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La consolidación del miedo en México
Escrutinio No. 48
Escrutinio No. 48
Alfredo Peñuelas Rivas
El miedo es el más peligroso de los sentimientos colectivos.
André Maurois
“Sólo corren peligro los que tienen miedo”, con estas palabras encabeza sus ocho columnas La Jornada el 25 de abril de 2010, el autor de semejante declaración es el Licenciado Fernando Gómez Mont, famoso litigante y encargado de la política interna de nuestro país. Lo dijo durante una conferencia de prensa para expresar el luto de la administración de Felipe Calderón por el asesinato de policías en Ciudad Juárez, y de civiles y escoltas de la secretaria de Seguridad Pública de Michoacán, Minerva Bautista Gómez.

Fernando Gómez Mont. Secretario de Gobernación
Reforma tenía como titular lo siguiente: “La creciente ola de inseguridad que vive el País ha hecho que los negocios relacionados con seguridad privada, blindaje de autos, seguros, sistemas de localización satelital y chalecos antibalas registren un crecimiento sin precedente”, con lo que a juicio de las palabras de Gómez Mont habría muchísima gente en peligro en México y con una escalada importante en lo que a la dotación del miedo se refiere.
Por su parte Felipe Calderón, presidente de la República, declaró al inaugurar la 35 versión del Tianguis Turístico en Acapulco, Guerrero que su gobierno logrará “los estándares de seguridad aceptables para nuestras familias y para quienes nos visitan”, ¿Cuáles son los estándares “aceptables” en materia de seguridad para un país donde el propio Gobierno ha reconocido que, durante la presente gestión, ha habido más de de 22,700 muertes relacionadas con el crimen organizado?
Los mexicanos nos hemos acostumbrado en los últimos años a llevar la cuenta de los ejecuciones, a que la nota diaria sea nota roja, antes reservada para diarios de corte amarillista como Alarma o La Prensa. Todos los días aparecen cuerpos decapitados, noticias de ejecuciones y también cae un temible narcotraficante o sicario buscado por la DEA, la INTERPOL, la CIA y, ¿por qué no? la PGR, con un sobrenombre ridículo que parecería que los criminales son bautizados por el Perro Bermúdez.
Somos espectadores de una guerra que no pedimos y de la cual se nos quiere convencer no sólo de nuestra solidaridad obligatoria, sino de la inminente muestra de triunfo que es tener un recuento de bajas superior a la de países con guerras verdaderas como Irak o Afganistán. Las autoridades encargadas de esta supuesta guerra en voz del propio Felipe Calderón han minimizado los hechos afirmando que sólo 10% de las muertes han sido de civiles inocentes, el resto de criminales. Si eso no es para ocasionar miedo, entonces ¿qué es lo que deberíamos de sentir?
Gómez Mont afirma que no tiene miedo, que se siente a salvo. “yo me pongo enfrente, protejo a los míos, estoy dispuesto a sacrificarme por lo que quiero y a encontrar la paz en esa lucha”, afirma entonando la voz con su manera característica y engolando su oratoria mientras lanza una mirada retadora a los interlocutores, a pesar de que el evento en el que se encuentra es el enésimo del año en el que tiene que presentarse a ofrecer disculpas o condolencias por los saldos en lo que él y lo suyos han denominado “guerra”.
¿Cuánto nos cuesta a los mexicanos el valor y la gallardía del Secretario Gómez Mont? Ni la Secretaría ni el IFAI dan los datos precisos al respecto, contestan con un elegante oficio que dice: “basta señalar que proporcionar el número de elementos de seguridad y los gastos generados, pondrían en peligro la vida o la integridad física del personal adscrito a esta oficina, toda vez que generaría vulnerabilidades y multiplicaría las oportunidades de perpetrar atentados, con alta probabilidad de resultar lesiones o muertes, tanto de los elementos de seguridad como del mismo Secretario”.
Quiénes hemos tenido la oportunidad de colaborar en eventos donde estará presente el Presidente de la República conocemos muy bien de los aparatosos operativos orquestados por el Estado Mayor Presidencial que se convierte en amo y señor de las voluntades de todos los involucrados, se vuelven expertos en video, prensa y hasta maquillaje y jardinería con tal de cumplir la tan anhelada seguridad del funcionario en cuestión. Así resulta muy fácil gritar valor a los cuatro vientos.
