungir como coordinador de la misma. Solamente tenía a su cargo a una brillante asesora, porque no había presupuesto para contratar a más personas. Por lo anterior, decidió reclutar a dos jóvenes que hicieron su servicio social en la comisión. Tiempo después, su asesora renunció porque había aceptado otra oferta laboral en el Gobierno Federal. Y este joven pudo contratar entonces a sus dos becarios. Tiempo después, cuando la legislatura terminó, el joven, a través de otros contactos profesionales consiguió un trabajo en la misma institución que su antigua asesora, pero en otra área distinta. Solamente se encontraban para beber café “espresso”. Cuando hubo cambios en el área de ella, en su empleo actual, esta brillante mujer propuso a uno de sus antiguos becarios, quien después de un largo proceso, ocupó el puesto. El joven, no obstante, ahora tenía a dos amigos en otra área de la misma institución con quienes no trabajaba, pero seguía tomando café. El joven, aunque quería hacer más, lo único que logró desde su posición fue ayudar a su antigua secretaria que ahora era de nuevo su secretaria. Solo faltaba el otro antiguo becario. El día que este último visitó a su antiguo jefe en esta institución, se oyó decir a algunos: “el joven está re-armando a su equipo. Ya se trajo a todos y está concentrándolos de nueva cuenta; mira que llevárselos a todos es complicado, pero lo está logrando…”

 

Una posición más simple que la de “El Padrino”

Nada más erróneo en el cuento anterior que la figura del líder – cual película de “El Padrino” – conformando a un pequeño batallón de fieles seguidores. Totalmente equivocado. Las relaciones humanas no son así; al menos no siempre. Los factores que llevan a tal o cual persona a determinadas posiciones en la política, a veces tienen que ver con algún conocido, pero generalmente son situaciones multifactoriales, especialmente poniendo énfasis en aquellas que pesan sobre la mente de quien está tomando la decisión final. Un buen contacto político es, sin duda, valioso y hasta necesario, pero también hay otras razones que poco a poco comienzan a tomar relevancia en la política: la capacidad de la persona para asumir las funciones, su habilidad de trabajar en equipo, sus aspiraciones económicas y profesionales, y hasta sus propias circunstancias personales o familiares, todas ellas, jugando un papel fundamental en la decisión final de quién es la persona idónea para ocupar una posición. En todo caso, el universo de personas que se conocen entre ellas tiene cruces en diversos sentidos y los contactos de uno no necesariamente son los del otro y puede haber conexiones inimaginadas.

 

El enfoque sistémico. La Caja Negra

David Easton, entre otros, propuso diversos marcos conceptuales para realizar análisis político. Uno de ellos es la “Teoría de Sistemas”, donde concibe al gobierno como un ente opaco que tiene entradas (inputs) y salidas (outputs). Las entradas pueden ser demandas o peticiones ciudadanas y las salidas pueden ser políticas públicas, por ejemplo. En el proceso, las decisiones se llevan a cabo en la “caja negra”. Y precisamente la característica principal es que no se puede conocer desde afuera la manera en que se toman las decisiones al interior – porque es opaco – y lo único que se puede juzgar es el resultado.

De tal manera podríamos decir que, en la historia del joven anteriormente descrita, la gente solamente juzgó por los resultados que había – el joven volviendo a conformar y concentrando de nuevo a su equipo – sin detenerse a pensar cómo se habían procesado tales cosas: el interior de la caja negra permanecería sin conocerse, salvo para aquellos involucrados. El resto se quedaría con una impresión errónea de lo que realmente había sucedido.

Lo mismo puede acontecer con los cambios del Gabinete del Presidente Calderón. El Presidente recibe inputs, que pueden ser las presiones mediáticas, la urgencia de resultados de gobierno, las diferencias internas de sus colaboradores, la presión de la oposición, etc. Todo lo anterior para realizar cambios en el Gabinete. Y ofrece outputs, que son lo que ya conocemos: los nuevos integrantes de su equipo presidencial. Pero, ¿cómo llegó el Presidente a tales conclusiones?

 

¿Y si las teorías esbozadas hasta la fecha son erróneas?

