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Paulette: Cuento de hadas para no dormir
Escrutinio No. 46
Xochitl Pimienta
La noche transcurría como cualquier otra. Una cena ligera. El rito de la pijama, lavarse los dientes. Tal vez un cuento de hadas y un beso de buenas noches. Hasta ese momento todo era rutina.
Como cada noche, los párpados empezaron a cerrarse más y más. El sonido exterior cesó, los músculos del cuerpo se relajaron y, finalmente, cada una de las células de su cuerpo sucumbió a esa presencia tácita y reconfortante del sueño.
Todo en la habitación era penumbra y silencio. Las sábanas rozaban delicadamente una piel suave y nueva, ávida de aprender a través de sensaciones, porque hasta entonces era el mejor modo de aprender.
De pronto, todo cambió: el aire tibio y liviano que circulaba acariciando sus mejillas se fue volviendo espeso, con una densidad casi irrespirable. Una fuerte presión en un diminuto pecho causaba, dolor y angustia. Un cuerpo que no puede defenderse del ataque inminente, unas manos que no responden, unos labios que no gritan, la impotencia de no poder luchar por lo más esencial que encerraba ese cuerpo: la vida.
Al paso del tiempo, que debe haber parecido inmenso, la poca resistencia de ese pequeño cuerpo cedió por completo. Los músculos relajados de un rostro que ha dejado de existir languidecían en un ser ya inerte.
¿Qué fue lo que pasó esa noche? ¿Cuáles son las circunstancias o el contexto que ocasionaron una conducta de esta naturaleza? ¿En qué mentes se gestó un agravio tan bajo?
¿Cuál es el papel de los medios de comunicación en esta situación? ¿Por qué tantas contradicciones?
De las autoridades no quiero hacer ningún comentario, por que me parece ocioso: todos pensamos lo mismo.
Quisiera pensar que todo se va a aclarar, que sabremos quién fue el culpable, que se consignará a los responsables y que el caso de Paulette no será uno más al que se le da carpetazo. Sin embargo, viene a mi cabeza la muerte de otros inocentes, los que hace diez meses murieron en Hermosillo.
No hay más, sólo silencio. Un silencio no de un minuto, sino de horas y días. Un silencio de impunidad y de dolor. Un silencio que calla en vez de dejar escuchar, silencio de dolor, silencio de muerte.


07 ABRIL, 2010
JAIME HERNáNDEZPuro alardeo en los medios de comunicación y en las autoridades, y ningún resultado. es deprimente observar la forma como responden. excelente texto. felicidades a la articulista.