Inundaciones en la Ciudad de México: el mercado El Volador
Si caminamos por la calle de Corregidora en el Centro Histórico de la ciudad, empezando desde la plancha del Zócalo, podremos ver con claridad edificios neo-coloniales como lo son el del Gobierno de la Ciudad, claro está el Palacio Nacional y un edificio que desentona arquitectónicamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Si ponemos atención nos daremos cuenta que ese sitio es un rincón histórico en términos espaciales, antes de esa construcción estuvo el edificio del mercado El Volador y mucho antes la Plaza con el mismo nombre. Un Sitio que constituyó el corazón de las actividades comerciales y de abastecimiento para la ciudad moderna de la época colonial.
Las predicciones de catástrofes no se hicieron esperar y pronto las inundaciones aparecieron recurrentemente(1), lo que hizo necesario la adecuación en la altura de las casas y banquetas, sobre todo en la entrada. Esta es una experiencia histórica de adecuación del espacio público como medida contra las inundaciones en la Ciudad de México.
A finales del siglo XVIII, el mercado de la plaza mayor era insuficiente para albergar a mas comerciantes, y a tantos más productos, aunado a esto los regateros(2) provocaban inseguridad en los compradores así como la sobreutilización de las acequias provocaba la inmundicia y desorganización del tránsito por estas avenidas acuáticas.
Era necesario pues, tomar las decisiones adecuadas para administrar este comercio de manera que se ejerciera de manera funcional y con una mejor dirección, sobre todo para higienizar la ciudad, y ordenarla. Así el Segundo Conde de Revillajigedo ordena la concentración de mercados y comerciantes para tener control absoluto del comercio y para cobrar los impuestos de manera más eficiente.
De esta manera se traslada el mercado de la plaza mayor a un rincón del centro de la capital, aproximado a la acequia real, en un lugar donde ya se ejercía el comercio pero de forma atomizada. Así nace el mercado de El Volador ubicado enfrente de la Universidad, en la esquina del Edificio de Gobierno para una mejor vigilancia y para comodidad de los habitantes de la ciudad y teniéndolo cerca.
Esta plaza de El Volador debe su nombre a que en ese lugar se llevaba a cabo el antiguo juego del volador de fascinación mexica, el dueño de la plaza era el Marques del Valle de Oaxaca, Duque de Terranova y Monteleone quien arrendó el lugar al Barón de Santa Cruz Representante del ayuntamiento de la ciudad en Noviembre de 1789 por cinco años y por 2500 pesos anuales, de esta manera se limpio el lugar, se arreglo y se acondiciono para ejercer el comercio e incluso para llevara a cabo corridas de toros para las ocasiones especiales como la llegada o nombramiento de los virreyes, la entrada a la plaza se empedró y enlosó, se acomodaron cajones y tringlados de madera que más tarde constituirían un peligro por los incendios que su deterioro ocasionaba.
Debido a fallas en la administración y en la dirección de este mercado se hizo necesario un reglamento general de los mercados y mercaderes, que se llevó a cabo en noviembre de 1791 por el intendente Bernardo de Bonavia, para el “buen funcionamiento y orden del mismo” que constituye un punto de referencia para el estudio histórico de los mercados.
Así se constituyó el principal centro de abastos de la ciudad de México después del de la plaza mayor y el de Tlatelolco en la época de la colonia, al que le seguiría el de La Merced ubicado en el antiguo convento del mismo nombre, y el de otra plazas como el “mercado de San Juan uno de los más amplios y más concurridos, el de Loreto en la plazuela del mismo nombre”(3) , el de Santa María la Redonda que venía de la calzada de Guadalupe, el de Jesús, Sta. Catarina y Cruz del Factor.
La experiencia histórica de esta crónica da cuenta de los esfuerzos gubernamentales y de la sociedad de comerciantes por escapar a las catástrofes que representan las inundaciones en el Valle de México. Una experiencia que no debe soslayarse en tiempos de inundaciones.
[b]Fuentes:[/b]
(1)Contreras Bustamante, Raúl. La Ciudad de México como Distrito Federal y Entidad Federativa, Historia y Perspectiva. Editorial Porrua. México. 2001. Pág. 12
(2)Los regateros eran personajes que especulaban con las mercancías, las compraban a precios bajos en las afueras, las introducían a cualquier costo al mercado y las revendían no importándoles los elevados costos y ni la calidad del producto, esto iba en detrimento de los consumidores pro lo que se prohibió esta practica en febrero de 1541 desde el cabildo.
(3)García Cubas, Antonio. Geografía e historia del Distrito Federal. Colección facsímiles. Instituto Mora. México. 1993. Pág. 85.

21 OCTUBRE, 2009
CRISTYNAEsta muy concreto es lo que buscaba thankiuuu ose las divinas somos lo mas coll peek a doo