Simulacro y Simulación

07 Octubre, 2009
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Escrutinio No. 35

[b]Christian Ascensio[/b] A las 10:30 am en punto se escuchó la alarma sísmica, ese sonido insistente que inquieta en la simulación, y desespera en los hechos; suponiendo que funciona. Poco más de veinticinco minutos tardó el desalojo de la Torre Mayor en Reforma. Son raros los temblores que duran más de un minuto. La recomendación emitida por Protección Civil fue cancelar la evacuación después de los cinco pisos, y aconsejar el repliegue. El simulacro como medida de control “si se encuentra en lo alto no intente salir”. Más de cinco millones de personas participaron en el Macro simulacro organizado en recuerdo del atroz terremoto de septiembre de 1985. Pocos recordaban; sin embargo, que la mortandad tan elevada de dicho movimiento telúrico fue menos por la protección civil –inexistente, ciertamente– que por el deterioro de las construcciones. La lección no se ha aprendido. Basta caminar por las calles cercanas al metro Chabacano, seguir por 20 de Noviembre, caminar el primer cuadro: Izazaga, Regina, Eje Central Lázaro Cárdenas, República del Salvador, Uruguay, Perú, Brasil, Donceles, etcétera; para notar la inestable arquitectura circundante. No hace falta ser un experto para entender las grietas, el desnivel, el descuido. El primer cuadro es una gigantesca ratonera, donde salir de un edificio implica entregarse a las calles que, en caso de sismo, agitarían masas compactas de metal mortífero. Conviene por supuesto, ya en actitud hipotética, no mirar hacia lo alto donde faroles y anuncios, antenas y cables; parecen aún más temibles que el choque incesante de edificios, semejantes a pequeñas placas tectónicas artificiales. La tranquilidad en los rostros de las secretarias, la impaciencia de los ejecutivos, la paz reinante del conocimiento de la farsa: un sismo de 6.9 grados richter inexistente. Quienes en otro momento rezarían, ahora ríen; quienes correrían desesperados: no corren, ni gritan, ni empujan. No se escucha el rumor de los fantasmas. Se olvida la arrogancia gubernamental -en 1985- ante la ayuda internacional, pues “México se basta solo”. No se siente el rumor de la bota militar bloqueando a los cuerpos de rescate internacionales, a los voluntarios deseosos de una vida, de un cuerpo. No se escuchan las respiraciones de quienes –como en la peor pesadilla de Allan Poe– fueron desgastando día tras día su aliento: los sepultados vivos. Las grietas que quisieran hablar, las vecindades hacinadas, los edificios que exigen demolición: el centro histórico del 85, el de ahora. La violencia natural que derrumbó a una dictadura, no logró la revisión de las construcciones; incluso las viviendas de interés social –creadas para los damnificados- son más inseguras que los albergues. Dos minutos y veinte segundos tardó la última persona en salir del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, reunidos en una explanada sin riesgo alguno, observando los tres pisos del edificio que parecen indestructibles… la paz de la simulación. Posdata (cambiando, sin cambiar de tema) Y un simulacro ante la posible irrupción de fanáticos y criminales en puntos estratégicos como las líneas de mayor conexión del STC –como el metro Balderas-; en el Aeropuerto Internacional, en las embajadas y en las plazas públicas ¿no seria buena idea?
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Comentarios

  1. 1

    10 OCTUBRE, 2009

    ANA FELKER

    La doble mirada: quien caminó entre los escombros siendo un niño y ahora recuerda el investigador.

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