¿Qué pasaría si aquellas teorías, algunas sumamente elaboradas y complejas, otras más simples, fueran erróneas?, ¿qué sucedería en la mente de los analistas políticos si llegáramos a descubrir las verdaderas razones de por qué el Presidente Calderón tomó las decisiones que tomó? En este caso, la toma de decisiones y el procesamiento de las mismas se llevaron a cabo dentro de la Caja Negra Presidencial. El equipo cercano en “Los Pinos”, así como el Gabinete Legal, tiene conexiones específicas y contactos con el propio Titular del Ejecutivo Federal. No obstante, no son las únicas y pueden existir otras razones que desconocemos hasta el momento. ¿Qué pasaría si estamos equivocados?

Gerardo Ruiz Mateos, Fernando Gómez Mont y Patricia Flores Elizondo. Foto: Cuartoscuro

 

Un escenario no pensado

Existen muchas cosas que desconocemos acerca de cómo el Presidente Calderón tomó su decisión para hacer los cambios. Pero, ¿qué pasaría si hubieran sido los propios actores quienes solicitaron el cambio?, ¿nos consta que todo esto es parte de una jugada maestra para lograr algún objetivo en particular? Evidentemente le consta a poca gente. Incluso los mismos interesados no revelan toda la verdad entre ellos mismos o con su jefe. Todos presuponemos que esto es parte de un plan integral para operar cosas específicas y conseguir una meta determinada. Pero también podríamos tomar en cuenta que no necesariamente las cosas son así. ¿Cuántas veces hemos actuado por razones que parecían las indicadas y son otros factores los que nos orillan a optar?, o bien, avanzando en un escenario alterno, imaginemos que el Presidente está dudando de los cambios que hizo; porque todos damos por supuesto que él fue muy firme y concluyente en sus decisiones, pero, ¿y si ya se arrepintió?, ¿si la reacción ante sus opciones no es la que esperaba y ahora quiere volver a hacer cambios, pero ya no puede; al menos no, sin dar la impresión de inconsistencia e inestabilidad?. Supongamos que Fernando Gómez Mont realmente quería irse. ¿Fueron los motivos del Presidente, los del propio ex Secretario, los de los colaboradores de ambos, o los de la prensa y la opinión pública los que motivaron su salida?, o ¿una combinación de todos los anteriores? Y ¿si no fue ninguna de esas?, ¿o una extraña mezcla de razones, unas más débiles, otras más fuertes, otras sin mucho sentido, pero que combinadas dieron origen a esto?

Bruno Ferrari, Francisco Blake y Gerardo Ruiz Mateos. Foto: Cuartoscuro

 

Conclusión

Al final del día resulta importante mencionar que no estoy proponiendo las razones reales por las que el Presidente tomó la decisión que todos conocemos al realizar cambios en su equipo cercano de colaboradores en la Presidencia de la República, o bien, con algunos miembros del Gabinete Legal – Gobernación y Economía específicamente – sino que invito al lector a reflexionar que muchas veces tenemos una percepción errónea de las verdaderas razones por las que lo hizo. Se habla mucho del desgaste político de los actores en cuestión, se habla también de la falta de interlocución del antiguo Titular de Gobernación, de la falta de experiencia para el ramo económico del antiguo Secretario de la materia, o bien, de los dilemas internos que enfrentó el equipo cercano del Presidente en “Los Pinos”. No obstante, valdría la pena tomar en cuenta – como propuesta de análisis político para el lector – otros factores importantes: las prioridades del gobierno del Presidente, el carisma y la psicología propia de los actores en cuestión, el entramado profesional o la relación personal de unos con otros. La invitación es para que, como en el cuento del joven en el Parlamento, podamos aventurarnos a pensar incluso en las cosas menos convencionales. Después de todo, los resultados, y las salidas hablarán mucho del proceso. Conocer la “Caja Negra” del sistema presidencial resultaría un lujo. Y tal vez una lejana pretensión. O quizá no.

 


*Federico Ling Sanz Cerrada es Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey y politólogo de carrera por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como asesor en la Secretaría de Gobernación y como Secretario Técnico de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. También ha sido coordinador de campañas electorales al Congreso. Actualmente trabaja en el Gobierno Federal como Director de Análisis. Ha escrito algunos artículos para la revista “Palabra” de Acción Nacional y “El Cotidiano” que edita la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa. Es columnista nacional del periódico “El Sol de México” donde publica todos los sábados un artículo de opinión política y personal. Aficionado al jazz y al vino tinto, es un fiel creyente del psicoanálisis.

http://federicoling.wordpress.com

Twitter: @fedeling

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