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Entre la fascinación y el riesgo
Escrutinio No. 37
Escrutinio No. 37 | Lunes 9 de noviembre de 2009 [b]Christian Ascencio[/b] El tránsito de lo riesgoso a lo fascinante o, mejor dicho, a la fascinación, es un salto cultural: un vértigo que viene desde el precipicio moral y cae en los ojos abiertos del alpinista. Algo no muy distinto ocurre con la muerte. La muerte, pese a la exaltación de la racionalidad o del ateísmo moderno, sigue siendo un espectáculo tan macabro como placentero. Hablando del placer morboso que se experimenta frente a la expresión anónima del límite, de ese dejar de ser. No se filosofa desde la muerte. Sería mejor decir que la pérdida de la vida, es causa suficiente de filosofía. Es la muerte quien obliga a la reflexión. Mientras se cierran los ojos de los muertos, se abren exorbitadamente los de aquellos que nos quedamos fuera, en el silencio de la aporía, forzados a pensar, a reconocer el misterio. México ocupa, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el séptimo lugar en muertes asociadas con accidentes automovilísticos. Dentro de esta clasificación, la mayor incidencia es por la combinación entre el manejo con exceso de velocidad y el consumo de bebidas alcohólicas. El programa “Protejamos a nuestros jóvenes”, impulsado por la Procuraduría capitalina y diversas organizaciones de la sociedad civil consiste en una caravana con pancartas exigiendo que se restrinja la venta de bebidas alcohólicas a menores y se visualicen las consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol. La muestra: un coche chocado en forma brutal. También acude gente de la organización “Convivencia sin violencia”, y se ha abierto la línea ciudadana 55-33-55-33 para denunciar cualquier anomalía de los diferentes establecimientos destinados a la venta de bebidas embriagantes. Así, el fierro retorcido, la distorsión del automóvil, la desfiguración de las formas que nos incita a pensar en la persona atrapada, o quizá el cuerpo sin vida, entre el volante y las puertas, en el medio de transporte que se torna un arma mortal; o bien la agonía, el brazo atrapado, la circulación interrumpida que dará lugar a la amputación, es el mensaje directo de la prohibición: “si bebe no maneje”. La exhibición del coche chocado es también la exhibición de la muerte, el miedo destinado a crear conciencia social. Ese chantaje de lo posible, del accidente probable, que se asemeja al de las personas reunidas en un esquina, observando con fascinación morbosa el cuerpo sin vida en el laberinto de la lámina afilada, de las llantas distantes, y el olor de la explosión que se avecina en la llama. Veremos si la fascinación es un buen chantaje a la conciencia, o si se queda en el terreno de la fascinación morbosa, de la expresión “qué madrazo”, frente al coche chocado que se exhibe… y después el brindis por estar vivos, y una vez más el manejo insensato de automóviles, poniendo en riesgo a quien bebe y a quien no lo hace. Y la fascinación de lo posible que aún pensamos: el placer morboso del riesgo.
