El Caldazo. La Sucesión en el PAN

28 Julio, 2009
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Héctor Alejandro Quintanar Pérez
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En las reglas no escritas del otrora Partido de Estado, el Revolucionario Institucional, se asentaba la injerencia total que tenía el presidente en turno en la vida interna del tricolor, al grado que aquél podía imponerle a éste al candidato presidencial que, dadas las circunstancias, fungiría de sucesor en el cargo.

Acción Nacional criticó, entre otras muchas cosas, esa intromisión presidencial, puesto que los asuntos partidistas debían mantenerse ajenos a la conducción presidencial, so pena de evidenciarse el ánimo faccioso del titular del ejecutivo. El presidente le la República, decía el blanquiazul, es un representante de todos los mexicanos, no un defensor de intereses partidarios, y por ende debía legar al partido del que emanó simple y llana autonomía.

Pero el poder a los inteligentes atonta y a los imbéciles envilece. Tras nueve años de haberse enquistado en la máxima magistratura del país, el panismo ha demostrado su veloz y voraz disposición para aprender las mañas y corruptelas del priismo de antaño. No se ahondará sobre los modos viciosos de abusar del gobierno que han llevado a cabo los gobiernos del PAN, donde deben destacarse los usos clientelares de los recursos públicos (como lo hizo Vázquez Mota y Fox en el sexenio pasado); el uso arbitrario de las Instituciones de impartición de justicia (como han hecho los procuradores Macedo, Cabeza de Vaca y Medina Mora); la infame degradación de la política y su debate a marraneros de propaganda (los gastos en espots hechos por Fox y Calderón rebasan el ámbito de la indecencia para adentrarse en terrenos de lo criminal). Pero sí e hablará sobre los hilos que Calderón ha movido, como presidente, para mantener sus manos metidas en la vida de su partido.

En 2005, cuando Fox “gobernaba”, hizo todo lo que a su alcance estuvo para lograr que presidiera el PAN Manuel Espino, un cavernario rupestre y misógino, que enarbolaba los “valores”, o más bien la estupidez, de la ultraderecha mexicana. El presunto panismo “doctrinario” se sintió desplazado por estos arribistas dentro del propio partido que ellos habían iniciado.

No obstante, tres años después, ya con Calderón al frente del aparato gubernamental, el PAN ungió como líder a Germán Martínez Cázares, un jovenzuelo rastrero y abyecto, cuyo único mérito partidario había sido ser un defensor hasta la ignominia de Calderón y sus errores.

El ultraderechismo no cejó al interior de las filas blanquiazules: si bien ejercieron la simulación al pretender que las facciones de Calderón estaban peleadas con las de Espino (a quien en una asamblea panista le gritaron “¡PAN sí, Yunque no!”), lo cierto es que este espacio del espectro ideológico, pragmático como es, juega con fichas apostadas en ambos bandos: tanto espinistas como calderonistas propenden al atraso y cerrazón que destila el conservadurismo extremo. Martínez, luego de pasar unas vacaciones con cargo al erario en el despacho de la Secretaría de la Función Pública, fue señalado por Calderón como el presidente del PAN, para así dar al traste con la presunta autonomía que, según los panistas de otrora, debía prevalecer entre partido y gobierno.

La actuación de este sujeto fue nefasta en todo sentido: nunca nadie pudo pensar que tras el ascenso de un perdulario como Espino pudiera existir un politicastro más intolerable, execrable e imprudente como presidente partidario. El señor Martínez Cázares rompió los pronósticos, pues en su presidencia se echó a andar una andanada verbal sin precedentes contra opositores políticos, y una serie de acusaciones infundadas a adversarios (acusaciones que, inexplicablemente, el chancho Martínez nunca emitió de manera formal como Secretario de la Función Pública).

Mas el agravio mayor no era en sí mismo Germán con sus baladronadas, sino el preocupante hecho de que él, más que de conductor partidista, fungiera de portavoz de Felipe Calderón. De tal suerte que el ánimo faccioso de Germán era, en el fondo, la velada intensión de Calderón de malquistar a medio mundo con tal de ganar unos cuantos votos. En fin, se trataba de prostituir el debate, y los puestos públicos, en pos de la teología electoral.

Ni para pendenciero sirvió Germán: la debacle electoral que sufrió ese partido lo orilló a renunciar a su puesto. Parte de la bofetada simbólica por parte del electorado que recibió este cretino debió doler a Calderón, quien nunca dejó de ser el rostro detrás de las fanfarronerías de Martínez. Tras la salida, se prevé al sucesor: César Nava, cuyo mérito es el mismísimo de Martínez: ser un perro faldero y deleznable de Calderón. Con el agravante de que la corrupción de Nava está bien documentada (los contratos que hizo a favor de su suegro en Veracruz cuando era abogado general de PEMEX son cosa pública).

Bien llena el perfil este pobre diablo para continuar con la línea de los dirigentes panistas: es corrupto, torpe e intolerante. Además, tendrá en sus manos la salvaguarda de la ultraderecha: el padre de Nava Vázquez fue fundador del Yunque en Michoacán, ni más ni menos.

¿Seguirá el señor Calderón fingiendo que entre él y esa secta retardataria hay una distancia insalvable? En el fondo, bien se sabe, son la misma escoria. ¿Qué posibilidades tienen otros panistas de ganarle a Nava? Como aspirantes suenan Gerardo Priego y Javier Corral, quienes desde sus pequeñas trincheras han emitido voces críticas dentro del panismo.

El primero, pese a que no está muy alejado del tenor calderonista, ha manifestado la necesidad de autocrítica en el PAN. Y Corral puede darse por derrotado desde ahora: como él es un hombre inteligente y demócrata (no debe olvidarse que este académico de la UNAM es el más férreo crítico en el país del poder del duopolio televisivo) jamás podría reunir los requisitos necesarios para fungir de alto burócrata de la administración panista: la sordidez, la ambición y la corrupción.

La dependencia partidaria del poderío presidencial es cosa ya establecida en el PAN. En nueve años han aprendido las más procaces podredumbres del priismo; ¿cuáles les falta por aprender en los tres años que les quedan por gobernar?

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