Honduras: Los sonidos del silencio

09 Septiembre, 2009
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[b]Christian Ascensio[/b] José Miguel Insulza, presidente de la OEA, celebró la resolución estadounidense de no reconocer al ganador de las elecciones convocadas por el gobierno golpista de Micheletti a realizarse el próximo 29 de noviembre. La respuesta norteamericana al conflicto en Honduras es, sin embargo, tardía. Desde el pasado 28 de junio, fecha en que el presidente electo Zelaya fue depuesto, el Departamento de Estado ha procurado extraer la resolución de manos de la OEA –la cual ha logrado una unidad latinoamericana sin precedentes en torno al repudio del golpe y la exigencia de restitución al presidente Zelaya- confiándola al presidente costarricense Oscar Arias, mediante el “Acuerdo de San José.” El plan no fue aceptado por Micheletti pero su discusión le ayudó a ganar tiempo para organizar unas nuevas elecciones y procurar el desgaste de los partidarios zelayistas. Pero la persistencia diplomática de Zelaya, la resistencia de una gran parte de los hondureños frente al golpe y la opinión internacional, han obligado a que Washington determine su postura. La respuesta del gobierno de Barack Obama, a través de Hillary Clinton, ha provocado reacciones diversas: mientras la interrupción a la ayuda económica por 30 millones de dólares a Honduras es vista como una tibia respuesta, el compromiso norteamericano de desconocer al ganador en las elecciones de noviembre se percibe como esperanzadora. La respuesta del gobierno de Micheletti ante las sanciones no se hizo esperar: Norman García, empresario y ex ministro de industria y comercio, anunció una reunión con las 62 organizaciones del consejo hondureño de la empresa privada con el fin de integrar un plan para contrarrestar la suspensión de ayuda impulsada por Washington. Gabriela Nuñez, ministra de finanzas del gobierno de facto, dijo por su parte que el recorte perjudica principalmente a programas de apoyo al campo, y que se procurará reducir su impacto con medidas de austeridad. La reacción en el plano ideológico fue inesperada, el ministro de la presidencia de Micheletti afirmó que las sanciones dan cuenta de un acercamiento entre Barack Obama y Hugo Chávez que favorece a “la expansión marxista en Centroamérica y en toda América.” El discurso, sin embargo, es menos claro que el silencio. Washington no ha confirmado que el gobierno de Micheletti sea un “golpe de Estado”, por lo cual no están obligados a retirar su apoyo militar. La interrupción del envío de 30 millones de dólares parece irrisorio ante los 163.9 millones de dólares otorgados por el FMI a las reservar hondureñas, como parte de un programa del G20 para enfrentar la crisis mundial. Por último mientras el Departamento de Estado asegura desconocer las elecciones, Oscar Arias ha declarado que éstas serían válidas, ya que en otras épocas han servido para resolver crisis políticas en regímenes dictatoriales. A ese respecto el Movimiento Candidatura Independiente Popular ha anunciado su retiro de dichas elecciones, ya que consideran que no estaría garantizada la transparencia que requiere un sufragio democrático. Por otra parte, este sábado Brasil suspendió los acuerdos de supresión de visados que, desde 2004, mantenía con Honduras; incluso los visados diplomáticos. Así, mientras Zelaya continúa sus visitas por el continente, habrá que permanecer pendientes de la postura norteamericana, en sus declaraciones, sus acciones… y sus silencios.

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