Cuando la política se cimbra... La desaparición de Diego

19 Mayo, 2010
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Héctor Alejandro Quintanar Pérez
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Escrutinio No. 49

 

Diego Fernández de Cevallos: parte de la élite política

La clase política mexicana resiente los temblores que ella misma  generó. Acostumbrada a  vivir encumbrados y encerrados en sus privilegiadas esferas, los males de la gente de a pie (pobreza, inseguridad, desigualdad, etcétera) no les hacen mella. Quizá acaso por eso, en un verdadero efecto mercurio, se encierran en sí mismo a la hora de  preservar sus canonjías. Grupúsculo cerrado el de la clase política mexicana, que se enquista cada vez más, mientras acrecienta sus prebendas a costa, como siempre, del malestar de los demás.

Común es que en nuestro acongojado país impere el desempleo (y el Gobierno colabora con este mal, por ejemplo, al echar a la calle a 40 mil electricistas y desaparece la empresa pública donde laboran); pan nuestro de cada día es el baño de sangre  -dizque "guerra" contra el crimen organizado- donde mueren inocentes (como en Minas de Salvárcar o los retenes militares);  cosa colectiva es que la zozobra y la pena  sean los factores dominantes en la mayoría de los  habitantes de este país.

Pero los mexicanos  de cúspide,  quienes detentan el poder económico y político, rara  vez se ven sometidos a los males que ellos mismos, con su mala función pública, propician. Resguardados en sus trincheras, asemejan a una partida de pirómanos que, a salvo en algún lado, observa con fruición las consecuencias de sus destructivos actos. 

Ajenos  a los achaques nacionales,  y de hecho indolentes ante ellos,  los políticos  se aseguran, en lugar de resolverlos, de  engrandecer la brecha que los separa de la ciudadanía desprotegida y  mayoritaria, al buscar el beneficio individual  y sectario, al tiempo que riegan unas cuantas migajas a sus electores en pos de guardar las apariencias.

No en balde somos uno de los países más corruptos en el mundo- sólo detrás de Nigeria-, y uno donde los privilegios de los políticos profesionales son ilimitados. No en balde somos uno de los terruños más desiguales en el universo, donde  millones no tienen qué llevarse a la boca y al mismo tiempo  comparten nacionalidad con el hombre más rico del mundo.  No en balde la Torre de Marfil  de las minorías se vuelve cada vez más alta y brillante, pero ese brillo, lejos de relucir, enceguece a nuestros dirigentes y funcionarios, que no son capaces de mirar hacia abajo y velar por aquellos que dicen representar.

Por eso cuando mueren 49 niños en una guardería por la negligencia criminal del Instituto Mexicano del Seguro Social todo queda impune. Por eso cuando son asesinados decenas de jóvenes en la frontera en "fuegos  cruzados", todo queda en agua de borrajas, y nada pasa. Por eso cuando un gobernador poblano -peón de un empresario pederasta-manda perseguir a una periodista y le arremete, nada le pasa, vive tranquilo y se da el lujo de imponer a su delfín en las elecciones venideras (como el góber precioso, Mario Marín). Por eso cuando se gestan fraudes electorales y elecciones de Estado (como en 1988 y 2006), se finge demencia de manera generalizada en las altas esferas, y todo sigue igual.

Pero, ¿qué pasa cuando uno de los políticos más poderosos del país se baja de su nube, pone los pies en el México real y es víctima de una "desaparición"? El aparato estatal se vuelve loco y esmera sus herramientas a la localización del mismo porque es uno de los personajes más ricos de México, fue candidato presidencial en 1994, enarbola a la facción más conservadora y retardataria del país, fue el más  acérrimo defensor de la Ley Televisa, pactó con el tricolor cuando éste era Partido de Estado para que la oposición no ganara en 1988, lidera junto con Salinas de Gortari a la camarilla de políticos que desde 1982 tiene en sus garras a México: el PRIAN. 

Se trata de Diego Fernández de Cevallos, uno de los sujetos más corruptos del país. El mismo que litiga en contra del Estado, el que se hizo de diversas propiedades de manera turbia, que aprovecha el tráfico de influencias para enriquecerse, actúa como abogado particular y como funcionario para acrecentar sus arcas, el que ha sido acusado una y mil veces de defender a narcotraficantes, el que le ha declarado la guerra a la tolerancia al ser un misógino empedernido y un homofóbico recalcitrante. 

A pesar de su currículum -o acaso  gracias a él-, Fernández de Cevallos ostenta redes de poder muy altas en el actual gobierno. Peón del mismo es el procurador Arturo Chávez, y, más señaladamente, su socio y pupilo funge como secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont. Qué  tan servil y acorralado estaba el gobierno calderonista que no tuvo más remedio que recurrir a sus adversarios al seno de su mismo partido para lograr "gobernabilidad".

Por eso no es casual la desaparición de Diego. Menos aún cuando  hace menos de un mes su adlátere Gómez Mont  decía que la "guerra" contra el narco continuaría porque él "se sentía seguro" y que "los cobardes mueren mil veces y los valientes una". ¿Quiere seguir siendo valiente ahora, señor Gómez Mont? ¿Su Jefe Diego lo es aún?

En países como el nuestro, donde se deifican a los individuos y se  relegan las instituciones, éstas continuarán al servicio de la élite, pues encontrar a Diego será un problema nacional. Como si su sola  aparición indicara que la "guerra" se ha ganado. En un país pacífico y democrático, cualquier ciudadano vive tranquilo y seguro. Aquí, ni siquiera los encumbrados se dan ese lujo.

Por eso  el infortunio de uno significará un cambio para todos. El replanteamiento de la "guerra"  y los modos de vivir de la "clase política" es un hecho venidero. Porque cuando a los gigantes con pies de barro les mancillan sus debilidades, se cimbran y caen como lo que son: castillos de naipes, sostenidos sólo por la fuerza de nuestra indiferencia.   

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Comentarios

  1. 1

    19 MAYO, 2010

    ROCíO

    Excelente artículo, muy claro el análisis. sigan siendo tan buenos como siempre, un saludo a todos los que dan vida a escrutinio

  2. 2

    19 MAYO, 2010

    HéCTOR A.

    Gracias rocío por la lectura y, sobre todo, por tu mensaje. saludos.

  3. 3

    19 MAYO, 2010

    ANGEL ANGUIANO

    Preciso y conciso como siempre doc! un abrazo.

  4. 4

    20 MAYO, 2010

    MONICA CRUZ

    Muy buen analisis, como siempre un placer.

  5. 5

    20 MAYO, 2010

    RAFA

    Que tal:

    mucho se ha dicho sobre el caso diego y poco se sabe, en realidad la incertidumbre aun no tiene rumbo ni dirección, lo cierto es que la clase política se ha estremecido, pero más allá de lo consabido, es un revés a la lucha contra el crimen -muy bien organizado-. lo triste es que por encima de la desaparición de diego, hay quienes manifiestan la sobrevaloración de los esbirros políticos como si fuese gracia procurarles su integridad. ¿qué no son ellos los que a bien fraguado tienen que procurar dicha acción?.

    felicidades muy buen texto.

    sin más por el momento reciba un cordial saludo.

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