Uno de los ejemplos es Baja California, una de las entidades más golpeadas por la llamada guerra contra el narcotráfico. Con datos del semanario Zeta, esta seguridad es muy fácil de afirmar si atendemos a las cifras en dinero y gente que los funcionarios del gobierno ocupan para su protección personal. De acuerdo a citas oficiales existen siete mil 79 policías. Considerando una población de dos millones 844 mil 469 bajacalifornianos, la estadística indica que hay un agente del orden por cada 401 habitantes.
La desolación en materia de procuración de seguridad es evidente. Sin embargo, los principales funcionarios en materia de seguridad, acaparan a 108 policías, entre municipales, estatales y militares para integrar sus respectivas escoltas. Son los privilegiados del sistema. Estos seis funcionarios en promedio, tienen cada uno a 18 policías exclusivos a su servicio y protección diaria. De su vida, de su casa, su oficina y sus vehículos. En total, de acuerdo a los datos obtenidos de nóminas oficiales, la seguridad de estas seis personas le cuesta a los bajacalifornianos dos millones 124 mil 435 pesos al mes. 25 millones 493 mil 220 pesos al año. Sin embargo, quienes pagan esos servicios son el resto de los bajacalifornianos que padecen en el día robos, asaltos, secuestros, ejecuciones y amenazas.
El último año la llamada guerra ha tenido otros objetivos preocupantes entre los caídos en tal lucha que han formado parte de los llamados “daños colaterales”: estudiantes, niños, madres y hasta personal consular de Estados Unidos se han contabilizado recientemente, que ni la deben ni la temen y tuvieron el poco tino de estar entre la línea de fuego de los sicarios y fuerzas federales.
Si esto no es suficiente para causar miedo, quisiera saber que si lo ocasionaría. Estas lamentables muertes han provocado casi cualquier cantidad de diarrea verbal por parte de los encargados de dar la cara y opinar en estos casos (que casualmente son los mismos que conducen los destinos del país). La última perla de estas explicaciones viene de parte de Gómez Mont durante el mismo evento. Según titular de Gobernación, el atentado contra Bautista Gómez y el asesinato de policías federales en Ciudad Juárez se explica porque cada vez son menos los miembros del crimen organizado. “Sí, ha cambiado la dinámica de la violencia. Los inventarios de personas y sicarios que tiene la delincuencia se han ido reduciendo de manera notable y están tratando de dirigir su capacidad de fuego a lo que más le temen en este momento: la autoridad.”
Atendiendo a lo que publicado en Reforma otro de los saldos de la inseguridad está en su impacto en la economía nacional. El propio gobierno reconoce que el costo de la inseguridad frena el crecimiento del país en un 1% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, cerca de 9 mil millones de dólares, pero un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula ese costo en casi 15% del PIB: alrededor de 130 mil millones de dólares.
Esa cantidad, según el estudio Violencia en América Latina, epidemiología y costos, se integra por costos directos e indirectos. Los primeros son los relacionados con pérdidas materiales y en salud sobre el bienestar de la sociedad, e incluyen contratación de servicios de seguridad privada, guardias, escoltas, equipos de seguridad y primas de seguros. Los indirectos se reflejan en la disminución del bienestar por pérdidas en productividad, inversión y oportunidades de consumo, como las inversiones y el turismo que no llegan al país por la inseguridad y una calificación con mayor nivel en el índice de riesgo-país.
Según el estudio, el costo de la inseguridad en México (14.8% del PIB) es superior al promedio de América Latina, de 14.2%, y sólo lo supera Colombia, con 24.7%. El argumento principal de las empresas es que el Estado no garantiza la seguridad pública.
Según Arturo Arango, investigador de seguridad pública en México “entre otras causas es porque no se combate al crimen de manera adecuada, sino sólo con medidas reactivas, sin incluir acciones de prevención”.
Según otros estudios, la llamada seguridad, o la falta de miedo a la que se ha de referir Gómez Mont, es un gasto que ocupa el 12% del monto de ventas para empresas del país, según señalan estudios del sector privado.
La pregunta es, ¿quién se está beneficiando con estos números? ¿A quién beneficia el terror? ¿Por qué el secretario se siente capaz de afirmar que no debemos de tener miedo y, por el contrario, concluye que “sólo corren peligro quienes tienen miedo; el cobarde muere mil veces, el valiente sólo una”? En un gobierno que se ha distinguido por contestar de manera casi inmediata todo lo que aparece en los medios y que ha utilizado con ligereza la palabra “guerra” llama poderosamente la atención que no se utilice la palabra “terrorismo”. ¿Es acaso terror y no miedo lo que los mexicanos debemos sentir ante la violencia o debemos de hacer de los muertos, decapitados y ejecutados nuestro paisaje cotidiano como quién se acostumbra a ver salir el sol Señor Secretario?

