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Los guerrilleros de la UNAM
Escrutinio No. 36
Escrutinio No. 36 | Lunes 26 de octubre de 2009. En marzo del pasado 2008, Televisa tuvo a bien emitir un programa de Eugenio Derbez –"Derbez en cuando"-, que presuntamente es cómico, en su horario de la tarde. Sorpresivamente, el contenido del mismo era ajeno al contexto que se vivía: Derbez y su equipo de seudo-humoristas hacían mofa de los estudiantes de la UNAM durante el álgido año de 1999, cuando estalló la huelga en protesta por la intensión del entonces Rector de la Universidad, Francisco Barnés, de imponer cuotas. Parecía un error la programación de Televisa, puesto que la mayoría de los “chistes” dentro del programa no tenían ya vigencia y hacían escarnio de un movimiento estudiantil del cual difícilmente se acordaría a detalle el grueso de los televidentes. ¿Cuál era el sentido de retransmitir tal episodio nueve años después de la huelga? Si bien es cierto que la técnica del refrito y el plagio son señas de identidad en Televisa –lo cual no habla nada bien de sus insípidos y obtusos creativos-, la reproducción total de un programa ya caduco asemejaba simplemente a una táctica de relleno. Pero entonces llegó la epifanía. Días antes de la retransmisión se había desatado el escándalo debido a que el presidente Álvaro Uribe había bombardeado territorio ecuatoriano (Sucumbios)con la presunta finalidad de acabar con un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (las FARC). En ese terruño hubo varios mexicanos que, lamentablemente, fallecieron. Una de ellos sobrevivió: Lucía Morett, estudiante de la UNAM. Los políticos más atrasados e ignorantes de México embistieron contra Morett, a quien acusaban –sin más pruebas que rumores y falsedades- de terrorista, guerrillera, narcotraficante y todas esas linduras aprendidas fehacientemente de los libretos de los republicanos fascistas de Estados Unidos (preocupados ellos por imponer gobiernos afines a sus intereses y derrocar a dirigentes antiimperialistas como Hugo Chávez). Carlos Mota –analista económico del periódico Milenio- no tardó en sacar el cobre: con base en la tragedia vivida por Morett, decidió sugerir que los estudiantes de la UNAM –principalmente los de Filosofía y Ciencias Políticas- no sólo no tenían elementos para triunfar profesionalmente, sino que su única vocación era la guerrilla. Entonces, embonó a la perfección la retransmisión de Televisa: ante la necesidad del principio propagandístico de orquestación, urgía dar el mensaje de que, en efecto, la mayoría del estudiantado de la UNAM es haragán y revoltoso, con más proclividad a unirse a la violencia que a ser alguien de provecho. Estos y más prejuicios prevalecían en el contenido del programa de Derbez. Ante la importancia de la UNAM, esas campañitas de difamación deberían apuntarse en los anales del folclor y en los anecdotarios mexicanos. Pero desafortunadamente vivimos en un país donde comentarios insulsos hacen mella y pueden tener como consecuencia el detrimento de los recursos de la Máxima Casa de Estudios. Ésta se gana todos los días el reconocimiento internacional y consolida su prestigio como institución científica y difusora de la cultura. No obstante, cada año el gobierno le reduce recursos. ¿Alguien se lo puede explicar? Hace poco corría un famoso correo electrónico –de esas insoportables “cadenas”- que tenía la peculiaridad de hacer campaña negra contra la UNAM, ya no sólo contra su cuerpo estudiantil, sino contra la totalidad de la institución, al considerarla “una carga económica improductiva” y un semillero de “valores negativos”. Si nuestros dirigentes políticos fueran extensos de miras, los ciudadanos no tendríamos de qué preocuparnos ante la propagación de mentiras como las que entrañaba el correo de marras. Pero infortunadamente la “clase política” es propensa a basar sus criterios en prejuicios. Ahí está el caso del diputado panista Raúl Padilla, quien dolosamente argumentaba en 2006 la disminución de recursos a la UNAM por “ser de baja calidad”. Hasta el entonces Rector Juan Ramón de la Fuente tuvo que ir a san Lázaro a regalarle a este señor un libro sobre la universidad escrito nada menos que por Gómez Morín, el fundador del PAN. Hoy, los guerrilleros de la UNAM han dado muestra de su talante violento y perezoso al ganarse el Premio Príncipe de Asturias 2009 y enquistar de nuevo a su escuela entre una de las mejores del mundo. José Narro, actual Rector, recibió el premio de forma decorosa: hizo saber que los países que no invierten en ciencia y educación están condenados a la maquila y a la mediocridad. La pedrada iba dirigida, claro está, al gobierno calderonista, el cual, en el supuesto caso de que haya entendido la indirecta, o al menos escuchado, seguramente hará mutis y ninguneará al rector, que lleva semanas emitiendo férreas críticas no sólo a la disminución de recursos a la institución académica, sino al sistema económico imperante. El gobierno mexicano sólo tiene oídos para escuchar las loas que le lanzan quienes hoy se vanaglorian de la supresión de Luz y Fuerza del Centro y que olvidan, en su desmedida alegría, el pesar por el que pasarán las miles de familias cuyo sustento estribaba en la labor de dicha empresa.